Al borde del abismo

Lobisón

El comienzo del año ha estado marcado por las agónicas negociaciones entre demócratas y republicanos para evitar la llegada del ‘abismo fiscal’: drásticos recortes automáticos del gasto social que, unidos a la no renovación de las exenciones fiscales aprobadas en su momento por George W. Bush, producirían una nueva recesión en Estados Unidos, con repercusiones sistémicas en Europa, China y América Latina.

Lo llamativo del interminable bloqueo de estas negociaciones es la contraposición del pragmatismo dominante en los planteamientos de los demócratas con la posición ideológica de los republicanos. Estos han tratado de convencer al público norteamericano que el problema principal era la deuda insostenible del gobierno, pero a la vez han afirmado que era prioritario evitar que el país cayera en el abismo fiscal. Ahora bien, si el problema es la deuda, el abismo fiscal conduciría a su reducción.

Pero si, como sostiene hasta la exasperación Paul Krugman, la deuda pública norteamericana no es un problema a corto plazo —ya que se financia sin problemas—, la cuestión es que dar prioridad a su reducción conduce a la recesión sin ventajas para nadie. De hecho serían las grandes empresas las que más perderían con la caída en el abismo fiscal. Pero para los republicanos mantener las exenciones fiscales para las rentas altas es una cuestión de principios, y los recortes sociales les parecen, en este contexto ideológico, necesarios y deseables.

Sería largo y complicado explicar cómo se ha llegado a esta situación, cómo el partido republicano se ha ideologizado hasta el punto de poner en peligro el porvenir inmediato del país sobre la base de un hecho falso —el primer problema es la deuda— y de un principio inamovible: evitar que los ricos paguen impuestos. Como se sabe algunos ricos bien conocidos (George Soros y Warren Buffet) han mostrado su desacuerdo con las ventajas actuales de las rentas más altas, pero la ideología, en el caso de los republicanos, parece estar más allá de la lógica y de la ética.

El sistema electoral uninominal norteamericano, envidiado a menudo sin un excesivo conocimiento de sus consecuencias perversas, ha conducido a una fuerte presencia en el Capitolio de los extremistas del Tea Party. Por ello el partido republicano está atrapado hoy en un dilema de difícil solución. Si trata de adoptar posiciones y acuerdos centristas, como desea la mayoría del país, se enfrenta a una fuerte resistencia de su propia derecha. Pero si no lo hace se expone a perder credibilidad entre los electores moderados, sin los cuales ni siquiera los candidatos del Tea Party saldrían electos, ya que, por grande que sea el peso de los electores radicales, puede resultar insuficiente. Las elecciones de 2012 ya han traído un ligero retroceso para los republicanos en la Cámara, incluyendo la derrota de algunos de los candidatos más radicales.

En este sentido, no sólo Estados Unidos y el mundo han comenzado el año al borde del abismo fiscal, sino que el propio partido republicano puede estar al borde de un abismo electoral. Su división en la Cámara de Representantes, donde sólo 85 de los 236 representantes republicanos han votado a favor del acuerdo, presagia una difícil polarización del grupo en el nuevo período legislativo.