ZP traidor

Permafrost La normalidad con la que títulos como éste han adquirido curso legal en sectores no precisamente marginales durante la presente legislatura es sólo un síntoma más de la degradación de nuestro discurso político cotidiano. Por un momento, albergué el ingenuo propósito de hacer un recopilatorio de los esputos verbales más carrasposos obsequiados al presidente del Gobierno por parte de nuestra selecta oposición político-mediática. Dicha empresa se reveló en seguida insensata: ni siete meses como deshollinador de hemerotecas bastarían para pasar del prólogo. Me conformaré, por tanto, con dejar breve constancia de la entorpecedora insistencia con la que al paso de Zapatero se arrojan, como pétalos al César, los cardos de la traición, felonía y demás defecciones.
 
No han sido parcos los notables del PP en estas ofrendas florales, aunque tampoco los más generosos. Muchos recordarán al Sr. Rajoy sancionando el uso consuetudinario del cariñoso apelativo consignado en el título de hoy, al acusar al presidente, en el debate sobre el Estado de la nación de mayo de 2005, de “traicionar a los muertos”. Otros no han dudado en emular este edificante ejemplo desde las filas populares, aplicado con preferencia a los monocultivos de las políticas territorial y antiterrorista. Así, para Del Burgo (El Mundo, 5.3.07), Navarra es “el precio de la traición”, cuando toca hablar de Navarra. Por su parte, el portavoz del PP en el Senado, Pío García-Escudero daba por seguro que Zapatero, antes de acceder al Gobierno, ya negociaba con Batasuna, “y eso se llama traición” (EM, 26.7.06). En febrero de 2006, en el acto de homenaje a Manuel Fraga por su despedida de Galicia, éste afirmó, respecto a España, que “querer romperla es la peor de las traiciones”. El Mundo (26.2.06) describía así la reacción de la audiencia: “La palabra traición -esta vez pronunciada en gallego- se repitió como un eco entre las inacabables paredes del pabellón, después de que el propio Mariano Rajoy atribuyera dicho delito político al Gobierno de España”. Desde los aledaños genoveses, el hombre de confianza del PP en el CGPJ, José Luis Requero, haciendo gala de la prudencia y el comedimiento que su posición institucional de magistrado y vocal le confieren, escribía en La Razón (16.1.06) lo que parece una semblanza del auténtico vendepatrias: “el PSOE es capaz de ceder en cualquier cosa con tal de estar un minuto en el Poder. Ha demostrado con creces que carece de escrúpulos para llegar al poder […]; para servirse de él […], y para retenerlo […]. Por estar un minuto en el poder venden lo que sea, desde el Poder Judicial a la idea de España”.
Pero es entre los periodistas donde esta práctica acusatoria ha alcanzado un singular virtuosismo. Apenas puedo elegir entre la cornucopia de citas, perdonen que vacile… tal vez las siguientes. En su programa de la COPE de 5.6.06, César Vidal, con su acostumbrada cachaza intelectual, declamaba el editorial del día: “Se repite con frecuencia que José Luis Rodríguez Zapatero tiene mucha suerte. Hay parte de verdad en ello. Y es que, si en vez de en la España actual, Rodríguez Zapatero y los que lo respaldan hubieran vivido en la Roma republicana, sus conciudadanos los hubieran considerado traidores a la Patria y, sin dudarlo un solo instante, hubieran ejecutado en ellos la pena que estipulaba la Lex Apuleia de Maiestate.” Que no era otra que la “pena máxima”.
 
El presidente de Libertad Digital, Alberto Recarte, lo tiene también claro (LD, 30.6.06): “El presidente del Gobierno es un traidor” (además de un “mentiroso” y un “cobarde”). En efecto, ZP es un “gran traidor” (Isabel Durán, LD, 25.9.05), un “traidor constante”, en palabras de Enrique de Diego (17.5.06): “Quienes han seguido la trayectoria de Zapatero […] coinciden en destacar en él como conducta constante lo que el común de los mortales conocemos como traición”; “esa costumbre de la traición [es una] especie de segunda naturaleza en él”. Y es que “traición es una palabra que empieza a ligar con Zapatero como pertinaz con sequía” (I. San Sebastián, EM, 1.2.06). Existen también algunas variantes con cierto regusto histórico. Así, por ejemplo, se dice que Zapatero es un “felón” (Losantos, EM, 2.6.06): “Zapatero es el traidor de más categoría, o sea, de mayor entidad, que ha padecido España desde Fernando VII, el Rey Felón” (Losantos, Diálogo en LD, 5.6.06). “Todo gobernante que pone de rodillas al Estado frente al enemigo es un felón. Felonía es alta traición. A Fernando VII le llamaron el rey felón. Los que ahora están en el poder […] ¿Qué calificativo merecen?” (L. Hernández Arroyo, LD, 27.3.07). A veces se buscan símiles más remotos, pues ZP es un “Wellido Dolfos moderno” (De Diego, cit.). “España es sólo un cadáver. […] Ayer, Vellido Zapatero se limitó a votar la traición al pueblo español y la liquidación de España como lo que es: un progre vulgar, un socialista del montón” (Losantos, EM, 31.3).
 
Luego vienen los más técnicos. Recordemos: “felonía es alta traición”. Y, por tanto, ZP es culpable de “alta traición” (Moa, LD, 15.9.05), “si semejante traición no transcurriera al nivel de las alcantarillas” (Losantos, LD, 26.9.05). “Y aunque sea duro decirlo, […] Zapatero está cometiendo alta traición contra unos derechos que él mismo juró defender ante la mismísima Corona” (GEES, LD, 18.3.07). “Zapatero ha quedado retratado ante la sociedad española como un irresponsable, un aventurero y un déspota que no vacila en merodear los predios de la alta traición. Traición a las víctimas del terrorismo. Traición a la nación española. Traición al Estado de Derecho. Traición a todo lo que significa libertad y civilización en nuestra historia” (Losantos, EM, 22.6.06). Y de ello se extraen incluso las correspondientes consecuencias jurídico-penales, ya que el Presidente incurre en un delito “por el que debería ser procesado” (Moa, LD, 15.9.05). “Hablamos de alta traición y de la necesidad de llegar a encausar por ese delito a estos gobernantes” (Moa, 20.9.06). “Un tipo [como ZP] está él mismo […] para ser procesado por alta traición a España y la más baja y rastrera de las traiciones a los miles de familias víctimas del terrorismo etarra” (Losantos, EM, 31.10.06). Hasta el insigne enigmólogo del 11-M, Luis del Pino, se atreve con sugerencias estilo Roldán: “En realidad, sí que existe una salida. Déjame que te la cuente, Zapatero, para que veas que no somos tan malos: aunque te extrañe, todavía quedan países con los que no tenemos tratado de extradición” (8.2.07).
 
¿Y adivinan qué título dio Mikel Buesa a su artículo de 19.1.06 en ABC? Efectivamente, “…El traidor”. Sin designarlo en ningún momento por su nombre, concluía lamentando que el presidente “nos ha traicionado, se ha pasado con todos los pertrechos al campo de los otros y nos ha abandonado convirtiendo en polvo y cenizas el sacrificio de los nuestros. Tal vez crea que así llegará a ser un gran hombre y que la historia le alabará; pero olvida que él sólo tiene un poder efímero y que, por nuestra parte, no cejaremos hasta ver satisfecha la reivindicación moral de nuestro resentimiento.” Y si el custodio del espíritu de controvertido patronímico se apunta al baile, ¿por qué habrían de abstenerse los demás elementos de la terna prodigiosa? Hete aquí que, recientemente, Savater escribía en la página de ¡Basta Ya! un artículo (“Termópilas”) al hilo de la última película basada en un cómic de Frank Miller (“300”), a su vez inspirado en la famosa batalla. Habla de los principales personajes, los heroicos espartanos, el traidor Efialtes, todo muy genérico y sin aparentes imputaciones explícitas, salvo por las casuales referencias a que los espartanos, “afortunadamente, no creían en ninguna ‘alianza de civilizaciones'”. “Eran poco dialogantes aquellos espartanos”. “Si Leónidas hubiera sido partidario de dialogar con Jerjes en las Termópilas, es muy probable que hoy no tuviésemos parlamentos en Europa en los que dialogar civilizadamente…” Y termina rememorando unos versos de Kavafis en los que se acredita el honor que se debe a aquellos héroes, especialmente cuando se prevé “que al fin llegará Efialtes” (recordemos, el traidor), añadiendo, con particular modestia: “¡Que nos lo digan a quienes en el País Vasco pusimos nuestras Termópilas en la defensa de la legalidad constitucional y de España como estado de derecho de todos y para todos!” Uno recuerda cuando Savater escribía aquello de que “varios de quienes no lo vemos todo claro en este asunto no compartimos los planteamientos más truculentos de la oposición” (EP, 8.9.06). Que se lo explique a Rosa Díez, otra experta en desafecciones socialistas, que no parece haber entendido bien al filósofo, pues cita las Termópilas de éste extensamente en su propia columna de 29.4.07 en ABC, para apoyar consideraciones de este jaez: “Asusta que cuanto más evidente es que ETA está reorganizando sus estructuras para matar y señalando objetivos con toda claridad, más laxitud se perciba en el Gobierno y el PSOE. Llega una a pensar que si por estos fuera, en Alemania se permitiría al Partido Nazi presentarse a las elecciones”. ¡Y cosas veredes!: el mismísimo Pío Moa se dejó seducir de inmediato por la prosa de Savater y reprodujo ampliamente en la entrada de su blog de 28.4.07 el referido texto del maestro, bajo el inevitable título de “Zapo Efialtes” (estaba cantado). Pero no acaba aquí la maravilla, no. La entrada del Sr. Moa del día siguiente (29 de abril) se dedica a reproducir íntegramente la famosa carta de Rosa Díez en la que ésta insta a sus “compañeros y compañeras del Partido Socialista” (sic) a salir del armario y decir lo que todos piensan en privado.
 
Qué quieren que les diga, cuando en el plazo de un par de días Rosa Díez cita arrobadamente a Savater y Pío Moa hace lo propio con ambos para señalar la deslealtad de nuestro Efialtes monclovita, me viene a la cabeza lo que Darth Vader, rendido ya al lado oscuro de la fuerza, anuncia al enfrentarse a su antiguo mentor en la Estrella de la Muerte: “The circle is now complete”. Que para el caso puede entenderse zafia y libérrimamente como “cagüentó”, “manda güevos” o “hay que joerse”.