Zapatero y la socialdemocracia

Lobisón

En torno al debate sobre el Estado de la Nación se ha hablado de si Zapatero será visto en el futuro como Adolfo Suárez, un buen gobernante muy maltratado en su momento. No sería raro, porque la derecha les ha aplicado la misma vara de medir: si los de Suárez eran ‘gobiernos de penenes’, los de Zapatero son de adolescentes, según Ana Botella. Ellos, la señora Botella y su marido, sí que son adultos, han hecho oposiciones y saben lo que vale un peine.

Para tener una perspectiva más amplia, conviene tener en cuenta que en general la crisis ha arrinconado a los gobernantes socialdemócratas, comenzando por Gordon Brown, cuya respuesta a la crisis fue alabada por la prensa económica y puesta como ejemplo de gestión audaz y bien informada. Ni penene ni adolescente, en suma. Y de Papandreu, Sócrates y Zapatero se podrá decir cualquier cosa menos que les ha faltado valor para responder a la crisis de la deuda proponiendo una dieta de ajuste que les enfrentaba con sus propios votantes, a diferencia de la irresponsabilidad de sus opositores de derecha.

El problema de fondo es que la crisis de 2008 no ha causado una gran recesión como la de 1929 porque la rápida respuesta de los gobiernos, tras los catastróficos efectos de la quiebra de Lehman Brothers, ha impedido que se produjera una cadena de quiebras bancarias. Pero la consecuencia de ese salvamento de los bancos es que la recuperación está siendo muy lenta, porque los bancos están utilizando la liquidez que les suministran la Reserva Federal y el BCE para recomponer sus balances, no para dar crédito.

Sin crédito para las empresas y los particulares, y con el consumo interno hundido por el paro y la incertidumbre, la recuperación depende de las exportaciones. Alemania, gracias a las reformas de Schröder —que causaron un grave daño electoral al SPD— se ha recuperado con éxito, pero es el único país importante del ‘viejo capitalismo’ que está logrando crecer sobre la base de las exportaciones.

La socialdemocracia de la década pasada estaba más preparada para administrar el crecimiento que para gestionar la austeridad. Además se cometieron errores: en el caso de España no se asumió como prioridad (en el primer gobierno de Zapatero) una reforma fiscal que desincentivara la especulación inmobiliaria —por lo de no matar la gallina de los huevos de oro— y se enviaron señales equívocas, como la devolución fiscal de 2008, que disparó el gasto sin tener un efecto positivo sobre la demanda.

Pero lo fundamental, probablemente, es que para evitar una crisis como la de 1929 entramos en el estancamiento de 2009, y luego el agujero de las finanzas griegas provocó la crisis de la deuda soberana y del euro, el abandono de los estímulos fiscales y el giro a la austeridad, etc. No es demasiado consuelo que la condición para que haya sido así es la falta de un liderazgo europeo por parte de Alemania, ni que casi nadie bien informado discuta que Angela Merkel, la canciller del único país europeo importante que está creciendo, será recordada sin embargo como un fracaso sin paliativos.