Zapatero y la financiación

Millán Gómez

El Gobierno tiene ante sí la ardua tarea de cerrar un acuerdo de financiación autonómica que satisfaga lo máximo posible al mayor número de comunidades. No es un trabajo fácil ni mucho menos. Zapatero tiene que ser consciente de que es prácticamente utópico satisfacer a todos. En los medios de comunicación se utiliza la metáfora del sudoku pero no es del todo acertada porque este juego, aunque tenga mayor o menor dificultad, siempre tiene una solución. Quizás en el tema de la financiación no exista ese horizonte.

 

Si finalmente se cumplen los plazos anunciados por el Gobierno y tenemos un nuevo modelo de financiación, Zapatero podrá respirar tranquilo ya que este debate está ya lo suficientemente manido como para cansar a parte de la opinión pública e irritar a otra tanta. El PSOE entiende que se juega mucho en este ámbito. Tiene la necesidad de ofrecer una financiación que se acepte en comunidades favorables a sus perspectivas electorales como Catalunya y Andalucía pero sin erosionar a las otras. El papel del PP se conoce de antemano. Pase lo que pase anunciará que el Gobierno se ha vendido a estas comunidades, especialmente a Catalunya. En este caso, autonomías con menor renta per cápita como Extremadura serán quienes más protesten y volverán a enarbolar el conflicto entre comunidades como irresponsablemente han favorecido ciertos dirigentes políticos catalanes y extremeños.

 

Si el modelo finalmente propuesto no gusta entre la clase política catalana, el PSOE se vería aún más acorralado en el Congreso de los Diputados. En caso contrario sería más fácil pactar con ERC o incluso CiU (aunque difícilmente) y también se mejorarán las deterioradas relaciones entre Ferraz y el siempre ambicioso PSC. Esta cuestión constituye la verdadera piedra de toque con la que se ha encontrado el Gobierno desde la llegada de la crisis. Por lo menos, hasta los próximos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que se debatirán tras el período estival.

 

En esta materia influye muy directamente la propaganda. El Gobierno tiene un problema de comunicación. No “vende” bien todo lo que realiza. En este caso, deberá actuar analizando hasta el más mínimo detalle si no quiere que la oposición le gane esta batalla y volvemos a las trincheras del primer tramo de la pasada legislatura donde, a ojos del PP, el PSOE sólo miraba para Catalunya haciendo caso omiso de las demandas del conjunto de España. Seguro que lo recuerdan.

 

Una de las mayores virtudes del Presidente Zapatero es su capacidad de diálogo. Esta cualidad resulta más notoria si cabe ante una comparación con el anterior inquilino de La Moncloa, especialmente en su segunda legislatura. Su facilidad para sentarse a hablar con quien opina diferente es una muestra de normalidad democrática y es verdaderamente triste que tengamos que subrayarlo como algo novedoso y no como una práctica común, como así debería ser. Durante estos días han llovido críticas afirmando que Zapatero siempre le dice a todo el mundo lo que quiere oír. Esto es rotundamente falso. Recuerden ustedes la negativa que dio Zapatero a propuestas del líder de la oposición, de dirigentes de la jerarquía eclesiástica, etcétera. La memoria falla interesadamente. Pero las hemerotecas dejan constancia.

 

El modelo de financiación resultante debe intentar contentar a otros. Éste tiene que ser el primer objetivo. Además, la igualdad y la justicia entre comunidades tienen que ser su principal rasgo característico y no por ello dejando de atender a las peculiaridades de cada autonomía. Pero igualmente importante es saber comunicarlo bien a la opinión pública, quien al final valorará en su momento con su voto si el Gobierno central se está comportando como merece con cada comunidad.

 

Zapatero ha demostrado a lo largo de su trayectoria política una gran capacidad para hacer equilibrios y salir indemne de muchos conflictos. Su capacidad conciliadora y dialogante es muy válida en estas condiciones. En la negociación de la financiación deberá cuidar mucho los gestos e informar con franqueza y claridad a la población. Tan importante como los recursos económicos que vaya a recibir cada comunidad es la mano izquierda que demuestre. Además, en una situación de crisis económica este debate es una nueva oportunidad de Zapatero para recobrar la confianza de parte de la población que le ha dado indirectamente la espalda en las últimas elecciones europeas. Es una prueba más en la sucesión de baches de los que deberá salir hasta medirse en 2012 con Rajoy, hoy más afianzado en el liderato de la derecha española tras la victoria de su partido en las europeas y la confirmación de Gallardón, uno de sus posibles sucesores, de que se presentará a la reelección en las municipales de 2011 “de acuerdo con el presidente del PP”.