Yo, mí, me, conmigo

Guridi 

Alberto Garzón y Pablo Iglesias, que tantas miradas seductoras se dedicaban, han roto relaciones. Y la tan anunciada confluencia desemboca de nuevo en división.

A la autodenominada verdadera izquierda le pasa algo muy curioso: están tan convencidos de ser los únicos que tienen razón frente al mundo, que al final se van despachando unos a otros, porque no se concibe que varias personas puedan tener la razón a la vez. Así, hay corrientes, escisiones, refundaciones, movimientos “auténticos”, fundamentalistas que quieren volver a la pureza de los orígenes e integristas que conocen la posición de todas las comas en el Manifiesto Comunista y en los Estatutos de su partido.

La verdad es que el que da más imagen de perdedor en todo esto es Alberto Garzón, que ha dado imagen de ser un auténtico panoli y un eterno pretendiente al que, como en la canción de Krahe, se le queda siempre cara de “gilipó” por un giro en los acontecimientos que no preveía.

En el caso de Pablo Iglesias es más sutil, por no decir que es más hipócrita. Lo que se puede apreciar es que, una vez que las elecciones andaluzas, municipales, autonómicas y catalanas, deberían haberle hecho bajar un poco los humos, lo que se ve es que lo único que hay son eso: los humos. Arrogancia, elitismo de despacho universitario “okupado”, pedantería de niños que creen que nadie más en el mundo ha leído a Laclau y el producto inevitable de tanta endogamia: la hemofilia. Podemos se desangra a través de multitud de pequeños cortes, que no se cierran por la arrogancia de unos académicos mediocres que se creen la élite intelectual europea.

Estos politólogos de beca eterna, que llaman “putas” a los de FAES, pero que olvidan que en su vida han comprado un billete a Caracas, Sucre, Trípoli, Teherán o Quito con su propio dinero. Habló la Tacones, que ha vivido más años a base de fundaciones que el resto del claustro al que critica.

 Por no recordar los innumerables años que Bescansa ha pasado trabajando para Julián Santamaría, interpretando encuestas para los socialistas. El pobre Santamaría más tarde confesaba aturdido que “Carolina siempre me pareció del PP”.

 Por otro lado, en Podemos saben que IU está más desangrada que ellos y en peor situación. De hecho, aunque nadie hable de ello, uno de los motivos prácticos por lo que Podemos jamás irá en la misma papeleta que IU es para no repartir las subvenciones electorales, tal y como la Ley indica que se debe de hacer. Vamos, que Podemos no quiere poner nada de su parte para cubrir el agujero de IU, que suma varios millones de euros.

 Pero lo importante aquí es quedarse solo teniendo razón. Monedero se fue de Podemos para poder darse la razón a sí mismo más a gusto. Anguita no se da de baja de IU y coquetea con Podemos, para poder llamar idiotas a unos y otros y darse la razón a sí mismo. Garzón acusa a Pablo Iglesias de “sólo querer ganar las elecciones”, lo cual indica que él prefiere perderlas… para darse la razón a sí mismo. El subvencionado profesional Juantxo López de Uralde menea su insignificancia de una coalición a otra, encantado de irse con quien quiera que le pague las cenas y se limite a escuchar con educación, mientras él ya se encarga de glosar las loas a su propia persona. Pasando el ticket. 

En IU quieren hacer “entrismo” en Podemos, porque necesitan sus votos y su dinero desesperadamente. Votos y dinero que han pasado de la vieja coalición a los nuevos advenedizos. Los militantes de Podemos se huelen la maniobra, precisamente porque han aprendido en IU (y en el resto de organizaciones de las que les han ido echando) cómo se hacen “desembarcos”, se “vuelcan” asambleas o te haces con el control de una organización mediante el “entrismo”.

Posiblemente, varias asambleas locales de IU se apunen por su cuenta a cualquiera de las múltiples coaliciones de “unidad” y de “convergencia” que surgen a cada página del periódico. Ahora en Común, Ganemos en Común, España en Común, Comunemos, Ahoremos, Podamos. 

Cuanto más se confluye, más se marea uno con la miríada de verbos, conjunciones y adjetivos que definen a pequeños reinos de taifas, donde grises cuadros de partido creen relanzar su carrera al frente de organizaciones diminutas y estrambóticas. Eso sí, cuanto más pequeño es tu cortijo, menos probable es que te quiten la razón. 

Posiblemente, parte de la izquierda que ayudó a traer la democracia con el PCE muera cuando queden dos militantes, uno sea expulsado por el otro, ambos dimitan y los dos se queden dándose la razón a sí mismos. Y apagarán la luz y echarán el cierre dejando dentro a Cayo Lara, que seguirá en estado catatónico. 

La verdad es que la única voz en este gallinero, que clamaba contra egos, “entrismos” y lo absurdo de arrastrarse ante un mezquino como Iglesias, era Gaspar Llamazares. Aunque parece que se ha quedado solo. Pero, ¿sabéis qué? Gaspar sí que tiene razón.