¡Ya estamos de vuelta!

LBNL

Se acaba agosto y volvemos a la normalidad: la oficina, el tráfico, la liga… Mientras nuestros hijos cumplen con la redacción tradicional en el cole contando dónde han pasado las vacaciones, los mayores haremos lo propio delante de la máquina de café o en el bar de la esquina, los más fardando de lo bien que lo han pasado y dejando de lado las incomodidades de la playa (sombrilla, arenas, quemaduras, medusas…) o la montaña (mosquitos, agujetas, mal tiempo…). Tiene que quedar claro que hemos estado en un sitio guay, a muy buen precio y lo hemos pasado fenomenal. 1Sería muy triste enfrentarse a la depresión de la vuelta al curro sin poder al menos alardear de lo bien que hemos utilizado las preciadas semanas de vacaciones estivales!

Hayan sido como hayan sido, lo cierto es que se han acabado y la realidad nos estaba esperando, empezando con el drama de los miles de refugiados sirios, afganos y africanos que consiguen llegar a nuestras fronteras tras innumerables penurias. La tragedia es ya una realidad cercana y, sobre todo, visible porque los ahogados en el mar se quedan en una cifra, con algún efecto cuando es de tres dígitos y todos de golpe, pero los muertos en nuestras tierras, asfixiados en un camión por ejemplo, apelan mucho más a nuestras conciencias. Afortunadamente, porque Siria lleva en guerra ya cinco años y Turquía, Jordania y Líbano están a rebosar de refugiados (¡Casi un tercio de la población en este último país! Y un par de millones en Turquía). En Europa no cabemos todos y no podemos abrir nuestras fronteras de par en par a todo aquél que quiera venir a vivir y trabajar entre nosotros. Pero tenemos el deber – y también la obligación legal según el derecho internacional – de acoger a quienes huyen de una situación de guerra que pone en grave riesgo su vida. Y si nos cuesta demasiado dinero, pongamos los medios para acabar con los conflictos que les expulsan de sus casas.

Debemos hacerlo, también por la cuenta que nos trae porque los fuegos en Siria, Irak y Libia, son un poderoso acicate para el radicalismo islamista y en España sabemos bien lo trágico que puede llegar a ser. Tras el 11-M, hemos tenido la suerte que otros, Francia en particular, no están teniendo últimamente. Y va a ir a peor porque Daesh – el arrogántemente auto-denominado Estado Islámico – va a tardar un tiempo de desaparecer. La coalición internacional que les bombardea diariamente está haciéndoles pupa pero todavía controlan media Siria y medio Irak y son más los que llegan – sobre todo vía Turquía – para combatir que los que mueren. En Libia están también haciéndose hueco, con muchas más dificultades pero amparados en el caos que sigue enfrentando a las innumerables milicias que pugnan por el control del país. Como también en el sur de Argelia y Mali y en Nigeria, donde el execrable Boko Haram, que sigue secuestrando y matando a mansalva, ha rendido pleitesía a Daesh. El peligro no son sólo los que vuelven a casa después de combatir, entrenados y fanatizados al máximo, sino también lo que optan por golpear al enemigo en la retaguardia, como les anima Daesh a hacer. Nuestras fuerzas de seguridad hacen lo que pueden pero es necesario un mucho mayor grado de cooperación internacional para evitar atentados como el recientemente frustrado en el tren Amsterdam-París.

Pero lo de los refugiados y el terrorismo islamista es cosa sobre todo de los gobiernos. En cambio, las elecciones catalanas, que están a la vuelta de la esquina, son cosa de todos, sobre todo de los catalanes, por supuesto, pero también del resto de españoles que, aunque no tenemos voto, sí tenemos voz sobre algo que nos concierne. Como la del ínclito Felipe, que ayer se descolgó con su artículo “A los catalanes” que a saber si no resultará contraproducente, sobre todo por las absurdas referencias a los fascismos alemán e italiano de los años 30, que ya es torpeza. Porque si lo que se pretende es apelar al entendimiento, descalificar al que discrepa no suele ser buena táctica. Sobre todo cuando la realidad es tan diferente de la referida. Porque Arturito Mas será un demagogo y embustero, además de corrupto – no es de recibo presentarse como el adalid de la lucha contra la corrupción dirigiendo un partido tan podrido por las comisiones y siendo estrecho aliado de Jordi Pujol y sus hijos – pero de fascista no tiene un pelo, como tampoco los demás independentistas por mucho que amenacen con saltarse a la ley a la torera, cosa que obviamente no es ni positiva ni legítima pero que han hecho muchos que no eran fascistas, por ejemplo los republicanos que tomaron el poder el 14 de abril de 1931 tras haber sido mayoría en las elecciones municipales.

Yo coincido con la mayoría de los argumentos desgranados por Tacatún, por más que el susodicho se haya convertido en un personaje bastante patético. No soy nacionalista español y sobre todo soy demócrata por lo que, considerándolo un error, estaré dispuesto a avalar la independencia de Cataluña si una mayoría suficiente de catalanes así lo desean. Considero que la independencia sería un error por ir en sentido contrario al de la historia, que nos lleva hacia la inter-dependencia a todos los niveles. Ahora bien, estoy un poco sorprendido por la situación porque se suponía que se disolvían las Cortes para hacer unas elecciones plebiscitarias, por el sí o el no a la independencia, después de un resultado suficientemente alentador para los soberanistas en lo que finalmente quedó en remedo de referendo. Sin embargo, desde la distancia observo una pléyade de opciones, algunas claramente independentistas (Convergencia, ERC, CuP) pero no todas aliadas, otras catalanistas en mayor (Unió, IcV) o menor grado (PSC) y otras directamente españolistas o constitucionalistas (PP y CC). Además de Podemos, cuyos equilibrios soy incapaz de interpretar.

Ardo en deseos de empezar a devorar sondeos y sus análisis, especialmente los que se hagan en este foro que tiene varios avezados frikolíticos catalanes, bastante objetivos pese a su marcado soberanismo y a los que agradecería sus comentarios a las siguientes preguntas y reflexiones. ¿En qué lado ponemos a los escaños y votos de Podemos? ¿Qué ocurre si los “soberanistas” no consiguen el 50% de los escaños y/o de los votos? ¿Dimite Mas y se forma un gobierno constitucionalista para el que seguramente no haya mayoría y menos aún suficiente convergencia ideológica? En caso de que los “soberanistas” consigan el 50%+1 de los escaños y/o de los votos (sin llegar al 55 o al 60% por ejemplo) ¿se atreverá Mas a una declaración de independencia unilateral? Creo entender que se trataría más bien de una declaración política, emplazando al Estado a una negociación para acordar la independencia en un plazo de un año o año y medio, ¿no? Esta opción me parece mucho más coherente con el carácter ventajista de Mas y Convergencia, que sobre todo no quiere perder el mando del chiringuito, que tantos beneficios les ha y sigue reportando. De hecho, no me extrañaría que Mas y Convergencia prefieran precisamente una mayoría absoluta pero corta, que les permita amagar para presionar a “Madrit” manteniendo la opción de, en su momento, bajarse del burro tras haber conseguido las contrapartidas que Rajoy se ha negado a negociar, quizás de parte de Pedrito Sánchez desde la Presidencia del Gobierno, con el apoyo de Podemos.

Ya decía antes que considero que la independencia de Cataluña sería un error, también para Cataluña, que tendría que transeferir menos recursos al resto del Estado pero tendría que asumir unos costes económicos enórmes, además de políticos y sociales. Pero también que respeto a los independentistas que realmente quieren embarcarse en tan aventurado viaje contra viento y marea, a sabiendas de que la independencia supondría la salida de Cataluña de la UE (como admitió temporalmente el líder de Junts per el si). Ahora bien, lo que no entiendo es cómo los independentistas de corazón son capaces de seguir confiando en el liderazgo de Mas y Convergencia. ¿No es evidente que, además de pretender ante todo seguir al mando del cotarro, van a dejarles en la estacada en cuanto la cosa se ponga fea? O quizás es que todo el independentismo está de acuerdo con jugar a tensar la cuerda para obligar al Estado a negociar lo que se ha venido negando a hacer hasta ahora, sabiendo perfectamente que la independencia no llegará en el horizonte previsible. Y, segunda derivada, quizás Rajoy juega a lo mismo para ver si así consigue salvar el culo en las generales de finales de año.

Dejémoslo ahí para que voces más expertas y doctas nos ilustren en cuanto consigan reponerse de la depresión post-vacacional. Pero no nos olvidemos del drama de la inmigración y el peligro del terrorismo islamista, ni de la Liga, en la que el Barça ya le saca dos puntitos al Madrid…