Ya estamos aquí

Lobisón

 La encuesta de Metroscopia, este domingo, nos sitúa ya en el escenario de las elecciones generales. Por supuesto, no cabe esperar que las cifras de la encuesta adelanten lo que van a ser los resultados de las elecciones, sobre todo si éstas no se anticipan. Para empezar, es muy poco creible que tantos votantes del PP (un 20%) pasen a la abstención, y tampoco resulta verosímil que un 8% vaya a votar a Podemos.

Por supuesto el factor clave en estas cifras es la exasperación de los electores ante los escándalos de corrupción, en una larga secuencia que ha culminado de momento con la operación Granados. Cabe temer, desde luego, que se continúen destapando nuevos escándalos en las próximas semanas o meses, o que las actuaciones judiciales mantengan como tema central del debate político la corrupción y la mayor o menor responsabilidad de los partidos de la casta, pero puede suceder que el actual clima emocional no se mantenga en estos niveles de crispación.

En todo caso, es sabido que a los electores de derecha no les gustan los experimentos con las cosas de comer. Incluso si el PP y Rajoy no logran introducir correcciones que les permitan recuperar la confianza de esos electores dispuestos a abstenerse, es posible que éstos, a la hora de la verdad, prefieran lo malo conocido al voto de castigo (a Podemos) o al riesgo de que su abstención lleve al gobierno a esos peligrosos populistas seguidores de Chaves y de Maduro. En suma, cabe pensar que la intención actual de voto al PP infraestima bastante lo que será el voto real a esta formación cuando llegue el momento.

En cambio es asombroso que en la situación actual haya una intención de voto tan alta al PSOE (26,2%). Vale, es inferior al (desastroso) voto real de 2011, y evidentemente muy insatisfactoria. Pero en el caso del PSOE, en cambio, no cabe esperar en la misma medida que en el caso del PP que el paso del tiempo serene a los electores defraudados. Si pesa más su indignación lo más probable es que voten a Podemos, y si les puede la resignación que se abstengan.

El principal obstáculo para que Podemos materialice esa espectacular intención de voto del 27,7% es la incertidumbre sobre lo que podría significar su actuación desde el gobierno. No tienen cuadros conocidos y sobre todo nadie sabe cuáles serían sus líneas de actuación en el terreno económico. Lo curioso es que el PSOE tiene el mismo problema sin tener el viento a favor. Si el equipo de Pedro Sánchez no consigue ofrecer caras e ideas que sugieran a los electores un horizonte positivo de certidumbres, puede suceder que sus resultados reales no superen —e incluso sean inferiores— a la actual intención de voto. Así que lo único que se puede pensar con bastante certeza es que el PP vuelva a subir mientras Podemos y el PSOE se estancan o retroceden.