Y Rajoy se hizo carne

Senyor_J 

A menudo los grandes líderes políticos son recordados por sus palabras, especialmente por decir en el momento oportuno aquello que la gente necesita escuchar. Por ejemplo, los mensajes de Cicerón a Catilina son clásicos indiscutibles de la oratoria:

¿Hasta cuándo, Catilina, abusará de nuestra paciencia? … ¿Quién de nosotros piensas que ignora lo que hiciste en la noche pasada, lo que hiciste en la anterior, dónde estuviste, a quiénes convocaste, qué resoluciones tomaste?… Morirás, Catilina, cuando no pueda encontrarse nadie tan malvado, nadie tan depravado, nadie tan semejante a ti mismo que no reconozca que tu suplicio fue justo…”

O mucho más recientemente,  ¿quién no ha leído o escuchado alguna vez algún fragmento del discurso de Churchill ante el Parlamento Británico, en junio de 1941?

“Por más que grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos hayan caído o puedan caer en poder de la Gestapo y de todo el espantoso aparato del régimen nazi, no vamos a flaquear ni a fracasar, sino que seguiremos hasta el final. Combatiremos en Francia, combatiremos en los mares y los océanos, combatiremos cada vez con mayor confianza y fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo”.

La palabra es poderosa y se espera de un líder que sepa utilizarla en el momento adecuado y de manera oportuna. De ahí que los líderes actuales tampoco falten nunca a su cita con la historia. Recientemente tuvo lugar uno de esos momentos tras el cual el mundo ya no vuelve a ser el mismo. El pasado 26 de octubre la Organización Mundial de la Salud hacía públicos sus conclusiones sobre la carcinogenicidad del consumo de carne roja y de carne procesada, tras un análisis de la literatura científica acumulada realizado por un grupo de trabajo de 22 expertos procedentes de 10 países. Como resultado de las mismas, la carne roja fue clasificada como probablemente carcinógena (Grupo 2A), de acuerdo con la evidencia limitada de que el consumo de carne roja causa cáncer en humanos y la fuerte evidencia mecanicista que apoya su efecto carcinógeno, observable especialmente en el cáncer colorrectal, el cáncer de páncreas y el cáncer de próstata, mientras que la carne procesada se clasificó como carcinógena para los humanos (Grupo 1), basada en la evidencia suficiente en humanos de que el consumo de carne procesada causa cáncer colorrectal. Así las cosas, los expertos calcularon que cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente podría aumentar el riesgo de sufrir cáncer colorrectal en un 18%.

Ante dicho anuncio, que al fin y al cabo no hacía más que subrayar algo que ya se conocía gracias a las investigaciones realizadas en las últimas décadas, hacía falta que se manifestase un líder a la altura de las circunstancias y en España tuvimos la suerte de contar con Mariano Rajoy, quien se expresó al respecto el 28 de octubre con el acierto y contundencia que le caracterizan:

Realmente, mire, no me quiero meter con nadie y menos hablar de lo que no sé, pero claro, esto de sacar un documento, nada menos que la Organización Mundial de la Salud, transmitiéndole al mundo, porque lo transmiten al mundo, hombre, que si comen carne o si toman embutidos y tal se pueden morir, me parece muy fuerte. Y yo echo de menos información contundente y clara por parte de quien la puede dar, porque esto no tiene ninguna gracia… No sé una palabra, pero yo creo que a lo largo de la humanidad se ha comido carne, en España se come… Los países que más carne comen del mundo son Brasil, Argentina y Uruguay, y luego Estados Unidos e Israel y, fíjese usted, Australia, pero en España se come mucha carne. Y España somos el segundo país del mundo en esperanza de vida, por detrás de Japón, Japón come poca carne, come más bien pescado, arroz y tal, pero somos el segundo. Claro, yo no puedo opinar de lo que no sé, lo que si me gustaría es que alguien con suficiente conocimiento de causa nos dijera si eso es verdad o mentira, porque ¿qué está diciendo la Organización Mundial de la Salud? ¿Que no comamos carne? ¿O le está diciendo a los gobiernos que se prohiba que se comercialice la carne? … Necesitamos más información…”

Así habló Mariano, de quien, para no alargarnos, no hemos incluido también sus reflexiones sobre la dieta mediterránea, la seguridad alimentaria y las piscifactorías. Mariano, a un nivel claramente superior al exhibido por Cicerón y Churchill, se puso en la piel del español de a pie y elevando la mirada hacia el cielo tejió con su fina oratoria un discurso que no nos puede dejar indiferentes. ¿Cuántos españoles estaban pensando en aquel momento lo mismo que él? ¿Y cuántos habrían sido capaces de sintetizar su análisis con únicamente cuatro palabras perfectamente escogidas? “Me parece muy fuerte”. 

El hombre que se comunica con los periodistas desde dentro de una pantalla de plasma considera que es muy fuerte que la OMS traslade esas observaciones nutricionales a una humanidad comedora de carne. Como bien señala, “a lo largo de la humanidad se ha comido carne”. Y es que hay que remontarse hasta nuestros remotos ancestros africanos para hallar en nuestro linaje consumidores exclusivos de productos vegetales. Después, a medida que avanzaba el proceso de hominización, el consumo de carne empezó a ganar peso y así hemos seguido hasta que apareció la OMS. Una OMS que, según parece, no sería una institución de prestigio reconocido y de ahí la razonable demanda de Mariano, con la que sin duda todos estaremos de acuerdo: “lo que si me gustaría es que alguien con suficiente conocimiento de causa nos dijera si eso es verdad o mentira“. Mariano se reconoce así desorientado y es que no es para menos: “Necesitamos más información”, una frase con la que nos recuerda que el conocimiento científico es frágil y que lo que hoy es negro, mañana puede ser blanco: ¿quién nos dice que mañana no hallaremos en la carne procesada una sustancia milagrosa que alargará la vida otros 30 años?

Todas estas reflexiones son muy pertinentes y deben ser tenidas muy en cuenta, más aun cuando las intervenciones de Mariano sobre ciencia cuentan ya con algunos precedentes notables. Recordemos, por ejemplo, cómo resolvió hace algunos años uno de los debates científicos más enconados de nuestro tiempo: “Tengo un primo, que es un físico reputado y que ha sido incapaz de decirme el tiempo que iba a hacer en Sevilla en los próximos días, ¿cómo voy a creerme las predicciones sobre la evolución del clima en los próximos 50 ó 100 años?“.

Las palabras de Mariano han devuelto el sosiego a nuestra sociedad. La carne ha escapado de las amenazadoras garras de la OMS, puesto que gente como Mariano han ayudado a poner las cosas en su sitio. El sector no tiene nada de qué preocuparse y la ciudadanía puede consumir carne sin miedo a morir, tal y como ha sucedido siempre en España. Como él mismo señala, nuestra esperanza de vida nos avala y no debemos sentirnos en la obligación de hacer como los japoneses y empezar a priorizar el consumo de pescado, arroz y tal, sea lo que sea el tal. ¡A ver si ahora nos vamos a tener que volver todos vegetarianos! No mientras Mariano este aquí y cierre el paso a los descerebrados de la OMS, a la gente esa de Podemos y a todos aquellos que quieren cambiar lo que funciona. ¡Faltaría más!