Y mañana, hablaremos del Gobierno

Aitor Riveiro

Se quejaba ayer amargamente algún participante del blog por lo repetitivo de los temas que traemos a portada. Puede que tengan razón y que dedicar cinco o seis artículos a analizar el resultado de las elecciones municipales y autonómicas sea excesivo. Así que me pasé todo el domingo buscando un tema jugoso sobre el que escribir, para no decepcionar a mis fans (¡hola, mamá!). Mi idea era analizar los logros y fracasos del Gobierno de la nación en lo que llevamos de 2007. Y la conclusión es digna de ‘Cuarto milenio’, el psicofónico programa de Cuatro: el Gobierno ha sido abducido poco a poco, de uno en uno. Y tengo las pruebas.

Desde que a finales del año pasado el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, presentara su flamante Ley de Dependencia, el Ejecutivo ha desaparecido de la faz de la tierra. ¿Le sobra al PSOE casi media legislatura? ¿Ha alcanzado todos los logros que tenían previstos para su mandato? ¿Ha sido tan agotador el esfuerzo que se han quedado sin ideas, sin ganas de seguir dirigiendo el país?

Ayer mismo los reyes de España y el príncipe Felipe presidían un fastuoso desfile de las Fuerzas Armadas en León, cuna de Zapatero. Pero el presidente del Gobierno no estuvo presente en la cita. En representación del Ejecutivo estuvo un supuesto ministro de Defensa. Y digo supuesto porque, créanme, ese no era José Antonio Alonso: era un holograma. Desde que saliera de Interior, Alonso aparece cada vez menos en los medios de comunicación y su acción de gobierno luce por su ausencia: el doble que han puesto en su lugar da el pego de lejos, pero en las distancias cortas canta demasiado.

Tampoco tenemos noticias de la ministra de Sanidad. Elena Salgado debe estar todavía buscando su Ley del Vino por su departamento, porque desde que dijera que iba a ser aprobada sí o sí no ha vuelto a dar señales de vida. Si me lee, tengo un consejo para ella: busque donde menos piense que puede estar el proyecto. Y si no, siempre puede recurrir a su madre, que son especialistas en encontrar toda clase de objetos perdidos.

Otra Elena, Espinosa, no es que haya dado mucho de lo que hablar en toda la legislatura, pero desde que comenzó 2007 vive en un continuo ‘mutis’. Es una suerte para ella: ahora puede ir al Carrefour (o al Leroy Merlin) sin escolta ni nada: nadie la va a atosigar, porque nadie la va a reconocer; incluso si la reconociera alguien daría igual: ¿quién puede echar en cara nada a quien nada hace?

La última vez que supe algo de Magdalena �lvarez fue en un ‘Caiga quien caiga’. La siempre locuaz y ocurrente ministra de Fomento ignoró completamente al reportero de las gafas negras. ¿No es evidente que se trata de una impostora? Aunque quizá está reunida todavía con Cristina Carbona, la ministra de Medio Ambiente, para que le explique cómo es posible que unos cuantos linces y un par de lobos hayan echado por tierra esa i-m-p-r-e-s-c-i-n-d-i-b-l-e autopista que iba a unir Toledo y Córdoba. Otro éxito de Cascos, que fue quien la proyectó, con la segura intención de crear este cisma en el Gobierno. Sobre Medio Ambiente… Pues no sé, con media ministra quizá hubiera bastado.

También se rumorea que el Ejecutivo cuenta con una ministra de Cultura. Suele ir vestida con la ropa que diseña la mujer del director del periódico que llama traidor a su jefe, para más señas. Hace unos meses presentó un proyecto de ley del cine, que fue rechazado por ese ente que los periodistas vienen denominando desde tiempos inmemoriales “los afectados del ramo�. El viernes pasado, el Consejo de Ministros dio luz verde a esa misma ley, cambiando una coma por un punto y coma. Ahora, los “afectados� están ya muy contentos. ¡A quién quieren engañar!

Uno que se lo ha montado muy bien es Jordi Sevilla, al que se ha unido ahora Joan Clos. En realidad, creo que el ministro de Administraciones Públicas (sea esto lo que dios quiera que sea) fue el primero en ser abducido; concretamente al día siguiente de tomar posesión de su cargo. El ex alcalde de Barcelona fue más allá y se presentó él mismo en casa de los ‘abductores’.

En fin, podríamos estar haciendo chistes fáciles hasta mañana. Y la cosa es seria. El Gobierno está inane; y no sólo en los temas que, por su repercusión mediática, parecen los más importantes. El Ejecutivo de Zapatero parece haber tirado la toalla y estar esperando el final del partido. Y de lo que no se dan cuenta es de que, como dicen los futboleros: el partido son cuatro años, no hay rival pequeño y, sobre todo, lo importante es marcar más goles que el contrario. Porque fútbol es fútbol.

Y mañana, si les da por aparecer, hablaremos del Gobiernos… ¡Vaya si lo haremos!