Y después, ¿qué?

Guridi

Estas elecciones parecen cruciales para el futuro del maltrecho partido socialista obrero español. Si se da el temido “sorpasso”, puede que las cuadernas de nuestro baquetado buque dejen de crujir para terminar de romperse, poniendo fin a casi 140 años de historia de lucha contra las injusticias en este país.

El PP se relame ante la perspectiva del “sorpasso”, al indolente Rajoy le apetece la perspectiva de un partido socialista debilitado y en vías de casi desaparición y también la de un Podemos tratando de liderar la oposición, con sus exabruptos, su bipolaridad entre llamamientos al odio y autodenominarse “fábrica de amor”.

Ciudadanos aguantará más que menos el tirón y se prevé que acabe de partido-bisagra. Como una CiU nacionalista española.

Así, se cumplen los objetivos tanto del PP, como de Podemos: hacer desaparecer al PSOE. Con la inestimable ayuda del propio PSOE, por supuesto. Desde la salida precipitada de Zapatero y la toma del poder por parte de la parte “más aparato”, el PSOE se ha ido desideologizando, encomendándose con supersticiosa insistencia a viejas e inútiles fórmulas, renegando de su propios logros y tratando de copiar éxitos ajenos y lejanos.

Los barones se han haciendo con todo el poder en el partido y ahora temen ejercer ese mismo poder. Colocaron a un líder débil para tenerle controlado y lo que hicieron fue colocar a un imprudente que se juega a la ruleta más de lo que tiene. Y después se han encomendado al liderazgo de una Susana Díaz que es demasiado tiburón para jugar en equipo.

La verdad es que antes buscaba escenarios alternativos mediante los cuales el socialismo español pudiera verse dignamente representado, pero me he quedado sin ideas.

Ni siquiera valen ya los consejos de las viejas generaciones que, como Felipe González se ven sometidos al escrutinio de de la inquisición asociada a la “nueva política”, que busca culpables y no soluciones. Otras viejas glorias del PSOE se sienten tan poco identificadas con el proyecto actual, que ni siquiera quieren hacer el esfuerzo de sonreír en un mitin.

La gente de Juventudes está tan imbuida de los vicios de los viejos y es tan poco representativa, que tampoco da muchas esperanzas para el futuro. La alternativa, si no ha sido aniquilada por el aparato, está tan escondida que nos sume a los demás en la desesperación.

Aún así votaré PSOE en las siguientes elecciones. Porque un partido es más que sus dirigentes y yo aún veo talento, ganas de justicia, generosidad y grandes ejemplos en las personas invisibles que sostienen a este viejo elefante. 

Y por pura ideología. No soy, ni seré jamás de derechas. No soy, ni seré jamás tan dogmático como los comunistas. No soporto a Podemos. Sus discursos rabiosos, sus apologías del odio, sus maneras de matones me repelen. Yo soy de izquierdas porque no me gustan los abusones. Porque creo en un mundo en el que no se deje mandar a los abusones. Sólo me puedo identificar con el PSOE. No puedo sentirme otra cosa más que socialista. No puedo más que tener fe en que en algún momento el rumbo se corrija y el partido vuelva a representar mejor a sus militantes y a sus votantes.  

No puedo más que tener fe en que después de las elecciones habrá alguna manera de que se arreglen las cosas.