Y al final, de nuevo no fue nada

Guridi 

Nunca es tan grave como para tomar medidas drásticas, pero nunca se consigue dar un paso adelante, sino medios pasos hacia atrás. El Comité Federal de hoy se predecía tumultuoso y todo quedó en tablas en la cena de “barones” del domingo.

Pero no nos liemos. Vamos a recapitular.

La errática y caprichosa dirección de Sánchez se ha dejado sentir en los territorios donde su influencia es mayor: véase Madrid. Pero también País Vasco o La Rioja, por seguir poniendo ejemplos. Sánchez y su grupo (Luena, Hernando, Óscar López, Maritcha Ruiz, González Veracruz) viven fuera de la realidad, pensando que el mundo se reduce a su bunkerizado grupo de  admiradores a sueldo y a los pasillos del Congreso de los Diputados. Eso y no otra cosa explica que piensen que el fichaje de Irene Lozano iba a beneficiar al partido de alguna manera. Eso también explica que se celebrase la pérdida del escaño de Madina. Algo que se niega por tanta gente que dijo estar presente, que indica hasta qué punto algunos creen estar en círculos de confianza sin estarlo. Se celebró. Y con apelativos graves dirigidos al socialista vasco. Si queréis, podéis pedirle a Maritcha que los reproduzca, porque ella dijo algunos de ellos.

La solución al estilo de Luena es huir hacia adelante. Decir que una derrota es una victoria y anunciar que se pasará por encima de democracia y estatutos para asegurar que Sánchez repita derrota en las siguientes elecciones. A continuación, llamar federación por federación, con amenazas de gestoras, gritos y malos modos, para que no se haga otra cosa más que respetar la voluntad del líder Pedro. Antes, Luena tenía una oportunidad de sobrevivir si las cosas pintaban peor. Ahora, si hay un cambio de sillones, lo mejor es que Luena vaya actualizando el curriculum. El “trucha” aún no se ha dado cuenta de que esto no es como trapacear en las Juventudes Socialistas de La Rioja.

Con respecto a los “rebeldes”. No se trata de Susana. Esta vez ya no. Se trata de dos socialistas como Guillermo Fernández Vara y como Javier Fernández. La pandilla de Ferraz debería quitarse el sombrero e inclinar la cabeza cada vez que se mencione su nombre delante de ellos. No sólo porque son los que más leales han sido a Pedro, cuando los apolillados barones que le pusieron le querían quitar, sino porque siempre han ido de cara. Algo tan desconocido por la actual Ejecutiva, que entiendo que les inspire terror. Hablamos mucho de Susana Díaz, pero esto ya no es sólo Susana Díaz. Y, sinceramente, la andaluza tiene su responsabilidad en esto. Ahora se ve claro que no todo valía para evitar que saliera Madina. Suya es la responsabilidad de situar a un perfecto a inútil al frente del partido y suya es la responsabilidad de actuar con tan poco tacto y tan poca elegancia, que sólo agrava las crisis que ella misma provoca. Si realmente Susana Díaz piensa en salvar al PSOE, debería dejar de querer aspirar a la Secretaría General a corto plazo, buscar la manera de resolver la crisis que ella misma ha causado y ayudar, en lugar de entrar siempre como un elefante en una cacharrería. Ella también debería aprender de Javier Fernández y de Guillermo Fernández Vara.

Con respecto a los barones que defienden a Pedro Sánchez: pues son los perdedores habituales. Encabezados por Rafa González Tovar, que es un experto en gestionar derrotas y el padre de María González Veracruz, que lleva con el mismo cargo en la Ejecutiva desde los tiempos de Zapatero y que está más interesada en las intrigas internas que en hacer su trabajo. Pero no están solos. Les sigue Idioa Mendía, que no parece darse cuenta de que el PSE va camino de la extinción a este paso, La Rioja, feudo de Luena y, por tanto, un absoluto erial. Castilla y León, otro erial producto de Óscar López, que sólo gana las elecciones en las que controla los censos. Esto es: gana congresos y pierde elecciones. Y Madrid… qué voy a decir de Madrid. Madrid ha acusado las ocurrencias de Sánchez y la nula personalidad de Sara Hernández, que es tan irrelevante que hasta ella misma tiene dificultades para recordar su nombre.

Y más o menos el resto de barones van a remolque de lo que diga Susana Díaz, como el melifluo Page, que ya ni él mismo sabe lo que dice, con tanta ambigüedad por minuto. Este es el panorama que había antes del Comité Federal de hoy y este el panorama que permanecerá.

La solución parece difícil, pero sí que hay cosas que deben evitarse.

Lo primero es no hacer caso de los cantos de sirena de Podemos. Los matones de Somosaguas quieren liarnos con las mismas promesas y contrapromesas que le hicieron a Garzón. Si ellos salen todos los días diciendo una mentira diferente en los medios, el PSOE tendría que decir lo mismo todos los días. Ellos y nosotros sabemos que las cuentas no salen. Así que lo mejor es dejar en evidencia que los “podemitas” sólo están interesados en hacer teatro, sobreactuar y convertirse en los reyes del drama.

Lo segundo es que Susana Díaz renuncie a ser Secretaria General del PSOE en el siguiente Congreso y que lo deje bien claro. Que se concentre en buscar al mejor y no en ascender ella misma. Hay gente más válida y que provoca menos rechazo. Hombres y mujeres. Es hora de que arrime el hombro en lugar de ladrar tantas órdenes. Hay que sumar y no imponerse. Tercero: ha de hacerse el Congreso Federal en tiempo y forma. Y en ese Congreso lo mejor es que Pedro Sánchez no repita de Secretario General. Y, de paso, que tampoco repita NADIE de su Ejecutiva. Ellos, como la propia Susana Díaz, son productos de la política de despiadado ascenso ciego que se fomenta en sitios como Deloitte o Juventudes Socialistas.

Cuarto: en parte estoy de acuerdo con Podemos en lo de las puertas giratorias. Ni Sánchez, ni Luena, ni González Veracruz, ni López, ni Hernando, etc. deberían conseguir puesto alguno relacionado con el partido. Ni en fundaciones, ni en patronatos, ni en empresas públicas. Como alguno de estos tenga un despacho, un sueldo y un teléfono del partido, volverán a empezar a liarla. 

Por último: permitid que aproveche estas líneas para reírme un poco de Jordi Sevilla. Su prestigio, su invaluable asesoría y sus doctas opiniones también nos han llevado hasta aquí. Esta vez no podrás decir aquello de “no me hicieron caso”, Jordi. Pero ni tú, ni los demás. 

Ah. Y no me harán caso. No en aplicar esos puntos que se me han ocurrido, sino en poner soluciones, en lugar de crear más problemas. Porque al final, se dicen todos a sí mismos, no es para tanto. Y así seguimos, disolviéndonos poco a poco.