Working on a dream

Millán Gómez

 

La victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos supone un soplo de aire fresco para la política internacional. Además, en paralelo, consigue retomar el interés por la política de numerosos ciudadanos que se encontraban anestesiados, aletargados y que no ejercían su derecho al voto como consecuencia de una falta de credibilidad en sus mandatarios. Su triunfo incluso permite que desde el extranjero se visualice a Estados Unidos como un país más amable, abierto y tolerante que antes. Su condición de primer afroamericano que ocupará el cargo de mayor responsabilidad del mundo derriba barreras que hasta hace poco tiempo parecían poco menos que infranqueables. No sabemos en qué medida a los estadounidenses les ha afectado el color de piel de Obama a la hora decidir el sentido de su voto pero es evidente que muchos ciudadanos que hasta ahora se sentían fuera del debate político ahora se encuentran más cómodos. La gran victoria de Obama es la de conciliar y aunar votos cuyo procedencia es de lo más ecléctica. Su capacidad de integración está fuera de toda duda y es su gran bagaje.

 

La victoria demócrata ha contado con un amplísimo respaldo de la sociedad internacional. Incluso desde que Obama era candidato en las primarias del Partido Demócrata el apoyo externo era muy importante. A medida que sus ideas se consolidaron y ganaron en credibilidad, el apoyo internacional se hizo más y más constante. El día después de las elecciones, la prensa mundial era un clamor. Los medios se hacían eco de la grandísima participación electoral, así como la ilusión de muchos ciudadanos de Estados Unidos y del extranjero porque otro mundo es posible. Quizás ésta sea la mayor lección que podamos extraer.

 

Obama tiene ante sí la grandísima responsabilidad, entre muchas otras, de que su país atienda, de una vez por todas, las necesidades del continente africano, escenario más necesitado que ningún otro de una buena gestión política. El origen keniata de Obama supone un filón en este sentido. Estados Unidos se juega en este ámbito la gran posibilidad de corregir errores pasados y ofrecer al mundo una imagen alternativa a la que ha mostrado en muchos momentos de su historia. Las imágenes de ciudadanos africanos celebrando la victoria de Obama es el fiel reflejo de la ilusión de un continente ansioso por sentir que alguien se ocupa de sus problemas y qué mejor que el presidente de la mayor potencia mundial.

 

El interés por la política es inherente al ser humano porque la política lo es todo. Más que una sociedad apolítica lo que existe en muchas ocasiones es una población que desconfía de los políticos y de sus prácticas. Está más que demostrado que cuando a los ciudadanos se les ofrece proyectos serios éstos responden. La política es tratar de resolver los problemas de los ciudadanos favoreciendo su progreso y bienestar. Que ahora venga un político y despierte nuevamente ese interés es una de las mejores noticias. Obama ya había ganado las elecciones antes siquiera de que comenzase el escrutinio. Su mayor victoria es la de fomentar el voto y haber conseguido que sectores sociales que figuraban fuera del debate político se sientan partícipes de una ilusión común: el llamado sueño americano.

 

Para España su victoria es también una buena noticia. Nuestro país fue argumento de discusión en el debate electoral en Estados Unidos. La frialdad republicana con el Gobierno de España contrastó con la rápida respuesta demócrata al recordar que España es un aliado. Durante los cuatro años y medio que lleva Zapatero al frente del Ejecutivo central, el PP y sus satélites mediáticos han criticando con ahínco al PSOE por su falta de entendimiento con la Administración Bush. ¡Ni que eso fuera un problema! Ahora, con la victoria de Obama, las relaciones con Estados Unidos deberán intensificarse. De este modo, la derecha tendrá un argumento menos (¡cachis!) para atizarle a Zapatero. Las críticas hacia el senador por Illinois no se han hecho esperar en medios conservadores como Telemadrid, como bien apuntaba Aitor esta misma semana. Así, en medios reaccionarios como Libertad Digital ya critican a Zapatero porque Obama ha preferido llamar a otros “líderes mundiales” antes que al presidente español. Después, también está Ibarretxe que, ávido como es de titulares rimbombantes, dijo que el famoso lema electoral de “Yes, we can” del senador por Illinois “ya lo había escuchado hace 300 años”. Por lo visto, el insigne residente en Ajuria Enea no se llama Juan José Ibarretxe sino Matusalén. ¡Ibarretxe lleva tres siglos en este mundo y nosotros sin enterarnos! Afortunadamente, claro.

 

En definitiva, el cambio político estadounidense envía al baúl de los recuerdos ocho años de despropósitos de Bush, alimenta la ilusión por un mundo mejor reforzando la bilateralidad y el diálogo internacional, y establece como prioridad tres materias fundamentales: la economía, el empleo y la sanidad pública. Este último campo es desconocido para políticos como Esperanza Aguirre. Pero incluso por encima de estos factores, lo más importante es la ilusión de personas que otrora no confiaban en la política y que ahora sí se sienten identificados con Obama. Su capacidad integradora y su carisma son sus mejores cualidades. El sueño americano de conseguir el progreso para todos sus ciudadanos, independientemente de su procedencia, está hoy más cerca que ayer. En manos del presidente electo Barack Obama está este sueño. Démosle un voto de confianza. Lo merece.