We are going to Ibiza

Julio Embid

Imagina que eres el líder de un partido ultraderechista en un país con una infame lista de líderes ultraderechistas como por ejemplo Austria. Aprovechando la crisis de los refugiados y un desastroso gobierno de Gran Coalición de socialistas y populares, logras en octubre de 2017 auparte a la tercera posición a tan sólo 45.000 votos del sorpasso del histórico SPO con el 26% de los votos. Eres imprescindible para formar gobierno y el nuevo Primer Ministro (Canciller) austriaco decide llamarte para repartir los ministerios. Pides lo básico: Defensa, Interior y Servicios Sociales para tus camaradas y para tí, la Vicecancillería y el ministerio de Administraciones Públicas y Deporte. 

A los actos de homenaje a las víctimas del nazismo y el holocausto en Mauthausen, las familias deciden no invitarte, sólo faltaba, pero te da igual, tú tienes otros amigos. Y encima son extranjeros de esos a los que insultas cada semana en tus mitines durante la campaña. Estos amigos tuyos te invitan a su lujoso chalet en la maravillosa isla de Ibiza junto a tu número dos Johann Gudenus (hijo de un militar austriaco condenado por negar la existencia de las cámaras de gas en Austria por cierto) y su señora. Y allí junto a una sobrina de un oligarca ruso cercano a Putin, bebes y te desmadras, hablas de todo lo que vas a hacer cuando llegues al poder, a qué empresas vas a contratar y a cuales no, que medios de comunicación te gustaría cerrar, y puesto hasta arriba de vodka con redbull, desbarras, te calientas el morro y le preguntas qué puedes hacer por Rusia a cambio de que los rusos te apoyen en la campaña que está al caer. Porque la xenofobia sólo existe para los pobres y los refugiados. Si eres un empresario ruso (o su sobrina) eres bienvenido. Sin embargo, te graban y ese video se hace público dos años después. 

Lo demás es historia, el canciller Kurz decide expulsar del gobierno a los ultraderechistas y convocar elecciones anticipadas para septiembre y aquí paz y después gloria. Resuena en todas las discotecas austriacas aquella canción europachanguera de los Vengaboys de 1999 que decía “We are going to Ibiza” porque la “Marcha Radetzky” se reserva para el concierto de Año Nuevo y los partidos de la Selección. Después de este experimento vienés, tendremos que esperar a alguna grabación de los correligionarios españoles de Heinz-Christian Strache en alguna capea o palco de fútbol con generosos donantes extranjeros para demostrar que el fascismo y el nacional-populismo sigue, como siempre, triunfando gracias a la nunca desinteresada ayuda extranjera porque más vale el din que el don. Aquí y en la China Popular.

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