Wasted talent

Lluis Camprubí

The saddest thing in life is wasted talent. No hay nada más triste que el talento desaprovechado, le decía Lorenzo (Robert de Niro) a su hijo Calogero en “A Bronx Tale” (Una Historia del Bronx).

En estos tiempos acelerados, parece que se (auto)impone en algunas organizaciones sociales, pero especialmente en algunos partidos políticos, un relevo acelerado y generacional en los liderazgos. Más allá de gustos o disgustos, es una realidad. Y aunque implica potencialmente elementos en principio positivos (adaptación a entorno muy cambiante, conexión con los elementos más dinámicos de la sociedad, renovación de prácticas,…) conlleva también algunas derivadas que merecen ser pensadas y atendidas.

Un liderazgo y sus capacidades en una fuerza política no es algo que se improvise. Requiere largos tiempos. No sólo en lo interno para conocer a fondo la organización y poder generar consensos internos para llevarla dónde se decida, sino especialmente para resultar útil y necesario para la sociedad: comprender en profundidad el territorio y sociedad de referencia, representar colectivamente la pluralidad que se quiere representar, relacionarse con los actores y organizaciones relevantes, visión panorámica, poder anticipar tendencias, pensar más allá de lo recién aprendido, evitar pulsiones adanistas, impulsar iniciativas tácticas y estratégicas, definir una acción política útil y eficaz (no sólo en lo institucional, aunque también)… todo esto requiere de largos aprendizajes, fogueos diversos y multitud de ensayo-error.

Así, al riesgo presente y futuro de quemar demasiado rápido hornadas de liderazgos y cuadros políticos, se le suma el peligro que las dirigencias de los partidos sean cada vez menos representativas de los sectores sociales a los que se quiere representar, especialmente en las izquierdas. Ser representativo se puede entender en dos sentidos: vehicular y mediar con efectividad sus demandas, pero también ser similar en composición. Respecto a esto segundo, a la similitud en composición, si bien es cierto y comprensible que en la dimensión “posición socio-económica” es hasta cierto punto inevitable, y en la vertiente formativa hasta cierto punto deseable, la cuestión generacional merece una atención específica.

En toda organización hay siempre soterrada -que emerge periódicamente- una presión de sustitución generacional. A esto tan tradicional se le suma ahora cierto impulso “renovador” propuesto por actores emergentes y el impacto diferencial de la crisis según sectores de edad y su vivencia subjetiva del agravio en términos edatarios. Si dejamos al margen la población pensionista que en términos relativos es la que parece tener por ahora mejor garantizados los ingresos, es un riesgo confrontar implícitamente las vivencias de las distintas generaciones “activas”. Las lógicas y preocupaciones de las nuevas generaciones (“seremos la primera generación que vivirá peor”, “generación perdida”…) versus las lógicas de los sectores perdedores respecto los cambios productivos de las generaciones “maduras” (“no volveremos a encontrar un trabajo”, “la no adaptación a los cambios tecnológico-productivos”,…).  Es pasar de la/s brecha/s generacional/es existente/s al conflicto generacional. Un conflicto generacional, dicho sea de paso, muy funcional al actual estado de las cosas ya que diluye la necesaria solidaridad intergeneracional y enmascara el que debería ser el principal eje de conflicto.

Este tipo de interpretaciones pueden contribuir a que en las dirigencias políticas acabe cristalizando un sesgo generacional. Posibilidad reforzada por el perfil actual de sus votantes y por lo tanto de prioridades inmediatas a atender. El riesgo pues de un exceso de velocidad de sustitución y de un rejuvenecimiento excesivo es doble: Que aparezca un velo de ignorancia generacional (dónde la centralidad del análisis y propuesta pierde el foco en los sectores edatarios que quedan alejados) y una pérdida o desaprovechamiento de capacidades, conocimientos y talentos de los responsables políticos, algunos de ellos en potencial plenitud.

Emerge pues la pregunta, ¿qué hacer con los responsables políticos que por las actuales circunstancias se ven apartados de la primera línea y siguen teniendo multitud de reflexión y acción a aportar?

 Pensar el futuro juntos

Una de las limitaciones compartidas de las fuerzas políticas progresistas es la incapacidad -por múltiples razones, entre ellas la hegemonía y la agenda dominante- de trabajar estratégicamente, de anticiparse y ser proactivo. En la mayoría de ámbitos ocurre una acción defensiva, reactiva a la acción política de otros actores, a las urgencias, o a las circunstancias cambiantes del mundo. Y aunque esto es debido a múltiples razones, insisto, me gustaría detenerme en una: En un mundo tan cambiante, no se piensan desde las fuerzas sociales y políticas populares los posibles escenarios de futuro a 2, 5, 10 o más años vista. Evidentemente estos escenarios no están escritos ni determinados y pueden ser múltiples, con tantas variables e incertidumbres en juego. Sin embargo, pensar los posibles escenarios es el primer paso para poder intervenir políticamente. No es suficiente leer los siempre interesantes informes de proyecciones de organismos o centros de reflexión internacionales. Realidades posibles de futuro que son cruciales en cómo vivimos y que van a experimentar cambios muy relevantes en dimensiones como la robótica, la automatización productiva, la economía y su financiarización, las relaciones laborales, la integración europea, los intercambios de información, las relaciones internacionales y regionales,…

Es en este campo, en el analizar y pensar estratégicamente, que todos aquellos cuadros políticos y sociales (y académicos) con mirada larga resultan especialmente imprescindibles. Eso sí, esta reflexión debe ser en espacios conjuntos entre las distintas tradiciones y organizaciones políticas y sociales progresistas. Y compartida con aquellos profesionales e intelectuales que han podido tener tiempo para pensar al respecto. El trabajo compartimentado de cada una de les respectivas fundaciones da para lo que da. Espacios tranquilos en los que puedan destilar tendencias y posible acción política, a partir del compartir intersectorialmente perspectivas, de hacer dialogar culturas políticas y de sumar herramientas analíticas. 

Necesitamos pensar el(los) futuro(s) para poder moldearlo(s) anticipadamente. Y es en esta tarea dónde los jubilados políticos prematuros pueden resultar aún más fundamentales.

 

2 pensamientos en “Wasted talent

  1. Les confieso que me ha gustado el articulo y felicito al senyor camprubì. Sobresalen de el 4 tematicas clave:

    – riesgos de los nuevos liderazgos
    – riesgo de brecha generacional
    – reubicación de lideres clasicos
    – necesidad de espacios de reflexion estrategica con la vista puesta en el largo plazo

    Y que se esconde tras esta reflexion? La preocupacion de que los referentes de la nueva politica esten creyendo que van al fondo de los problemas, cuando de hecho estan en la superficie y sospecha que a menudo con diagnosticos equivocados.

    O tal vez me equivoque, no se.

  2. Es evidente que no se refiere al PSOE partido que sigue el modelo del ” fichaje ” ( recuerden a un tal Gabilondo del que no hemos vuelto oír hablar ) o la vuelta de los viejos rockeros ( inmortal y siniestro Simancas ). También la petrificación en vida de tendencia menguante ensayada con mucho éxito en Euskadi.
    No es de extrañar que de los desvaríos suicidas de un petimetre como Pedro se hagan eco en el partido de Pablo y todos juntos comuniquen sus simplezas de una manera cada vez más ininteligible.
    No pasa un día sin que den la nota.

Deja un comentario