Vuelta a las andadas

Mimo Titos

Afortunadamente parece que la vida de Gabriel Ginés no corre peligro pese a lo aparatoso del incendio del coche que conducía tras estallar la bomba que ETA había colocado. Evidentemente sería una excelente noticia que este “currela” de la seguridad, cuyo trabajo consiste en tratar de evitar que otros sean asesinados, pueda sanar rápidamente y con las menores secuelas posibles, tanto físicas como psicológicas. Pero el atentado es una pésima noticia, no menos pésima por anticipada. ETA segó dos vidas en la T4, pero tanto por las características del atentado como por sus comunicados posteriores, esas muertes no fueron tanto buscadas como provocadas por la irresponsabilidad de los terroristas, que trasladan a las fuerzas de seguridad el deber de proteger a la ciudadanía de una explosión monumental con un mero telefonazo minutos antes del momento proyectado para la explosión.

En aquel momento ETA quería dar un golpe de mano, forzar al Gobierno a hacer concesiones que el Gobierno no quería y no iba a hacer. El resultado habría sido el mismo si no hubiera muerto nadie en Barajas: el Gobierno no habría cedido. Los terroristas de ETA no entienden que para que un Gobierno constitucional pudiera verse forzado a concederles algo de lo que piden, la violencia que tendrían que desatar previamente sería de tal magnitud que acabaría con ellos en primer lugar al cercenar el poco apoyo social que aún conservan en una pequeña parte de la sociedad vasca. Están en un callejón sin salida: si matan, pierden lo único que aún les permite fingir que son un movimiento político; pero si no atentan, la irrelevancia les hace perder lo único que les permite sostener que representan a la sociedad vasca.

De ahí que en los últimos tiempos hayan optado por la violencia pero controlada, atentando contra bienes antes que contra personas, y tratando de evitar en lo posible, “bajas colaterales”.

El atentado de ayer, en cambio, es un ataque directo contra una persona, tanto si el objetivo era el concejal como si era directamente su escolta: intentaron matar. Si el herido hubiera sido el concejal, les resultaría algo más fácil que su gente tragara, explicando que si el Estado mete en la cárcel a “sus políticos”, ellos están legitimados para “defenderse” atacando a los representantes del Estado. El vínculo con el escolta es más indirecto y por lo mismo más difícil de entender por la parroquia batasuna. Aunque sólo sea porque se tenga un vecino que es “segurata” en Carrefour, por poner un ejemplo.

Pero esto son meras disquisiciones sin demasiada importancia. Lo importante es que, lamentablemente, no creo que el atentado de ayer vaya a ser un revulsivo que despierte las conciencias de la izquierda radical vasca. Habrá que ver si ANV condena el atentado. Sus estatutos no admiten la violencia y de hecho se mantuvieron al margen de Batasuna precisamente por ello. Si no lo condenan harán buena la sospecha de que han permitido a Batasuna apropiarse completamente de su envoltorio jurídico, y el Gobierno y la judicatura deberán obrar en consecuencia, instando su ilegalización con todas las garantías legales. Lo mismo vale para el PCTV, partido prácticamente inexistente si no fuera por su grupo parlamentario en Guernika.

No creo tampoco que el PP vaya a cambiar su utilización del terrorismo para atacar al Gobierno. Las primeras manifestaciones así parecen indicarlo: ETA atenta porque Zapatero le ha dado alas. Es falso. Tan falso como que ETA no atentaba antes porque Zapatero había hecho o estaba dispuesto a hacer concesiones. En el peor de los casos, Zapatero simplemente habría ganado tiempo, que no es poco, porque ésta es la Legislatura con menos víctimas mortales por terrorismo. En el mejor, habría intentado un final dialogado de la violencia para acelerar el fin del terror, para ahorrarnos una agonía de ETA potencialmente muy dolorosa para todos, a cambio de algunas migajas formales y de contenido. Migajas que, como muchos estábamos seguros, no eran sino tales.

El problema es que ETA no fue, parece que no es, suficientemente consciente de su derrota y se negó a aceptar la “salida honrosa”. Prefirió denunciar a Zapatero por haberles propuesto un “proceso de rendición”, utilizando curiosamente el mismo concepto manido por el PP pero en sentido inverso.

Afortunadamente el atentado de ayer tampoco va a provocar un cambio de estrategia en el Gobierno. Desde luego no en el sentido pretendido por ETA. Pero tampoco en el reclamado por el PP, porque el Gobierno ya está maniobrando con todos los instrumentos del Estado para acabar con ETA y sus cómplices.

En un artículo anterior esgrimí la tesis de que si ETA reanudaba su campaña mortífera y conseguía matar de nuevo, el PP haría muy mal, en términos puramente electorales, en seguir tratando de sacar réditos políticos de nuestra tragedia nacional. Sigo pensándolo. Una cosa es acusar y clamar al viento mientras las pistolas callan, incluso si es con argumentos falsos e injuriosos, y otra bien distinta debilitar a un Gobierno que hace frente a un desafío terrorista concreto, con víctimas que tienen nombre y apellidos.

La mejor noticia es que pese al atentado de ayer ETA no va a conseguir volver a las andadas porque no tiene la capacidad de hacerlo: ya no tiene la gente, las armas, el dinero o el apoyo necesarios. Cada vez son menos los vascos que aceptan sus justificaciones torticeras y cada vez más los que experimentan en carne propia que cuando ETA no actúa, todo va mejor para todos en el País Vasco, también para los radicales nacionalistas. Cada vez son menos los que ceden al chantaje y pagan, cada vez les resulta más complicado conseguir las armas que necesitan para su carrera infernal y cada vez hay menos jóvenes vascos tentados de sumarse a una banda ya etiquetada con un pronóstico seguro de derrota.

ETA puede seguir haciendo daño y seguramente lo hará pese a los afanes de las fuerzas de seguridad, bastante exitosos en los últimos tiempos. Pero no sólo no puede ganar sino que sólo puede perder, antes o después.

Ayer tuvimos suerte, sobre todo la tuvo Gabriel. Otro día puede que haya menos suerte. Pero a ETA cada vez le quedan menos días y cada vez menos gente necesitará de la suerte para poder vivir tranquilo en nuestro país.