Votos contados.

Alberto Penadés

En término de número de apoyos, el PSOE prácticamente repite resultados -unos 38.000 votos más que en 2004- con algo más de 11 millones de votos, según el escrutinio provisional (99,99%).  El PP ha crecido claramente, superando los 10,1 millones, recuperando su resultado del año 2000, con unos 400.000 votos más que en 2004; y un partido nuevo, UPD, logra unos 300.000. Con la excepción del Bloque y de Nafarroa Bai, que repiten resultados (también mejoran levemente), todos los demás partidos pierden votos, y de forma muy notable.  Esquerra Republicana y Coalición Andalucista pierden a más de la mitad de sus electores (55% y 68% respectivamente), Eusko Alkartasuna y Coalición Canaria en torno a la tercera parte (38% y 30%), el PNV e IU al menos la cuarta parte (28% y 25%), y CiU pierde al 7’3%  de sus votantes, partiendo de un resultado históricamente pésimo.

Téngase en cuenta que han votado casi 640.000 personas menos, pero el número de votos efectivos sólo se ha reducido en unos 410.000 sufragios. El número de votos nulos ha mermado en 100.000, tal vez sean los 100.000 hijos de San Luis y, curiosamente, el número de votos en blanco ha disminuido en 120.000, la tercera parte de ellos en Madrid.

La estabilidad del voto del PSOE debe ponerse en perspectiva, pues se mantiene cuando muchos pierden; pero también, desde luego, los incrementos del PP y UPD deben ponerse en esa perspectiva de estabilidad o descomposición de los apoyos del resto de los partidos.

Entre los partidos antes referidos sumamos el 97,5% de los votos. Entre todos han perdido unos 320.000 votantes. Aunque no podemos saber nada todavía sobre nuevos y viejos votantes, podemos suponer que la mayoría de los votantes perdidos ha decidido abstenerse (la mayor parte de los 410.000 tránsitos netos en esa dirección). Es difícil hablar de trasvases sin datos individuales, pero parece razonable pensar que buena parte del electorado que ha abandonado a los partidos en retroceso se ha sumado al PSOE, bien directamente, bien sustituyendo a abstencionistas que hayan optado por el PSOE.  Entonces, necesariamente, el PSOE ha trasvasado otros tantos votos hacia UPD y PP. Algunos habrán cambiado su voto, otros habrán pasado a la abstención, en número parejo a los abstencionistas que hayan decidido votar por las opciones autodefinidas como transversales y centro-derecha. (La excepción más probable es el voto andalucista, que debe haber transitado al PP más directamente). Las cifras aproximadas son estas. Si suponemos que los más de 100.000 votos perdidos por los andalucistas han ido sobre todo al PP, quedarían unos 950.000 votos perdidos por otras minorías que deben, en una proporción muy alta, haber pasado al PSOE. Como máximo teórico, 320.000 han contribuido al incremento de la abstención. Puesto que el PSOE no sube,  es inevitable pensar que los 710.000 nuevos votos de PP y UPD provienen en gran medida de este partido.

Así, en términos de su apoyo absoluto en la sociedad, el PSOE se mantiene constante, cambiando unos votantes por otros. Su apoyo sigue siendo lo suficientemente grande como para conservar una razonable distancia, 900.000 votos, frente a un rival que se beneficia de los votantes que lo abandonan. Al mismo tiempo, el efecto de descomposición de los partidos minoritarios le favorece, con respecto a elecciones pasadas, a la hora de traducir sus votos en escaños. De este modo, pese a que la brecha electoral entre los dos primeros partidos se ha reducido un 25%, la diferencia en escaños sigue siendo la misma. Por eso el PSOE seguirá gobernando, y lo hará con más facilidad. Pero esto no cambia el hecho de que parece haberse puesto en marcha una tendencia que, de continuar, le puede poner en apuros “de onda larga”, de los que no se superan fácilmente en una campaña electoral.

Los votantes perdidos deben ser de ideología moderada y moderados con respecto a los cambios en la política territorial, cercanos al centro en los dos ejes. No es necesariamente cierto que un partido deba perder por alejarse del centro, pero sí lo es que termina perdiendo si los votantes de centro se alejan de él.

Los dos factores que han ayudado al PSOE en estas elecciones pueden no funcionar en el futuro. Uno es la concentración de los votantes que son más de izquierdas y más nacionalistas (periféricos) que el PSOE. El “tsunami” bipartidista es más bien una marea constante, pero no está claro que pueda seguir creciendo:  El 85% de los votos a candidaturas entre los dos primeros partidos este año; pero 81% en 2004, 80% en el 2000, 77% en 1996, 74% en 1993, 66% en 1989, 70% en 1986,  75% en 1982,  65% en 1979, 64% en 1977. La tendencia al bipartidismo es creciente, no es coyuntural. Responde, en gran medida, a los incentivos estructurales del sistema electoral, pero es poco probable que ascienda mucho más, salvo extinción de IU. Y el interludio del CDS muestra que no es imposible que retroceda.

El segundo factor es el sistema electoral. El PSOE tiene apenas un 9,4%, de escaños más que de votos,  pero el PP sólo está sobrerrepresentado en un 7,7%. La ventaja es pequeña, pero no es un resultado típico. Lo habitual es que el PP obtenga una ventaja igual o mayor que el PSOE, derivada en buena parte de la sobrerrepresentación de las provincias más rurales. Un resultado típico podría haber cerrado la brecha de escaños de forma considerable. La conquista de zonas urbanas (Madrid, Valencia, Murcia) ha neutralizado en buena parte este efecto, pues allí el PP experimenta la penalización que ahora bien podría añorar el PSOE. Pero el PP no ha perdido en sus feudos del interior. El retroceso de las minorías, sobre todo en provincias de tamaño intermedio, ha beneficiado al PSOE ahora, pero pequeños cambios pueden cambiar mucho las cosas.

Mirar con cierto detalle lo que ha pasado en la traducción de votos a escaños es materia para otro debate. Sin duda, cambiar las reglas electorales puede ser una estrategia de cara al futuro, pero eso ha sido descartado por el presidente del gobierno hace menos de una semana. Si las reglas se mantienen constantes, el presidente tendrá que pensar cómo evitar que se produzcan más pérdidas de votantes moderados.

Se dice que el PP toca techo con sus diez millones largos de votantes. Pero en el 2000 el PP obtuvo este resultado al tiempo que el PSOE tocaba fondo (en el ciclo), y ahora lo obtiene al tiempo que es el PSOE el que parece haber tocado techo en los once millones. Y hay un tercer partido en medio que suma un tercio de la diferencia. Veremos qué sucede.