Vistalegre o Vistatriste

Senyor_J

Espadas en todo lo alto y máxima tensión en ese duelo a tres listas que enfrenta a los dirigentes de Podemos que, por su dureza, su agriedad y su incongruencia con el buen momento electoral y demoscópico que vive el partido, ha sorprendido a propios y extraños. Podríamos decir que se enfrentan tres maneras de entender el partido, tres lógicas distintas de abordar el momento político y tres modelos diferentes de organización, y los documentos así lo reflejan, pero es innegable que la principal confrontación se sitúa en lo personal y afecta tanto a la manera de ejercer el liderazgo, como al papel que las principales cabezas visibles quieren jugar en el inmediato futuro.

Es posible que los equilibrios internos en Podemos siempre hayan sido frágiles, pero hay que fijar la atención en los distintos puntos de ruptura sobrevenidos, de los que ya hemos hablado en otras ocasiones, para entender por qué las tensiones han llegado tan lejos. No cabe duda de que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón han sido en los dos últimos años las figuras más relevantes de Podemos, especialmente tras la dimisión de Juan Carlos Monedero de la dirección estatal. Pero su convivencia ha sido frágil y repleta de conflictos. Les separó la manera de entender el caso Monedero, pero también las formas de despliegue organizativo fomentadas por Sergio Pascual, mano derecha de Errejón y cesado fulminantemente por Pablo Iglesias para introducir al frente de la secretaría de organización a Pablo Echenique. Los dos Pablos han pasado de la disputa congresual en el primer Vistalegre a la plena compatibilidad, pues no en vano se postulan en una misma lista para seguir ejerciendo sus respectivas responsabilidades. En cambio, los divorcios entre los principales contendientes en esta liza han sido muchos y muy variados Todos ellos han ido generando un poso de resentimiento mutuo que ha culminado en unas diferencias irreconciliables que han propiciado el que cada uno haya recorrido su propio camino por separado, a la espera de que l@s inscrit@s emitan su veredicto.

Íñigo Errejón lleva mucho tiempo desplegando sus propias estrategias internas. A medida que se ha acrecentado el divorcio entre su sector y el de Pablo, ha creado alrededor de su secretaria política y de los restos del equipo de organización de Sergio Pascual una red de apoyos incondicionales que lo consideran la mejor alternativa para liderar Podemos. Dicha incondicionalidad ha contrastado con el temor de Iñigo a ser incapaz de competir con el líder, lo que explica perfectamente el formato elegido para este duelo. Íñigo, sabiendo que la respetabilidad interna de Pablo es muy alta, que su posición es (o era) todavía muy fuerte y que en un partido como Podemos no es nada fácil arrebatar la secretaría general a un líder como Pablo, ha optado por llevar la disputa a la lista del Consejo Ciudadano, arrastrando con ello los documentos de cada lista a una votación separada de todo lo demás. Así las cosas, Íñigo no le disputa la secretaría general a Pablo, sino que se pone al frente de su propia lista al Consejo Ciudadano Estatal aspirando a alcanzar el mayor número de votos recibidos en esa votación en concreto (no olvidemos que en Podemos las listas son abiertas) y también la mayoría en dicho órgano, y acordando una votación separada de los documentos político, organizativo, de igualdad y ético, un formato que también es del gusto de la tercera lista, la de los anticapitalistas. El cálculo de Íñigo, basado en la experiencia de las internas de Madrid, donde sí que ganó el duelo de los documentos, era que este formato era el que mejor le permitía competir, ya que le podía permitir atraer el voto dual (secretario general Pablo y lista ganadora Íñigo, tal y como refleja su polémico cartel de campaña) y el conciliador, sin arriesgarse a una confrontación de 1 contra 1 de resultado mucho más incierto.

Pablo Iglesias, por su parte, ha aceptado todos los órdagos que le ha echado Íñigo, incluso en lo que al formato del duelo se refiere, por lo que también se ha puesto al frente de su lista del Consejo Ciudadano. Convencido de su fuerza interna y confiando en la ayuda que el otro Pablo le pude prestar a través de la secretaría de organización, que no olvidemos que Echenique controla ya desde hace varios meses, ha optado por jugárselo todo, decir que si Íñigo obtiene más votos que él será el líder efectivo del partido y convertir las internas en un plebiscito a su persona. Para los fieles de Pablo, Íñigo es un enemigo a batir y a liquidar, una figura de la que desconfían por haber generado una gran estructura interna con la que las principales cabezas de Pablo no se llevan nada bien y que marca unas líneas estratégicas que están en las antípodas de lo que ellos plantean: es decir, frente al ensanchamiento multidimensional de la base del partido y el posibilismo institucional que defiende Íñigo, reafirmación de un espacio y unas maneras propias, dualidad instituciones&calle, atrincheramiento y ensanchamiento del espacio todo lo que suene fuerza del cambio, incluido Izquierda Unida.

Teniendo en cuenta estos parámetros, resulta más fácil comprender por qué el terreno de juego ha quedado así dispuesto o la brusquedad de acciones como el famoso hashtag #IñigoAsiNo. Pero además hay que tener en cuenta que el partido tiene vida propia y a medida que se desarrolla el choque, pasan cosas que alteran los equilibrios internos y la percepción de los contendientes. Lo más notable ha sido, sin lugar a dudas, el abandono por parte de Carolina Bescansa y Nacho Álvarez del barco de Pablo, tras rechazar el modelo de enfrentamiento impuesto por ambas facciones, fracasar en el intento de fomentar un acuerdo y reclamar que eso no es lo que los inscritos y las inscritas o los ciudadanos quieren. Pero también merece mencionarse el desahogo que se ha marcado el anterior secretario general de Madrid, Luis Alegre, en forma de artículo personal en el Diario.es, donde pone al grupo más allegado a Pablo a bajar de un burro y donde no faltan tampoco las indirectas al sector errejonista. Como además los líderes siempre marcan tendencia, ha empezado a surgir una cierta escuela de seguidores, aunque con algo menos de gracia.

En medio de todo el berenjenal, Pablo e Íñigo han confirmado en sus líneas maestras. El primero, reafirmándose e insistiendo en lo mismo, como si no fuera el principal responsable político de que el partido este eche unos zorros. El segundo, jugando a ser el candidato de la conciliación aunque no tenga ningunas ganas de reconciliarse con nadie y explicando sin ninguna clase de convencimiento por qué compite en la lista del Consejo Ciudadano y no contra Pablo por la secretaría general. Y a su rollo anda la tercera lista, los anticapitalistas, en plena fase de acumulación de fuerzas, esperando obtener el mejor resultado posible en medio de la refriega y sabiendo que al no ser su momento de gloria, su objetivo es ser decisivos en el día después y vender muy caros sus apoyos. Y si de paso a uno de los dos dragones se le apaga su fuego para siempre, mejor, por qué ellos serán el segundo poder y la siguiente alternativa.

Así las cosas, el futuro de Podemos pinta lleno de incertidumbres. Los más optimistas cuentan con una victoria de Pablo, un reajuste interno y aquí no ha pasado nada, pero esa es una versión algo ingenua: si pierde Íñigo, el precio de su derrota será alto, el vencedor se lo va a cobrar y las tensiones seguirán existiendo. Si por casualidad gana Íñigo, ello implica una crisis de liderazgo en Podemos que solo puede desembocar más pronto que tarde en la convocatoria de nuevas elecciones internas a la secretaría general sin Pablo, porque Pablo no es de los que se acomodan en un rol representativo vacío de poder. Y si se llega a un empate técnico, va a ser también complicado salir de él con toda la tensión acumulada. Por lo demás, las encuestas parecen apuntar que la sociedad está esperando a que se resuelva el proceso interno sin restar apoyos en intención de votos, pero seguramente será después de Vistalegre cuando el efecto de todo esto evidencie sus principales consecuencias.

Y entre proceso interno de Podemos y proceso interno de PSOE, Albert Rivera saca tripa liberal y Mariano Rajoy se sigue fumando sus puros muy tranquilamente.

2 pensamientos en “Vistalegre o Vistatriste

  1. Desgraciadamente tenemos que atender atónitos a como la izquierda (o como le quieran llamar ellos) se destripa a sí misma una vez más. Mientras, como el autor tan acertadamente dice, el bipartidismo y su nuevo partido muleta se deben de estar riendo de lo lindo, y con razón. Hay una frase que creo es de Jose Luis Cuerda que viene al pelo, “a las derechas las une el capital, a las izquierdas las separan los matices”. Y así nos va.

  2. Pablo Iglesias aparece con una valoración de 2,87 según el CIS, muy por debajo de Xavier Domenech , Javier Fernández o el incombustible Mariano.
    Esto no impide que la proyección de voto de Podemos siga creciendo.
    Podemos trasciende a sus líderes iconoplastas porque es la marca de los humillados y ofendidos; sirve de termómetro para medir la ira y el rencor de toda una generación con más de un 40% de paro.
    Acabo de ver la lista de los candidatos vascos a la dirección de Podemos: nada que decir. Desconocidos Unidos.
    Al igual que los candidatos de las anteriores elecciones. El nombre lo es todo.
    Si esto es así -y creo que es así- nada importa Vista Alegre ni la insustancialidad de los tres años de Podemos.
    El problema sigue siendo el PSOE y los mitos que le acompañan.

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