Vísperas

Arthur Mulligan

Una de las consecuencias más desagradables de la globalización es constatar cómo la conciencia de los límites de la política, lejos de progresar, disminuye espoleada por los nuevos evangelistas de la ilusión ( “ proyectos ilusionantes “  dicen ) con un fuerte contenido populista.Cuánto más ilusionantes sean las promesas en la competición electoral, mayor será la desafección, desilusión, indignación, etc. de los ilusos. En principio, que suceda asì no compromete los mecanismos endógenos de la política, incluyendo la fatiga debida a  un mal funcionamiento, por desgaste o falta de adecuación a nuevas exigencias, sino más bien al exceso de ilusión que proporcionan los concursos de promesas electorales y su expansión entretenida por los medios.

En tiempos de crisis hay que volver la mirada hacia los clásicos del pensamiento político y ver qué podemos aprender de su vigor, no olvidando, por ejemplo, que ningún estado se rige por la virtud de sus ciudadanos sino por una constitución que establece normas de conducta.

Estas normas  en ningún caso  pueden interpretarse como un sistema jurídico nominalista que  se rellena con cualquier contenido, como desgraciadamente nos vienen acostumbrando desde hace ya bastante tiempo esos irresponsables aventureros que gobiernan Cataluña.

Afortunadamente, el derecho que informa nuestra Constitución y su desarrollo es una agregación de sólidos criterios compartidos que elude significaciones ambiguas y trata de asegurar los mejores valores europeos de justicia y libertad.

Cuando se dice que el estado detenta el monopolio de la violencia -una obviedad  en nuestros días – la sensibilidad democrática asociada a nuestro modelo añade la necesidad de su legitimación y también los controles para su uso, de modo que cabe determinar cuánta fuerza se debe utilizar en cada momento.

Por otra parte, el monopolio de la violencia no se asemeja a un almacén que recoge armas de la población potencialmente peligrosa para permanecer luego inerte ante  las provocaciones de todo signo; es, sobre todo, el eficaz administrador de una fuerza pública que restaura el orden legal impidiendo la impunidad de quienes trasgreden las leyes.

En general, los grandes pensadores como Maquiavelo, Hobbes, Vico, etc., despliegan en sus análisis una visión realista ( pesimista ) de la naturaleza humana, y desarrollan sus teorías a partir de la constatación de la necesaria contención de la suma de los impulsos negativos que se acrecienta con la asociación de los individuos.

El estado que desatienda de manera pusilánime esta obligación lo paga caro porque no hay nada que la pueda sustituir, aun cuando la razón práctica recomiende  el enmascaramiento en forma de diálogo, negociación o buenas intenciones. Es el “speak slowly and carry a big stick“ de los clásicos americanos.

A la contrapolítica  de la acción de gobierno, en sí misma deseable, le sustituye en nuestros días la antipolítica en forma de un descarnado populismo, imponiendo con frecuencia un imposible cortoplacismo que reduce los debates a la personalización de un emotivismo excesivo y que concluye  por lo general en la sobreactuación de un antagonismo que versa sobre un excelso interés general ajeno en el fondo a la desconfianza sistemática de grandes masas enfangadas en la cotidianidad.

En la actual tesitura, la errática posición de los socialistas sobre la cuestión nacional – claramente percibida en los debates previos al último congreso – queda sin resolver y oscila entre la exaltación desmesurada de una gigantesca bandera española en un mitin, hasta el acomplejado mutismo ante los discursos, que utilizan formas primitivas de adhesión al país, como es evidente en las calles y plazas de Cataluña.

En lugar de purificar el sentimiento nacional de sus adherencias indeseables y convertir esa pasión humana en algo compatible con la convivialidad manteniéndola lo más ajena posible al nacionalismo y también, de paso, a un pagano culto al estado, deberían haber tratado de transformar esa energía de connotaciones equívocas en una fuerza política constructiva, favorecedora de la unidad europea.

Pero no ha sido así y pagamos las consecuencias de un ensimismamiento por lograr un puesto en el anodino escalafón.

Huir de cualquier mito de primacía nacional debería acercar a  todos los españoles en esta hora aciaga para poder cantar una vez más los emotivos versos de Celaya  o de Ausias March que aquí les acompaño:

https://youtu.be/eH3DeBln0Hs

https://youtu.be/JEpKnkhTj-0

(Me temo, no obstante , que todo esto terminará con una adaptación del aria   “Addio, del passato “  a una espléndida  Forcadell  plena de bravura.

Addio, del passato bei sogni ridenti,

Le rose del volto già son pallenti; L’amore d’ Carles pur esso mi manca, Conforto, sostegno dell’anima stanca Ah, della traviata sorridi al desio; A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio, Or tutto finì.

Le gioie, i dolori tra poco avran fine, La tomba ai mortali di tutto è confine! Non lagrima o fiore avrà la mia fossa, Non croce col nome che copra quest’ossa! Ah, della traviata sorridi al desio;

A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio.

Or tutto finì!

Traducción 

Adiós, bellos recuerdos del pasado, las rosas de mis alegrías están marchitas y el amor de Carles todavía me falta. ¡Consuelo, sostén del alma cansada!. Compadécete del deseo de la extraviada.

¡Perdónala y acógela, Señor! Todo ha terminado ya. Alegrías y dolores pronto acabarán ¡Ni flores ni lágrimas tendrá mi tumba! Ni una cruz con mi nombre cubrirá en ella mis huesos. ¡Ah!. ¡Sonrío a la mujer perdida!.

Señor perdóname, recíbeme cerca de Ti. Todo ha acabado. )
https://youtu.be/CmcG8fcVWkk