Villancicos

Senyor_J

Llegados a este momento del año, lo mejor sería olvidarnos de la política, disfrutar de las festividades de la forma que creamos más conveniente y cantar algún villancico. Esto último tal vez eche para atrás a más de uno, en la medida que esas cosas parecen más asociadas a los pequeños de la casa, pero ello no debe desanimarnos. Tampoco debe desmotivarnos lo absurdo de las letras de dichos villancicos: difícilmente podemos asumir como premisas racionales el que los peces beban, beban y vuelvan a beber ad infinitum; o que porque una burra vaya para Belén alguien se tenga que remendar; o que sea posible peinarse entre cortina y cortina, por muy Virgen que se sea: lo más probable sería que se hiciera un destrozo en el pelo con la cortina de por medio. Todo lo que hay que hacer es olvidarse de los pecados del letrista responsable de tales ocurrencias y centrarnos en la música, con el fin de celebrar a grito pelado que un año acaba y otro comienza.

Porque hemos tenido un año muy intenso en lo político y muy repleto de malas noticias. Mires hacia donde mires, las cosas no han ido demasiado bien. Olvidándonos del Brexit y del referéndum italiano, donde no estaba nada claro si era mejor el remedio que la enfermedad, mirando hacia el norte tenemos la reedición del rajoyato, hacia el sur el nuevo trumpirato, hacia el este las ruinas de Siria, hacia el Oeste el terrorismo de corte islamista… Cuesta recordar alguna buena noticia: ¿consideraremos como tal que en Austria hayan salvado los muebles por los pelos? Difícilmente…

En nuestra pequeña península vivimos estos días en plena fase de sedimentación de la nueva realidad hispana. Dicha realidad se puede resumir en pax derechana y guerra civil en las alas izquierdas del hemiciclo. Con semejante espectáculo cuesta imaginar cuánto tardaremos en escapar del agujero del rajoyato pero podemos ir adivinando que no sucederá en breve. Toca esperar a que se detengan los palos y descubrir después quién es The Last Man Standing para seguirle por la senda que nos marque. Dicen que a lo mejor no es un Man sino una Woman llamada Susana Díaz, que vendría a ser algo así como una Merkel andaluza con ganas de ampliar su imperio hacia el conjunto de España, pero ya veremos.

En Cataluña todo sigue como siempre. Ahora las fuerzas catalanistas han encontrado una nueve fuente de unidad en el referéndum, lo que denota por donde van las intenciones de los altos cargos procesistas: un paso atrás para tomar impulso y hasta dos o tres si el PP se pone un poco más simpático, que al fin y al cabo es imposible mantener la tensión indepe de forma indefinida sin que la CUP te acaba amargando la vida y Junqueras tomándote el gobierno. Con la solución española criando malvas, gracias a los insuficientes resultados de las fuerzas del cambio y lo complicado que se está poniendo el panorama de Podemos, no es tiempo de épica sino de estética. Insisto, si el PP se pone simpático: si se pone borde, aquí puede pasar de todo.

Y este año también ha sido el año de las muertes. Han muerto Leonard Cohen, Prince, David Bowie o George Michael, que en tanto que seres de carne y hueso no tenían otra opción que morirse, pero también han muerto objetos materiales, como los destruidos en Siria, e incluso elementos inmateriales. De esto último me viene a la cabeza El último tango en París, esa película que llevaba a los españoles más allá de su frontera para contemplar los cuerpos desnudos de Marlon Brando y Maria Schneider. Y ha muerto con motivo de unas declaraciones de Bernardo Bertolucci realizadas hace algunos meses, que por lo visto evidenciaban, de acuerdo con algunos titulares, que Schneider había sido violada por Brando en la famosa escena de la mantequilla. ¿Violada? Bueno, lo cierto es que en modo alguno sucedió nada de lo que comúnmente asociaríamos a una agresión sexual sino que todo fue simulado. Ahora bien, dicha escena no estaba en el guión y se llevó a cabo a iniciativa de Brando, quien se la sugirió a Bertolucci una mañana mientras untaba una tostada. Schneider desconocía que no tenía ninguna obligación de grabar esa escena al no encontrarse en el guión y por su parte Bertolucci quería provocar en ella una reacción espontánea ante lo sórdido de la escena. Según la versión difundida en parte por la actriz, en parte por los medios, dicha grabación le ocasionó un trauma que le impidió volver a grabar desnudos en el cine y la convirtió en una drogodependiente hasta su muerte. Todo ello, revisado este año que se acaba, ha derivado en la condena popular de Bertolucci y en el refuerzo de la noción cada vez más extendida de que el hombre no es un lobo para el hombre, sino para la mujer, sin más matices. Y a ver quien cuestiona tales conclusiones bajo riesgo de salir vapuleado…

Lo dicho, mejor cantar villancicos y si escuchan “El 25 de desembre fum, fum, fum”, recuerden que no han de llamar a los bomberos.