Vientos de unidad

MCEC

Soplan vientos de unidad y está bien que así sea. Ante el renovado chantaje terrorista sólo cabe la unidad de todos aquéllos que consideran que la violencia no tiene cabida en un sistema democrático. A la reunión del lunes en Moncloa entre el Presidente y el líder de la oposición, seguirán hoy los contactos del Presidente con los portavoces de todos los grupos parlamentarios del Congreso (excepto el Popular, ya informado), y luego los que sostendrán con el Ministro del Interior, de carácter más técnico. La confrontación política crispada que ha presidido todo lo relacionado con ETA desde que Zapatero ganó las elecciones no auguraba nada bueno. Desde la perspectiva del Partido Popular resulta difícil confiar en un Presidente que desoyó sus advertencias sobre la ilegitimidad de entablar un proceso de paz y la fuerte probabilidad de que no llegara a buen puerto. Estiman que el PSOE, rehén de nacionalistas radicales, ha quebrado el Pacto Antiterrorista y que ZP, comúnmente aludido como zETAp, estaba (y seguramente seguirá estando) dispuesto a entregar la autodeterminación y la territorialidad (Navarra) a Euskadi.

Desde las demás bancadas la perspectiva es bien distinta, pero igualmente desesperanzada respecto a la posibilidad de reeditar un frente demócrata unido y sólido contra el terror. En mayor o menor medida, los demás partidos políticos consideran que el PP ha manipulado el terrorismo para desgastar al PSOE, anteponiendo sus intereses partidistas a los del Estado. Los más “radicales” subrayan que fue Zapatero quién propuso el Pacto Antiterrorista, pese a lo cual no fue convocado del 11 al 14-M para abordar el mayor atentado de la historia de España. Y subrayan la avalancha continua de insidias, injurias y calumnias proferidas desde la derecha durante los últimos tres años a propósito del entusiasmo y disposición de Zapatero para romper España y darle a ETA todo aquello por lo que murió tanta gente; avalancha ahora refutada completamente por la vuelta de ETA a sus asesinas andadas. Los de memoria más larga se remontan incluso a cuando el PP se desmarcó del Pacto de Ajuria Enea reclamando el cumplimiento íntegro de las penas por terrorismo, algo completamente legítimo, pero mucho más eficaz si previamente consensuado.

Pero los dos líderes han sido capaces de aparcar su desconfianza mutua e instintos vengativos para escenificar lo que la opinión pública demandaba abrumadoramente. Y es de esperar que hoy en el Congreso las demás fuerzas políticas se sumen al consenso democrático. Como también lo es que en los contactos técnicos con el Ministro del Interior sean todos capaces de solventar las diferencias tácticas y materializar un marco de principios firme e inclusivo del que sólo queden excluidos los violentos.

El PP querría instar la ilegalización de ANV y el PCTV desde anteayer mientras que ERC, PNV y quizás también CiU e IU, desearían añadir la disposición a reformar la Constitución una vez desaparezca la violencia. Como le vendría bien a Zapatero y al PSOE que se reafirmara la disposición a abordar un fin dialogado de la violencia si se dieran las condiciones apropiadas para ello.

Pero nada de eso es esencial. Lo único esencial es que una banda de criminales que ha dado demasiadas muestras de efectividad en el pasado ha renovado su amenaza al resto de la sociedad. Y la sociedad debe agruparse para rechazar el chantaje y defender la democracia. Así que lo apropiado es llegar a un acuerdo de mínimos pero sólido, en el que quepan todos.

Creo que es perfectamente compatible desear dicho acuerdo y al mismo tiempo tener la certeza de que, en cuanto calcule que le conviene electoralmente, al PP no le dolerán prendas y volverá a incluir el terrorismo como arma partidista. Aun a riesgo de pecar de equidistante, creo que alguien encuadrado en el grupo de críticos de ZP y “su” proceso de paz, puede también coincidir en el deseo y aun así tener la sospecha de que si Zapatero vuelve a ganar, volverá a intentar abordar un fin dialogado de la violencia etarra.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. Empezamos a leer y a escuchar voces antaño entusiastas y ahora críticas con el Gobierno por haber cedido al PP, por haberse acobardado, que advierten de que el pueblo siempre preferirá el original de la dureza antiterrorista pepera a la firmeza de un Zapatero reconvertido. No son en absoluto equiparables ni en el fondo ni en la forma pero, en paralelo, los insultos antaño dirigidos al anticristo empiezan a redireccionarse contra los responsables del lifting de moderación al que se ha sometido el PP.

Al contrario, considero que Zapatero está haciendo no sólo lo correcto sino también lo que más le conviene desde un punto de vista partidista. Zapatero apostó por el fin dialogado de la violencia con condiciones y su apuesta recibió el aval mayoritario de la opinión pública española – especialmente la vasca – que ni siquiera el rosario de manifestaciones organizadas por el PP consiguió esconder. La apuesta no ha sido ganadora, al menos en esta ronda, y es posible que nunca se den las condiciones como para que haya más. Pero creo que la opinión pública entiende que las circunstancias eran propicias y que el fracaso tiene relación directa con la firmeza demostrada por Zapatero respecto a los principios. Por tanto, no creo que la opinión pública vaya ahora a castigarle por el mismo fracaso por el que antes no se les hizo pagar ni a Felipe ni a Aznar.

En cambio, sería duramente castigado si frente a la amenaza etarra se empeñara en seguir resaltando su disposición al diálogo que, como sabemos, exige un interlocutor dispuesto, hoy inexistente. O si frente a la ofensiva terrorista siguiera denunciando la deslealtad pasada del PP, que será rápidamente presa del olvido colectivo si lamentablemente se cumplen las peores predicciones y vuelven a estallar bombas y sonar disparos. Como también sería castigado el PP hasta por los menos adeptos a Zapatero si, frente a la materialización de la violencia, insistiera en la irresponsabilidad pasada de Zapatero o su disposición a la traición, mientras Zapatero se encarga él sólo de hacer frente al terror.

Esperemos que ETA recuerde que fue ella misma la que llegó a la conclusión de que la violencia era contraproducente para sus fines y limite la aplicación práctica de su renovado chantaje. Y sobre todo, que las fuerzas de seguridad sean capaces de impedir sus desvaríos, como debería ser el caso tras varias décadas de experiencia y amplios recursos materiales y económicos dedicados a la lucha contra ETA. Pero obviamente, debemos contemplar también la peor hipótesis, la de que ETA tenga la voluntad y la capacidad para emprender una nueva campaña de sangre y fuego, con golpes dolorosos y continuados en el tiempo. Campaña que, estoy convencido, sería sin duda la última porque, como ya escribí en este foro la semana pasada, cada vez que ETA ha roto una de sus treguas, el resultado ha sido dolor para los demás pero mayor debilidad política y material de ETA.

Tanto si la ruptura de la tregua es un movimiento más bien táctico, un amago para tratar de retomar las negociaciones desde una posición de mayor fuerza, como si es un suicidio de ETA en toda regla, la unidad democrática contra el terrorismo tiene también la virtud de centrar el debate político en el resto de cuestiones políticas trascendentales, que demasiado frecuentemente quedan oscurecidas. Dejar la lucha antiterrorista fuera del debate política permitirá a la ciudadanía concentrarse durante los diez meses que quedan en el examen de las propuestas para la próxima legislatura. Y también, y esta es la principal razón por la que el interés general de la democracia coincide con el partidista del PSOE, en el balance de la legislatura que empieza a terminarse. Porque el balance es eminentemente bueno, incluso histórico en algunos capítulos como el económico o la extensión de derechos civiles, sea el matrimonio gay o la ley de dependencia.

Si continuara la pugna crispada sobre ETA, sus atentados, las traiciones, las deslealtades, los cinismos, los dobles raseros, etc., la campaña electoral sería un infierno insoportable que no oscurecería completamente los logros de Zapatero I, que son su mejor aval para convertirse en Zapatero II.

Así que ánimo a los amenazados, que en mayor o menor grado somos todos, que por una vez y sin que haya muchos precedentes, nuestros líderes parecen dispuestos a hacer lo correcto, unirse frente al terror. Y también un abrazo de confianza a los temerosos de que ello pueda provocar la vuelta al Gobierno del partido que se ha distinguido por oponerse a todo y a todos y hacerlo a mentira en grito. Porque en este caso, los vientos de unidad son lo correcto y además lo más conveniente para reeditar una mayoría electoral de progreso.