Viento de cola… y sin embargo

LBNL

Me refiero, por supuesto, al monotema (temporal) de este blog: la elección a Secretario General del PSOE. Desde que Rubalcaba volvió a pegársela en las urnas y cedió finalmente a la presión, pero convocando un Congreso extraordinario  en vez de adelantar las primarias, han pasado varias cosas y casi todas buenas. La primera, obviamente, que Eduardo Madina forzara la elección directa del nuevo Secretario General por todos los militantes, si bien su demanda le convirtió paradójicamente en sospechoso de connivencia con el aparato de Ferraz. La segunda, que han sido tres los pre candidatos que han logrado recabar el número de avales suficiente para presentarse, a diferencia de lo que pasó en Andalucía, por ejemplo donde, recordémoslo, gracias a su dominio del aparato, Susana Díaz consiguió ser elegida sin oposición. Me habría gustado un número todavía mayor de candidatos y una elección a dos vueltas, pero no hay color entre dónde estamos y lo que inicialmente dispuso Rubalcaba. La tercera, que finalmente habrá un debate entre los tres candidatos, como debería ser ineludible pero lamentablemente no lo es en nuestra limitada cultura democrática.

Y sin embargo… Según todas las informaciones que van apareciendo – incluidos los excelentes análisis de días pasados en este foro – la movilización de la militancia ha sido hasta la fecha cuando menos limitada y en gran medida subordinada a los aparatos provinciales y autonómicos que, liderados por Susana Díaz y con la inestimable ayuda de los “Blanco boys” de Ferraz, han maniobrado activamente para respaldar a Pedro Sánchez. Por otra parte, como también se ha criticado desde aquí, las propuestas de los candidatos no resultan todo lo atractivas y diferenciadas que sería deseable. Está bien que todos se muestren a favor de anular o al menos enmendar el Concordato con el Vaticano, recuperar las bases del Estado del Bienestar y abrir el partido a la sociedad, pero estaría todavía mejor si profundizaran un poco más y nos explicaran cómo pretenden hacerlo, de forma que resultara más convincente. En este sentido, que tanto Madina como Sánchez nos prometan la anulación de la última reforma laboral (del PP) no es demasiado satisfactorio, especialmente si recordamos la huelga general contra la anterior reforma del Gobierno de Zapatero. Es decir, todos de acuerdo con que el PP ha ido demasiado lejos, pero no queda claro hasta dónde proponen retrotraernos, porque la recuperación de la indemnización por despido improcedente de 45 días por año trabajado con un máximo de dos anualidades (de origen franquista) no parece ni deseable ni factible en la coyuntura económica actual y previsible a medio plazo. Desandar el camino en educación y sanidad públicas sí parece deseable, pero habrá que explicar cómo se van a financiar las partidas presupuestarias recortadas. Con crecimiento económico y una fiscalidad más progresiva. De acuerdo, pero me gustaría conocer sus planes para estimular aquél.

Donde sí veo mayor concreción es en el ámbito orgánico, es decir, de funcionamiento interno del partido. El candidato de Izquierda Socialista ha sido el único que se ha comprometido a no presentarse a las primarias para elegir al candidato a la Presidencia del Gobierno. Es cierto que dadas sus escasas opciones, tal compromiso no tiene apenas coste. De los otros dos, Madina se ha significado con claridad meridiana sobre el mantenimiento de las elecciones primarias en la fecha y con el formato previstos, es decir, abiertas a los simpatizantes. Y añade una serie de medidas absolutamente saludables sobre la limitación de mandatos y la no acumulación de cargos. En particular, menciona algo que yo he venido reclamando desde hace tiempo porque me parece estructuralmente esencial por más que parezca una cuestión puramente burocrática o de procedimiento. Se trata de que la cascada de congresos locales, provinciales y federal tengan lugar precisamente en este orden y no en el inverso, como ahora, para que pueda haber renovación de abajo a arriba y no diktat vertical, como hasta ahora. Por ejemplo, otro gallo muy diferente nos habría cantado si después de las elecciones de noviembre de 2011, se hubieran reunido las asambleas locales para confirmar o renovar a sus respectivos Secretarios Generales, luego las provinciales y finalmente hubiera tenido lugar el fallido Congreso de Sevilla. Es muy posible que hubiera habido más candidatos, pero sobre todo, que los delegados que pudieron votarles hubieran representado mucho más fielmente el sentir de la militancia post elecciones. Frente a la claridad de Madina, a Sánchez no le he oído nada parecido, quizás porque los que le apoyan no son partidarios de repartir el poder interno que detentan.

Habrá que esperar al debate y verlo – en diferido dada la hora programada – con atención. Con todo, parece probable que sea Pedro Sánchez quien resulte finalmente elegido. Y no habrá motivo de queja, con independencia de la simpatía o repelús que nos cause a cada uno el nuevo Secretario General y sus acólitos. Ahora bien, tanto si es él como si saltara la sorpresa y la militancia finalmente hiciera uso de sus nuevos poderes y revirtiera la ventaja que le lleva a Madina, al nuevo Secretario General y a su nueva Ejecutiva – los dos han declarado que desean que sea “de integración” (habrá que ver cuánta) – le espera una ardua tarea para reedificar el partido y reconvertirlo en una opción atractiva y prometedora para la ciudadanía.

Una cara nueva era una condición sine qua non, pero no suficiente. Hace falta un discurso nuevo, adaptado a las circunstancias. No está en duda el trazo grueso – la lucha por la igualdad de oportunidades – pero sí como llevarla a cabo  en un contexto muy complejo. De la misma manera, está muy bien eso de mostrarse favorable a las consultas “nacionalistas” siempre y cuando tengan lugar de acuerdo con la Constitución, pero el nuevo PSOE tendrá que responder al desafío que realmente se plantea, posicionándose completamente en contra (y perdiendo definitivamente el tradicional caladero de votos catalán), a favor (hundiéndose en el resto de España), o encontrando una forma más efectiva y menos costosa de seguir nadando entre dos aguas para dejar de hundirse en ambas, como ha venido siendo el caso hasta ahora.

Para un viaje tan complejo yo tengo bastante claro a quién prefiero: a Edu Madina, por la simpatía y confianza personales que me inspira, la mayor claridad de sus propuestas orgánicas y por las credenciales tan negativas de los que apoyan a Pedro Sánchez.