Vergüenza ajena

LBNL

Por avatares del destino, hace tres semanas salí de España y ahora resido y trabajo en un país cercano. A algunos les cuento que me quedé en paro y tuve que escapar de la crisis. A otros que estaba harto de la situación político-institucional-social de España y que me he exiliado. Y a los menos, que tenía una oferta irrechazable para un puesto soñado. No son versiones incompatibles, al contrario, las tres son ciertas. He tenido la inmensa suerte de que me ofrecieran un trabajo ideal para mi experiencia y deseos pocas semanas después de quedarme en paro en un país que me estaba provocando un asqueo creciente.

En mi nueva ciudad, asediada por la nieve casi desde que llegué, apenas se oye hablar de la crisis o de la prima de riesgo pese a que cierran algunas fábricas y hay rumores de recortes salariales. Los políticos no son jauja pero los periódicos no están centrados en los escándalos que provoca su mal hacer. Y la gente vive con mayor o menor fortuna pero centrados en sus quehaceres diarios y sus familias. Como debe ser.

Mi nuevo trabajo no me ha dado respiro hasta hoy mismo pero, yonki de la política como soy, he seguido conectado, con menor intensidad a la actualidad de nuestro país, siempre empeorando. No me refiero a la crisis. Estamos tan mal económicamente que no creo que España pueda empeorar mucho más sin estallar, algo que seguirán evitando el Banco Central Europeo con sus préstamos a nuestro quebrado sistema financiero, y la Comisión Europea con sus prórrogas sobre el calendario español para reducir el déficit.

No, obviamente me refiero al deterioro institucional, que ya era preocupante pero que ahora, desde la distancia y rodeado de instituciones que funcionan, ha dejado de producirme asco para darme vergüenza ajena.

En los ámbitos en los que me muevo, todo el mundo está de acuerdo en que Grecia es un país en el que la corrupción es generalizada. Los primeros, los griegos que se encuentran por estos lares. El problema es que a la luz de los últimos escándalos, ya no estoy seguro de que España no se encuentre a un nivel similar.

Repasemos un momento. Convergencia tiene su sede embargada y varios de sus dirigentes, ex dirigentes y familiares de los mismos, protagonizan portadas y sumarios a cuenta de su, cuando menos, comportamiento poco ético cuando no directamente delictivo. Unió, ahora enfrentada a su aliado, acaba de ser condenada por financiarse robando fondos europeos destinados a la formación de desempleados. Esta coalición electoral, ganadora de las elecciones catalanas, es la que acaba de suscribir una declaración de soberanía propiciada especialmente por el supuesto maltrato fiscal que recibe Cataluña. Es posible que haya que ajustar los saldos fiscales pero desde luego no antes de que quienes los denuncian mientras roban a los contribuyentes catalanes den con sus huesos en la cárcel.

En la capital supuestamente maltratadora, la cosa no está mucho mejor. El Vicepresidente de la Comunidad, designado a dedo por su predecesora, acaba de comprar un piso de lujo en una urbanización de lujo a una sociedad radicada en el paraíso fiscal de Delaware que en realidad pertenece a otra sociedad radicada en no sé qué otro paraíso fiscal. Lo ha comprado a un precio inferior al que se suponía costaba y sólo después de que un juzgado haya reabierto la investigación sobre la anomalía que suponía que llevara varios años alquilándolo a un precio irrisorio para las condiciones del pisazo en cuestión. Este tipo tiene a varios hermanos y cuñados colocados en el Canal de Isabel II, empresa pública que pretende privatizar imitando el modelo ya ensayado con Tabacalera y Argentaria, por ejemplo, de tal manera que los amigos del cargo público de turno, en aquel caso Aznar, queden blindados como jefes de un gran emporio privado que antes era de todos.

Y también es el mismo que hace ya un par de años apareció en un video con bolsas de basura blancas en Cartagena de Indias, o quizás no, quizás fuera el a la sazón Consejero de Seguridad, el ínclito Granados, que ordenaba espionajes ilegales a gente de su propio partido, en cuyo caso González fue el que se había ido a Sudáfrica de vacaciones con todos los gastos pagados por un empresario amigo. No recuerdo quién pecó de qué, pero da igual, especialmente dado que llegaron al Gobierno autonómico tras una campaña organizada por las empresas de eventos de la trama Gürthel, pagada para más inri a través de una Fundación, Fundescam, alimentada con donaciones de empresarios modelo como por ejemplo Díaz Ferrán, otro ladrón de tomo y lomo que sin embargo presidía la confederación de empresarios.

Lo más alucinante es que la jefa de todos ellos, que tuvo que “dimitir” a su mano derecha y a varios altos cargos de su partido por haberse forrado con comisiones de Gürthel, se permite todavía pedir un fiscal interno contra la corrupción en el partido a raíz del hallazgo de que el ex tesorero tenga cuentas en paraísos fiscales con saldos millonarios, que quizás provengan de su alianza mercantil con su antecesor en el cargo, no condenado judicialmente en el caso Naseiro porque las escuchas telefónicas absolutamente incriminatorias que provocaron su procesamiento fueron declaradas ilegales.

Lo mejor que se puede decir de esta banda es que son más hábiles que la banda catalana anterior porque roban más y además lograron hace algunos meses imponerse a la otra en las negociaciones con el gangster Adelson, al que están preparando el terreno enmendando todo tipo de leyes para que su pelotazo de casino, nunca mejor dicho, salga rentable. Seguro que no van a cobrar comisión alguna por ello.

El PSOE debería salirse en las encuestas, porque además de todo lo anterior, los mencionados son pésimos gestores que siguen recortando servicios sociales y condiciones laborales sin resultado alguno. Pero no. Por muchas razones, incluida la falta de propuestas económicas alternativas y la falta de atractivo de su liderazgo, pero también porque en todas partes cuecen habas, aunque resulten irrisorias en comparación a los atracos millonarios mencionados.

Por un lado está el escándalo de los EREs andaluz, con altos cargos decidiendo arbitrariamente a quién donar fondos públicos sin dar cuenta a nadie, y menos aún cuando se los gastaban en beneficio propio. Y por otro, por si acaso alguien podía tener la tentación de pensar que no todos los políticos son iguales, salta ahora el escándalo de Mulas, que facturaba a la Fundación IDEAS que dirigía, artículos de él y/o su mujer firmados con pseudónimo.

No recuerdo ninguna idea brillante surgida de IDEAS en los últimos años. A juzgar por la creatividad de David Mulas para cobrar un sobresueldo, es de suponer que alguna habrán tenido, que quizás hayan guardado para su círculo íntimo o que a lo peor no han sabido comunicar. Caldera le ha cesado fulminantemente y le ha exigido la restitución de los 50 mil euros cobrados indebidamente. Bravo por él, de cuya honestidad no tengo duda y de quien me consta su buen desempeño como Ministro, aunque quizás debería asumir la responsabilidad por haber confiado la fundación a un truhán.

Da igual que Mulas no haya robado técnicamente, porque los artículos existieron, o que su mujer haya declarado los ingresos como propios, en cuyo caso no habría delito fiscal, como también que la cantidad sea pecata minuta comparada con las que roban los de Génova y los catalanes. Lo peor de todo es que, una vez saltado el escándalo, Mulas haya pretendido mantener la ficción de que existía una persona real tras el pseudónimo registrado mercantilmente por él mismo, a la que dice que sólo había visto una vez físicamente. Es sintomático del clima de impunidad. Aunque me hayan pillado con el carrito del helado, me atrinchero hasta que pase el temporal y aquí paz y después gloria. Como la pléyade de genoveses a los que no les consta el pago de sobresueldos en la cúpula del PP desde hace años, reconocida por el ex diputado Trías de Bes. O Durán, que no sabía nada del robo de fondos o Mas, cuyo padre tenía una cuenta en Suiza que no tiene nada que ver con las comisiones cobradas por Convergencia.

En fin, que si me ofrecieran un buen trabajo en España con un buen sueldo, cosa que obviamente no va a pasar, no volvía ni arrastras. Eso sí, voy a tener que empezar a hacer como mis amigos griegos y ponerme al frente de la denuncia y denostación pública de mi propio país para evitar que me confundan con semejante ralea.

Y todavía se queja Guindos, ex de Lehman, Ministro de un país semi rescatado y probablemente pronto rescatado del todo, y perteneciente a un Gobierno de un partido absolutamente corrupto, de que tengamos poco peso en las instituciones europeas encargadas de gestionar la salida de la crisis del euro. Y menos que nos merecemos.