Vencedores y vencidos

Aitor Riveiro

En 1964 el régimen de Franco celebró los 25 años de su particular “Paz�, tratando de convertir aquella efeméride en una suerte de reconciliación nacional en la que se buscaba un sólo objetivo: dar la sensación de que no había (ni hubo cinco lustros atrás) vencedores ni vencidos.

Pero los hubo, claro que los hubo. Pese a que el régimen trató por todos los medios de hacer ver a la ciudadanía que realmente se cumplían 25 años de paz, en la conciencia de la gente la realidad era muy diferente; pese a que, como el Gran Hermano, intentaran reescribir la Historia, la memoria colectiva fue capaz de soportar la vehemencia de los discursos y los desfiles que Muñoz Molina describió así a través de los ojos de un niño de 7 años: “Una vez hubo desfiles de soldados con botas y correajes relucientes y bandas de música, y se inauguró un parque, y la ciudad se llenó de carteles con una foto de Franco sonriente, sentado en un sillón rojo y dorado como un trono. En los carteles, en las banderolas, en las pancartas que colgaban de las calles, se repetía el mismo letrero: 25 años de paz�.

Y ahora los hay, claro que los hay. La existencia de vencedores y vencidos no la marcan los discursos, los desfiles, las pancartas gigantes, los carteles inmensos, ni los libros de Historia. El vencedor, como el enamorado, lo sabe y nosotros tenemos que tener muy presente que hemos ganado.

La banda terrorista ETA ha asesinado a más de 800 personas desde su creación para conseguir un único objetivo: la independencia de esa entelequia mesiánica que ellos llaman Euskal Herria. Si exceptuamos la primera tregua (establecida en 1981 por ETA Político-militar y que concluyó con el abandono de la violencia terrorista por parte de sus integrantes), las restantes fueron treguas “dictadas� por una ETA con un gran poder en el País Vasco: gran capacidad electoral, gran capacidad extorsionadora, gran capacidad de ocultación en Francia y gran capacidad de reclutamiento. Incluso la tregua de 1998 vino de la mano del Pacto de Estella-Lizarra (firmado entre el llamado nacionalismo vasco democrático y ETA) y con un mensaje más dirigido a Euskadi y a sus partidos que al gobierno de Aznar, que aún así se prestó a una legítima negociación.

Todos sabemos cómo acabaron aquellas treguas. ¿Por qué hemos de esperar que en esta ocasión sea diferente? En primer lugar, ETA lleva más de 1000 días sin matar, porque no ha querido o porque no lo ha creído conveniente (matar es, por desgracia, algo sencillo), pero lo ha hecho. En segundo lugar, los terroristas no cuentan ya con el que se llegó a denominar “santuario francés� (demostrando una vez más lo tergiversador que puede ser el uso del idioma por parte de los periodistas), gracias a la colaboración que, sobretodo a partir del golpe de Bidart, han mantenido España y el país galo. En tercer lugar, la hucha de ETA está vacía, lo que explicaría el incremento de presión sobre el empresariado vasco y navarro de los últimos meses, en una especie de huída hacia adelante de la banda. En cuarto lugar, la base social de ETA se ha reducido a mínimos en Euskadi, sin representación directa en el Parlamento de Vitoria (el Partido Comunista de las Tierras Vascas no es ni de lejos Batasuna), sin apoyo de la ciudadanía y sin capacidad para reclutar y preparar a nuevas ordas de asesinos; más aún, jamás ETA había sufrido tantas y tan importantes encarcelaciones (495 presos en España, 160 en Francia).

Pero lo más importante de todo es que esta vez ETA se presenta sin el respaldo de una parte de las instituciones vascas. Sin Pacto de Lizarra, sin Pacto de Barcelona, con un Lehendakari que ha perdido todo el protagonismo que tenía tras ser derrotado en el Parlamento casi por unanimidad su plan de constituir un estado libre asociado. En el comunicado del día 22 de marzo, ETA se dirge al Gobierno de España y habla de “la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas “, apela a todos los “agentes para que actúen con responsabilidad y sean consecuentes� y se reafirman “en el compromiso de seguir dando pasos en el futuro acordes a esa voluntad�.

Por eso sorprende tanto la reación de parte de las víctimas. Sin ir más lejos, aquella entrevista que dio al diario El Mundo el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorimo, José Alcaraz, y que llevaba un tremebundo titular: “Hay víctimas dispuestas a tomarse la justicia por su mano si excarcelan al asesino de su familia�. Parece que no recuerda el señor Alcaraz que en España ya nos tomamos una vez la justicia por nuestra mano y que tuvo como consecuencia asesinatos extrajudiciales, secuestros y extorsiones, por parte de los Grupos Armados de Liberación (GAL), que sus responsables están en prisión y que constituye una de las páginas más negras de la Historia de España y, seguramente, la más negra de la democracia.

No es eso lo que necesitamos. Lo que necesitamos es estar todos unidos. Lo que necesitamos es ganar, ser los vencedores, sin la parafernalia que haga que los vencidos se den cuenta de que han perdido.