Vayamos a votar

Marta

NOTA: este artículo sustituye a otro escrito a mediados de esta semana con tintes expresamente optimistas. Ante la tragedia sucedida el pasado viernes, es decir, el vil asesinato del exconcejal socialista de Mondragón Isaías Carrasco a manos de los terroristas etarras, opté por redactar lo que viene a continuación. Agradezco a los administradores de este blog la oportunidad de escribir otras palabras, así como su enorme paciencia.

Nuestras elecciones generales parecen estar marcadas por el terrorismo. Hace cuatro años, tuvieron lugar los atentados islamistas que costaron la vida a 191 personas en las estaciones madrileñas de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. Hoy, nos encontramos todavía bajo el impacto del asesinato cometido por los etarras el pasado viernes, y que ha costado la vida a un humilde trabajador y exconcejal socialista de Mondragón.

Hace cuatro años, la consigna fue clara para muchos: la mejor manera de responder al terror y colocarse del lado de la libertad y de la democracia era ir a votar, como muestra de confianza y apoyo al sistema. Hoy, la idea vuelve a ser la misma: la mejor manera de plantar cara a los terroristas es mediante la papeleta en la urna. No olvidemos que los etarras han pedido el boicot a estas elecciones mediante la abstención.

Hace unos días, escribía sobre lo mucho que me gustan las jornadas electorales, fechas que tienen para mí un toque festivo. Familiares míos no pudieron votar en libertad hasta bien cumplidos los 50 años, y por eso siempre he pensado en mi voto como una suerte de homenaje a todos ellos, además de como un derecho, un modo de participar en aquello que nos compete a todos.

Además, una vez más, las elecciones, el derecho de ir a votar en paz y en libertad, adquieren una nueva dimensión, un significado especial, cuando percibimos con aterradora claridad las amenazas que de continuo se ciernen sobre este delicado sistema político.

No soy una ingenua: algunos días cambiaría al 99 por ciento de la clase política española actual. Podríamos debatir horas, semanas, meses, sobre las imperfecciones del sistema electoral, los defectos de tal o cual política, o meternos, por enésima vez, con las estrategias informativas del Gobierno.

Sin embargo, lo sensacional de la democracia liberal es esa posibilidad de intercambiar sin cortapisas todas esas ideas, quejas y sugerencias. La democracia potencia los valores del liberalismo, y tal como la entendemos hoy es un sistema lleno de defectos, pero insustituible.

Por todo ello, y ante hechos como el 11M, el atentado en la T4 de Barajas, el asesinato de dos guardias civiles en Francia, o este último crimen cometido el viernes, aburre y asquea tanta miseria moral como la que ha campado por sus respetos a lo largo de toda la legislatura. A muchos se les ha olvidado, por eso no está de más repetirlo una y otra vez: los únicos enemigos son los terroristas.

No queda mucho más que decir. Sólo estas palabras: vayamos a votar. Por Isaías Carrasco. Por ellos. Por nosotros.