Vaya fin de curso

LBNL

Por supuesto, la tragedia ferroviaria de anoche hace palidecer todo lo demás. Muchas decenas de muertos, ingente cantidad de heridos, muchísimas familias rotas para siempre… Estas cosas pasan, por errores humanos o mecánicos. Las primeras hipótesis apuntan a un gran exceso de velocidad en una curva particularmente abrupta tras largos kilómetros de recta de trazado AVE. La curva no se suavizó para no aumentar la necesidad de expropiaciones. Los maquinistas se habrán distraído. Quizás los sistemas de alarma fallaran. Sabremos más en los próximos días y semanas. Las explicaciones no devolverán la vida o la salud a los muertos y heridos pero son necesarias, también para evitar accidentes futuros. Que Moncloa haya cometido un error en el comunicado de condolencias no es importante. Lo esencial es que las autoridades no incurran en la actitud fraudulenta que desplegaron tras la tragedia del metro de Valencia.

En un ámbito completamente distinto, la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial decidió ayer finalmente que el juez Ruz siga como juez de apoyo del juzgado que hoy detenta como sustituto tras la inhabilitación de Baltasar Garzón. La cosa debería ser sencilla, tanto por motivos prácticos como de seguridad jurídica. No tiene sentido que el juez que está instruyendo una causa tan importante para nuestra democracia como el caso Gürthel, lo deje porque en diciembre se incorpore el juez titular, cuando cese como miembro del CGPJ. Para evitar ese resultado, le han nombrado juez de apoyo, saltándose la necesidad de convocar la plaza. Pero ni aun así está garantizado que el titular, Carmona, vaya a acceder a que el juez de apoyo siga instruyendo Gürthel; en principio, el titular asume los procesos en curso y el de apoyo los nuevos, a salvo de los acuerdos a los que lleguen. No cabe interpretación conspiranoica: Carmona es “progresista”, es decir, no es un juez nombrado por el PP y por tanto sospechoso de llegar al juzgado con el objetivo de ralentizar y desdramatizar Gürthel. Pese a su “progresismo”, la mandamasa judicial progresista por excelencia, Margarita Robles, ha votado a favor de la continuidad de Ruz, a la que Carmona se opuso la semana pasada. En fin, el típico lio judicial (recuérdese Garzón o la saga del inefable instructor del caso Blesa) español en el que política y legalidad se dirimen en negociaciones ajenas al principio de mérito.

Parecido es lo de la negativa del PP a que el Presidente del Tribunal Constitucional comparezca para explicar lo de su militancia oculta en el PP. La cuestión salió a la luz como consecuencia indirecta del caso Gürthel al figurar el Presidente del TC como en la lista de donantes al partido, si bien sólo en función de su cotización regular como afiliado de base. Sí, los jueces del TC tienen ley orgánica propia que les impide desempeñar funciones directivas en los partidos políticos pero no prohíbe su militancia, como si se prohíbe para los jueces en general. Lo que no autoriza la ley es a ocultar dicha militancia. En Derecho, las formas cuentan y el PP debería estar igualmente interesado en que el Presidente de la institución suprema de nuestro ordenamiento jurídico explique y se excuse por tamaño error.

No cabe pedir peras al olmo. Lo digo por la solución que el PP ha arbitrado para que Rajoy de explicaciones en el Congreso sobre su “affaire” con Bárcenas. Le ascendió de gerente a tesorero del partido, puso la mano en el fuego por su inocencia y declaró haber roto cualquier relación con él mientras su partido decía haberle despedido. Hay indicios manifiestos de todo lo contrario, incluidos los SMS en los que Rajoy parece admitir estar realizando gestiones para mejorar su situación procesal. Cualquier demócrata le exigiría a Rajoy salir a la palestra a admitir su equivocación sobre la calaña de su tesorero y excusarse por haber mantenido tratos personales con él mientras públicamente declaraba lo contrario. Por no hablar del fondo del asunto: ¿cuánto ha cobrado en metálico y si lo declaró a Hacienda como procedía?

La presión es tan fuerte, incluida la amenaza de moción de censura del PSOE, que finalmente han consentido en que comparezca el 1º de agosto, en un contexto más amplio en el que Rajoy tratará de centrar el debate sobre la recuperación del empleo y las reformas que su Gobierno está emprendiendo para sacarnos de la crisis, escudándose en el Reglamento del Congreso para contestar en bloque a las interpelaciones de los grupos parlamentarios. Aquí paz y después gloria. La mayoría absoluta blindará la continuidad del Gobierno y si fuera necesario el Presidente del Tribunal Constitucional maniobrará en su seno como proceda. Y con un poco de suerte, Carmona le impondrá a Ruz dejar el caso Gürthel y como poco el sumario se ralentizará un poco más, a ver si estirando llegamos a las elecciones sin un pronunciamiento judicial que constate la financiación ilegal del PP durante décadas y la circulación de dinero negro con fines varios, incluida el lucro opaco de sus dirigentes, Rajoy incluido.

No es demagogia ni utilizar a los muertos decir que me temo que, en el contexto descrito, incluido el precedente del metro de Valencia, no está garantizado que vayamos a llegar a conocer las verdaderas causas y, en su caso, responsables, de la tragedia de Santiago de anoche.

Que tengan todos Ustedes un buen verano y tengan oportunidad de cargar bien las pilas de cara a septiembre, que amenaza cargado, también en lo económico.