Varios perdones

José D. Roselló

El martes de esta misma semana se colgó en YouTube un vídeo en el que ocho militantes socialistas aparecían pidiendo perdón por los errores cometidos principalmente en la segunda legislatura del gobierno de Zapatero. Es un gesto bastante novedoso en la política nacional que ofrece varios aspectos para reflexionar:

El acto en sí:

Acto de contrición, podría llamarse. Aunque en nuestro país no haya ocurrido de manera reciente, en otros lugares sí ha habido políticos disculpándose por varias cosas. Merkel pedía perdón en febrero de este año a las víctimas de una banda neonazi que los servicios de seguridad alemanes, tras una cadena de errores, ignoró y no supo detener a tiempo. Sarkozy pidió disculpas también por un incidente ocurrido durante una concentración en el cual su hijo arrojó un tomate a un policía. Obama pidió disculpas a la comunidad árabe por la quema de coranes en una base americana en Afganistán. Aunque, desde luego, los campeones en esta materia han sido los británicos. Nick Clegg, líder del partido Liberal Demócrata y viceprimer ministro del Reino Unido, se disculpaba por haber prometido no subir las tasas universitarias, para luego verse forzado a hacerlo durante su ejecutoria.  En el otro lado de la bancada, Ed Balls, diputado laborista, en la Cámara de los Comunes pedía perdón porque las medidas adoptadas por el gobierno Brown no fueron suficientes para revertir la situación de crisis.

Puede que esto de pedir perdón sea algo más personal, ligado al ámbito de las relaciones humanas, un acto privado entre el que ofendió, y lo lamenta, y el ofendido,  que olvida su encono y su rencor.  Puede que también tenga ciertos matices filosóficos -que se lo digan a Nietzsche, tan beligerante con el mismo concepto de culpa- o religiosos incluso, que lo hagan difícil de encajar en una faceta pública, pero por ello precisamente humaniza al que lo pide, y da cuenta de un grado de asunción de responsabilidades más allá de ser votado o no. Por tanto, en líneas generales, no considero el hecho en sí desacertado.

Sobre aquello de lo que se disculpan

La disculpa se hace en torno a tres grandes bloques. El giro en política económica de mayo de 2010 (primeros recortes y reforma constitucional exprés); leyes que se quedaron en el cajón de Moncloa como la Ley de Muerte Digna y la de Libertad Religiosa; y reconocimiento de la crisis, más pinchazo a la burbuja.

Personalmente lo encuentro excesivo. Uno puede disculparse por los fallos propios, o por las omisiones propias. No haber intentado sacar adelante dos reformas en el ámbito de los derechos de ciudadanía tan importantes como las mencionadas es una omisión de calado. Máxime porque es algo muy sentido en el ideario progresista, y hubiera estado muy bien poner en línea a la Iglesia, simplemente haciéndole pagar los impuestos que les corresponda (como en Italia ha hecho Monti), así como regular el derecho a los cuidados paliativos y reforzar la opción del paciente en casos extremos. Eran medidas con poco coste económico aunque indiscutiblemente hubieran generado polémica. Coincido en que habría que haberlo intentado al menos.

Tengo mis dudas, aunque comparto la mayor parte de la impresión de que el giro de mayo de 2010 fue completamente contrario al sentir de la base de votantes socialistas. Sobre todo la forma en que se produjo y más aún porque hoy se percibe como un sacrificio completamente inútil que no ha traído ni un gramo de alivio a la situación actual. Lo que más dolió, aunque sea un asunto que ahora parece testimonial, es la reforma de la Constitución hecha con nocturnidad y alevosía. Se permitió que unos señores, ni electos ni españoles, mangoneasen con nuestra norma básica de convivencia sin tener que dar la cara y, para colmo, con amenazas veladas. Después de esto la situación ha seguido empeorando todo lo que ha tenido que empeorar, dejando a los abajo firmantes haciendo un papelón. Creo muy acertado disculparse por ello.

No comparto, en cambio, los argumentos que hablan de la diagnosis de la crisis, por aquello de que los errores son los que uno comete. Aunque uno se quede sólo ondeando la bandera, los hechos son los hechos. Las previsiones que hizo el gobierno en 2007 y 2008 estaban completamente alineadas con lo que decían todas las instituciones económicas relevantes en el mundo, incluida la propia oposición española. Que luego el escenario ha sido mucho peor que el previsto, desde luego. Pero en 2008, todo el mundo que sabe de estas cosas apostaba por una crisis corta, y en 2010 todo el mundo que tiene algún conocimiento veía una leve mejoría. Punto. Este no es el caso actual, donde las previsiones del gobierno nacional son, inexplicablemente, mucho más optimistas y están completamente desalineadas respecto a lo que los principales organismos internacionales  prevén. Al César lo que es del César.

Otra impresión distinta es la del pinchazo de la burbuja, o la de haber instrumentado medidas contractivas, que es lo mismo. Si se hubiera hecho, hoy tendríamos menos problemas de endeudamiento de las familias, y la situación de la banca habría sido mejor. También habría habido  menos crecimiento, menos empleo y menos impuestos recaudados. Pero también tendríamos crisis y enorme aumento de paro,  no nos llamemos a engaño;  hoy habría un escenario diferente, pero no bueno.

Quién se disculpa:

Esta es la parte más polémica. Si asumir los errores cometidos es bueno, ¿no deberían ser los líderes del partido los encargados de hacerlo y no unos simples militantes? Y si son los líderes los que debieran asumir los errores, ¿debe el asunto quedarse en una disculpa o debería irse más allá y dar lugar a una sustitución de la cúpula por unos cauces democráticos y abiertos con esos simpatizantes a los que se les pide perdón? Parece razonable.

Por otro lado ¿Son en realidad “simples militantes” los que realizan el vídeo, o forman parte de una campaña interna? Información recabada al efecto arroja alguna sombra sobre el asunto. “Son tan aparatchik como el que más”,  me dice una fuente digna de todo crédito que conoce personalmente a alguno de los que aparecen en el vídeo. Aunque la verdad sea la verdad, la diga Agamenón o su porquero, vaya, el mundo es como es, a veces poco edificante.

Para resumir, un gesto interesante, con matices, que, en todo caso, debería dar lugar a otras actuaciones e ideas si lo que se pretende realmente es conectar de nuevo con una sociedad preocupada, desencantada y que no percibe alternativas.