Valencia y la batalla electoral

Millán Gómez

La decisión de Joan Ignasi Pla, secretario general del PSPV-PSOE, de dimitir después de que se filtrase a los medios de comunicación que una empresa constructora había pagado hace seis meses las obras de su casa, supone un golpe en la línea de flotación de las aspiraciones socialistas en la Comunitat Valenciana de cara a las próximas elecciones generales..

La Comunitat Valenciana se ha convertido en los últimos tiempos en un feudo inexpugnable para el Partido Popular (PP). Los populares consideran esta autonomía como un valor seguro y un capital electoral fijo en sus planes para las generales de marzo. Paralelamente, el PSPV colecciona una sangría de derrotas que la federación socialista valenciana, la segunda más numerosa de España, debe tratar de remediar y erradicar.

La respuesta a si la dimisión de Pla servirá o no para reconducir la desorientada y fracasada política llevada a cabo por el PSPV sólo la dará el tiempo. Lo que está meridianamente claro es que el PSOE en general y el PSPV en particular deben reflexionar sobre por qué hay ciertas comunidades autónomas donde sufren derrota tras derrota. En esta ocasión nos circunscribimos al caso de la Comunitat Valenciana, pero es extensible a Madrid, Navarra o La Rioja.

Desconozco los motivos por los cuales la Cadena SER sacó a la luz pública en este preciso momento la noticia. Quiero pensar que es debido únicamente a la búsqueda de la verdad y de una información independiente que debe regir todo medio de comunicación. Ciertos devaneos del Grupo PRISA en los últimos tiempos han provocado que lectores, oyentes y espectadores fieles a este grupo de comunicación hayan expresado su decepción con la línea editorial seguida en los últimos meses. Como siempre, se demuestra que en multitud de ocasiones los intereses empresariales prevalecen sobre la ética y la deontología profesional.

Esta dimisión de Pla no sé si servirá para reconducir la política llevada a cabo por el PSPV en la oposición. La era Pla ha concluido para bien o para mal y es el momento para que toda la maquinaria de la federación socialista valenciana reme en la misma dirección con el objetivo de aunar fuerzas para facilitar una hipotética victoria socialista en las elecciones generales de marzo que sirva de punta de lanza para que el PSPV aspire, de una vez por todas, a derrotar al PP en la Generalitat Valenciana.

Si el PSPV no ha sido capaz de vencer en las urnas o, cuanto menos, limar la mayoría absoluta del PP en la Comunitat Valenciana tras destaparse en el seno de las filas conservadoras numerosos casos de corrupción y con graves problemas internos entre los defensores de Francisco Camps y Eduardo Zaplana, es que los socialistas valencianos algo han hecho mal. La autocrítica, esa virtud que tanto escasea en nuestra clase política, es la base de todo éxito político.

Si la noticia es realmente cierta (y la dimisión así lo parece confirmar) y Pla se ha aprovechado de su condición de personalidad pública para favorecerse en su vida privada, su dimisión no es una virtud sino una obligación moral. Suena muy repetitivo pero es así. Los políticos deben velar por el interés de todos y no por los suyos propios. Los políticos no se introducen única y exclusivamente en política por amor al arte, pero nunca deben confundir sus intereses personales con los intereses de sus votantes ni con la sociedad a la que representan, les hayan dado o no su confianza en las urnas. Como dice José Ramón Recalde, la corrupción se produce cuando el interés particular se coloca por encima del general. Y parece que el interés de Pla no era única y exclusivamente resolver la vida de sus conciudadanos valencianos.