URSSvisión 2008

Aitor Riveiro

Por si no viven ustedes en la Tierra: Rusia ganó Eurovisión y ‘nuestro’ Chikilicuatre consiguió un inconcebible decimosexto lugar.

Desde el pasado sábado, televisiones, ‘blogs’, comentaristas y listillos de todos los rincones del mundo (hasta en Australia aseguran que los españoles no podemos aspirar a más) se hinchan de decir que hemos hecho el ridículo, que unos cuantos se han forrado a costa de desprestigiar a nuestro país, que cómo con dinero público se patrocinan estas cosas, que el Gobierno está detrás (Isabel San Sebastián ha venido a decir algo así en un programa de Telemadrid de cuyo nombre no voy a acordarme). Etcétera.

Eurovisión es un festival creado por la Unión Europea de Radiodifusión en 1956 cuyo objetivo era doble: político y técnico. Tras una guerra que había asolado Europa, lograr que países y pueblos que se habían enfrentado entre sí recuperaran la concordia pasada (si es que alguna vez algo así existió) incluía organizar cambalaches como este; además, emitir en aquellos años para tantos países servía como laboratorio de las distintas innovaciones en telecomunicaciones.

El concepto del concurso ha ido cambiando, igual que Europa, a lo largo de los años. Y lo que siempre fue un medio chusco de propaganda política se ha acabado convirtiendo en un concurso hortera que, en el ‘sumum’ de la casualidad, este año se celebró en la víspera del ‘Día del Orgullo Friki’. Casi nada.

A los países ‘históricos’ del certamen, seamos sinceros, Eurovisión nos la trae al pairo. O no nos la tomamos en serio porque estamos hartos de evento en sí. Italia, una de las fundadoras del festival, ya no participa; Irlanda mandó este año a un pavo (pero el animal); hace un par de años ganaron los finlandeses Lordi, con aquél atuendo siniestro, con máscaras y todo. España lleva mandando adefesios desde que tengo uso de razón. ¿Y nos vamos a escandalizar por el Chiki-Chiki?

Yo, no entiendo nada. Más aún, cuando este año se ha demostrado tan categóricamente que la calidad artística es lo que menos importa a la hora de votar a los aspirantes. Echemos un vistazo a la infografía que ayer publicaba El Periódico en sus páginas finales bajo el epígrafe ¿quién votó a Rusia? Los países que hicieron ganadora la canción de Dima Bilan fueron (entre paréntesis, los puntos): Finlandia (10), Estonia (12), Letonia (12), Lituania (12), Bielorrusia (12), Ucrania (12), Moldavia (10), Rumanía (10), Hungría (10), Serbia (10), Armenia (10), Israel (12).

Revisen de nuevo la lista. ¿Les suena? Por supuesto que sí. Y al sempiterno Uribarri mucho más, que acertó prácticamente el 100% de las puntuaciones de casi todos los países.

Todos los que se rasgan las vestiduras estos días con el fracaso del Chiki-Chiki (hasta entonces intentaron sacar tajada del asunto, incluso ese periódico que ayer aseguraba en un editorial que la imagen de España era denigrante) no tienen en cuenta un dato fundamental: Eurovisión (URSSvisión desde este año) es una pantomima que se la refanfinfla al personal. ¿Ha hecho España el ridículo? Pues no sé, pero lanzo una pregunta: ¿alguien se acuerda de los últimos 10 participantes españoles? ¿Y griegos? ¿Y rusos? ¿Y eslovacos? Es más: ¿qué hay de malo en reírse, hacer el ridículo? ¿Es más ridículo el Chiki-Chiki o ver, one more time, a Rafaella Carrá en TVE, junto al Dúo Dinámico y demás glorias que medraron por mor de la caspa de la dictadura?

Otra cosa es que aprovechemos que el Tajo pasa por Aranjuez para dar (por dar) a los que nos caen mal. Porque el que se ha forrado con el asunto es Buenafuente (rojo, catalán), el Terrat (catalanes, progres) y TVE (en manos de rojos, masones, zapateristas). Cuando era Rosa de España la que hacía el ridículo (y tomándoselo en serio) de la mano de Operación Triunfo y demás, aquí no pasaba nada, porque Europa estaba ‘living a celebration’. Cuando alguna compañera de la cantante lanzó un grito xenófobo contra los que no nos habían votado, no pasó nada. Aquí sólo pasa algo cuando a según quién le importa, cuando a los expertos en reescribir la historia les viene en gana.

El caso es que 14 millones de telespectadores siguieron la actuación de Rodolfo Chikilicuatre. Más los que lo siguieron por Internet, que no aparecen en las estadísticas porque la lerdez institucional no tiene parangón. Y el caso es que Chikilicuatre pasó un duro proceso de selección en el que se enfrentó a la votación popular tres veces (más que, por ejemplo, Azucar Moreno… ¿recuerdan?).

Así que por un lado tenemos a los puristas de la música y por otro a los puristas del erario público. Pues a unos recordarles que no es el peor puesto de España en Eurovisión y a los otros que si con dinero público se financia la selección española de fútbol, porqué no vamos a patrocinar el Chiki-Chiki. Los resultados, son los mismos. Y con Rodolfo nos hemos reído mucho.