Unidad, silencio y trabajo

Millán Gómez

Tal y como era previsible, eta anunció un “alto el fuego” el pasado domingo. Así, sin adjetivar. En una nueva concatenación de subordinadas, la organización terrorista comunicó el cese de las “acciones armadas ofensivas”, lo cual implícitamente contradice la vieja teoría etarra según la cual ellos responden a la “ocupación imperialista española”. Frente al “alto el fuego permanente” de 2006, esta nueva tregua no transmite ningún concreción temporal. Esta diferencia denota una voluntad de “lavarse las manos” ante la opinión pública general y entre sus cada vez más ínfimos seguidores. Este “alto el fuego” llega casi medio año después de que la camaleónica Batasuna y la mal llamada izquierda abertzale reclamaran el fin de la violencia. A su manera, pero lo demandaron.

Objetivamente es innegable calificar este mensaje como un paso importante pero no es el avance necesario. Al contrario de lo que piensan algunos, no es una tregua más. No se produce ni en el mismo contexto ni con la misma respuesta por parte dos medios de comunicación, las instituciones públicas y la sociedad civil. Eta entregó el vídeo a la prestigiosa BBC con el objetivo de utilizar un medio modélico y neutral para darle más credibilidad al comunicado y, sobre todo, ayudar en la internacionalización del problema vasco, una vieja aspiración de los terroristas. No lo han conseguido. La misma tarde del domingo, ni el New York Times ni el Washington Post, por citar a dos de los medios de comunicación más influyentes del mundo, citaban la noticia en su versión digital. De la misma forma, que esta vez no hemos sido espectadores de infinidad de programas temáticos ni traslados de los informativos a Euskadi (¿por qué siempre se olvidan de la también golpeada Navarra?). La publicidad que siempre busca eta no la ha conseguido. Y el motivo está claro: muy pocos se creen lo que dice.

Frente a la división de la tregua anterior, la clase política ha respondido con la unidad necesaria. También es extremadamente importante la actitud del PNV, que ha respondido al alimón con el Gobierno en un gesto que le honra y que debe ser un precedente positivo para el futuro. Más allá de la machada de turno del siempre enfadado Mayor Oreja, no se han producido reacciones exaltadas. Buen síntoma. Los miembros del Gobierno y del PSOE no deben responder a las salidas de tono de Mayor Oreja. No es un interlocutor válido, tal y como ha refrendado el PP de Euskadi con sus valientes desmarques.

El Gobierno ha respondido de forma clara. No cambia nada. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no están en tregua y continuarán trabajando según la estrategia de “detener, detener y detener”. La firmeza del Gobierno debe mantenerse hasta que eta decida, forzada por la sociedad en su conjunto, abandonar y entregar las armas definitivamente. Únicamente entonces se podrá valorar algún tipo de medida de gracia. Antes no. El silencio del Gobierno debe mantenerse, es cuando mejor se trabaja. Los focos y los micrófonos no deben formar parte del proceso final de terrorismo. Cuanto más se ignore a eta y más se luche contra ella, más obligados estarán a anunciar su final irrevocable y total. Eta, por definición, necesita publicidad y cobertura mediática. Si se le aísla notará aún más su debilidad. Y recordando siempre que, aún estando en plena agonía, pueden seguir asesinando. Son los últimos coletazos de una bestia herida de muerte. España en general y Euskadi y Navarra en particular merecen la paz. Teniendo presente siempre a las víctimas del terrorismo debemos seguir una hoja de ruta marcada por tres principios: unidad, silencio y trabajo. We shall overcome.