Unidad nada mediática

Millán Gómez

En los últimos tiempos los medios de comunicación han venido dando cobertura a supuestas noticias que, comparadas con otras mucho más destacables, no son más que simples anécdotas. Esto es lo que pasó durante los últimos días tras el homenaje celebrado el pasado domingo en Gasteiz en memoria de todas las víctimas del terrorismo. Hay que subrayar “todas las víctimas” pues allí se congregaron familiares de personas con nombres, apellidos e ilusiones que el terror de las armas de eta, de los Gal y del Batallón Vasco Español unió. Para siempre. Y nuestra obligación es seguir recordándolo. 

Llama la atención que tras la crispación que caracterizaba, hace dos días como quien dice, las relaciones entre los diferentes partidos en materia antiterrorista, ahora se produzca una reunión tan necesaria y los medios la pasen por encima como si de los presagios del tarot se tratase. Tanto tiempo clamando por una justa unidad y ahora, cuando se consigue esa cohesión, le damos un tratamiento de segunda. Curioso. De la misma forma que parece que el primer acuerdo sobre la crisis económica entre el PP y el PSOE tampoco tiene, por lo visto, la menor importancia. Pero claro, la agenda la marcan otros temas mucho más interesantes, por favor, como las imágenes de Laporta en una discoteca, las presuntas relaciones extramatrimoniales del golfista Tiger Woods o la última exclusiva del famoso de turno. Contemplar las noticias más leídas de los diferentes diarios digitales produce verdadera vergüenza ajena.

La política transforma sociedades y cambia hábitos del pasado. Euskadi es un ejemplo. Lo que se vivió en Gasteiz el pasado domingo debe sentar precedente y convertirse en un evento a repetir con frecuencia. Es completamente absurdo que quienes han sufrido el terrorismo se peleen cuando todos ellos quieren que la paz llegue hoy mejor que mañana y que su familiar haya sido la última víctima a manos de los terroristas. Es mucho más lo que les une que lo que les separa. Es incomprensible que diferencias ideológicas rompan con el consenso necesario y más cuando eta está más débil que nunca. Nadie quiere tanto el final de eta como las víctimas. Hemos avanzado mucho en este país en el respeto a las víctimas pero tampoco debemos caer en el protocolo de darles siempre la razón porque, a pesar de que impere siempre el respeto, el cariño y nuestra solidaridad con ellos, las instituciones tienen la responsabilidad de tomar decisiones de forma responsable y honesta con las víctimas pero no tuteladas en todo momento por ellas.

 Los homenajes a las víctimas del terrorismo tienen que producirse sin caer en el desaliento en cada rincón de Euskadi. Educar en la paz y deslegitimar el terrorismo es eso. Muchos terroristas y sus simpatizantes han crecido en un ambiente proclive al odio hacia el disidente hasta crear una bola de nieve en progresivo aumento. Debemos analizar el pasado para orientar el futuro. Las palabras de lehendakari responden a una necesidad histórica. Es fundamental criticar los años de plomo y recordar de dónde venimos para celebrar cómo, a pesar de que eta no está derrotada en su totalidad, sí hemos avanzado en cantidades industriales. Las palabras también sirven para mover conciencias. A Patxi López se le puede criticar por muchas cuestiones, pero nunca por su falta de valentía y por su perfecta capacidad para utilizar siempre las palabras exactas cual manual pedagógico cuando habla de terrorismo. El Gobierno Vasco trabaja muy bien la comunicación en este ámbito.

 Por último, hay que resaltar las palabras de la familia del empresario Inaxio Uría, asesinado hace justo un año por los de siempre en Azpeitia. El mejor homenaje que se puede realizar es honrar su memoria y que las obras de la Y vasca continúen haciendo caso omiso de quienes, con pistolas en la mano y pasamontañas, pretenden quebrantar los deseos de paz de la inmensa mayoría del pueblo que tanto dicen amar. Asimismo, comparar a eta con Franco y los nazis es de una justicia abrumadora porque quienes asesinaron a este empresario son exactamente el mismo fuego que quemó Gernika.