Una reforma constitucional que, o no va a llegar o será regresiva

 José Rodríguez

Permitidme el chiste y también que pase por encima de algunos debates. En este artículo no entraré en algunas disquisiciones que no llevan a ningún sitio. No voy a entrar a debatir la moralidad, ética o legitimidad de intentar un proceso de independencia superando la Constitución Española o no. Ni tampoco en si hay argumentos o no para la independencia. Tampoco voy a debatir sobre la legitimidad o no de un acuerdo federal para “calmar” las veleidades nacionalistas. Si España ha de hacer una reforma Constitucional solo por el hecho de que dos millones de votantes trolls estén dispuestos a llevar hasta su última consecuencia su preferencia electoral de forma pacífica y democrática. Cada uno tendrá su opinión y no nos pondremos de acuerdo.

Me centraré en cuál es el único elemento que podría frenar a los independentistas de dar vueltas a la rueda del hámster y seguir acordonando y asediando el estado de derecho y el pacto institucional de 1978.

El número de independentistas va creciendo desde 2012. Nadie en 2012 podría imaginar que un pseudoplebiscito 3 años después terminara con un 48% de apoyo a una declaración de independencia unilateral, a los que habría que sumar un 2,5% (UDC, Piratas y PACMA) a favor de una independencia acordada, un 9% de un referéndum (CSQEP) y un 13% a favor de una reforma federal, mientras que las fuerzas inmovilistas o autonomistas se quedan en un 26%. En 2012 el apoyo a la independencia apenas levantaba el 15%, y el 9N de 2014, si hubiera sido un referéndum real con una participación del 77%, hubiera dado un apoyo del orden del 40%.

Además, el dominio de la agenda por parte de los independentistas ha sido demoledor. Todas las portadas internacionales del 28S, y repito, todas, hablaban de la victoria independentista en Catalunya y los editoriales pedían a ambas partes a que lleguen a un acuerdo. El intento de internacionalizar el proceso y las amenazas han tenido un efecto rebote contrario a lo buscado. Hasta el punto de que el propio europarlamento ha tenido que desdecirse y despublicar respuestas sobre la cuestión catalana al ver que estas no estaban causando efecto alguno y que, por otro lado, podría hipotecar el margen del propio europarlamento para hacer de mediador.

Ahora bien, los indepes no tienen las cosas ganadas. Hay cientos de obstáculos para conseguir la independencia que tienen que superar. Saben que a cada vuelta de la rueda del hámster del procés ganan algunos votos, pero que aún no tienen fuerza para ejecutar la independencia (ni tienen los instrumentos para ello ni el apoyo popular claro).

Pero ahora tienen un temor. Escuchan hablar de propuestas de acuerdo y es el frame en el que se están moviendo los medios extranjeros y algunas instituciones europeas (el Consejo de Europa). Saben que si llegara una propuesta sólida y creíble por un estado federal, la mitad de los independentistas la escucharían, perderían apoyos y la oportunidad de conseguir la independencia.

Pero es un miedo de tribunero del Barça que, aún cuando su equipo va dos goles por delante del rival y es el minuto 40 de la segunda parte, sigue sufriendo.

El acuerdo por una reforma Constitucional que permita ofrecer un acuerdo federal en España es literalmente imposible a corto y medio plazo. Reformar la Constitución en lo sustancial requiere un proceso de lo más complicado, aquí hay un vídeo que lo resume.

Pero vayamos al núcleo de mi artículo. ¿Existe la posibilidad realista de iniciar un proceso de reforma constitucional que toque elementos fundamentales? El escenario político que tendrá España los próximos años es un reparto del apoyo electoral entre 4 partidos de tamaño mediano, un par de ellos (PP, PSOE) algo por encima del 20% y los otros dos (Podemos, Cs) algo por debajo. Podrían intercambiarse algunos de los papeles (PP por Cs), pero a grosso modo el sistema que veremos se parecerá mucho a esta foto.

En un juego a 4 será difícil conseguir las mayorías necesarias para un gobierno (es muy probable que se necesite un acuerdo a 3 para poder gobernar, aunque uno de los terceros solo tenga que abstenerse), pero un acuerdo para una reforma constitucional con este reparto que requiere una proporción de 2/3, necesariamente pasa por un acuerdo a 3 o 4 en el Congreso y, casi necesariamente, como mínimo del PP y del PSOE. En especial si los independentistas presentan una candidatura troll que pudiera conseguir 30 diputados y 12 senadores, o 15 si jugaran con mucha inteligencia e hiciera aún más difícil esas mayorías cualificadas.

¿Pero es posible ese acuerdo a 3 o a 4 para reformar la Constitución? En un modelo de teoría de juegos, un juego a  4 con la necesidad de acuerdo a 3 es extraordinariamente complicado, hay demasiadas opciones que alguien ejerza de veto. Más si las agendas reformistas y las filias y fobias entre partidos son las que son, en muchos casos incompatibles.

La única posibilidad de una reforma constitucional posible es una que sume los acuerdos de C’s, PP y PSOE, si PODEMOS tuviera un resultado tan desastroso que permitiera que los otros tres partidos reunieran el 66% de los diputados, ya que las otras posibles combinaciones son inviables (no hay ningún “juego” que pueda hacerse sin la suma de PP y PSOE por la forma de elegir el Senado). Ese único escenario en el que las tres fuerzas podrían encontrar puntos comunes para reformar la Constitución de España, no sería precisamente una solución que vayan a aceptar los independentistas y les frenara.

La reforma Constitucional altamente improbable liderada por el PP, Cs y el PSOE va a ser todo menos una oferta razonable para los independentistas. Y no existe reforma alternativa por la propia aritmética.

Personalmente creo que ni ese escenario se daría. El PSOE tendría en ese acuerdo mucho que perder frente a un Cs y un PP compitiendo por quién recentralizaría más y quién cortaría más las alas a los movimientos nacionalistas veleidosos. Pero en caso de darse, sería precisamente el tipo de oferta de reforma que terminaría de empujar a la independencia a ese 10-15% de personas que forman parte del cuerpo electoral y que aún no apoyan una secesión unilateral, pero que apoyarían una acordada, o bien quieren, sí o sí, un referéndum de independencia. Solo por eso, para no quemar la opción de reforma constitucional para frenar a los independentistas en una oferta regresiva, el propio PSOE no la apoyaría.

El escenario de mayorías en el estado español es totalmente favorable a la agenda de sumar fuerzas al independentismo, ganar apoyos electorales y ganar legitimidad internacional. Y es que la aritmética electoral española va a ser demoledora. El propio blindaje de la Constitución Española y la negación del “problema catalán” durante 5 años desde la sentencia del Estatut, van a ser la propia tumba del modelo institucional del 78.