Una jornada electoral en común

Senyor_G

Si esperan un análisis de datos de las municipales en Catalunya, el área metropolitana o sólo de la misma Barcelona, siento defraudarles. Estaba demasiado ocupado participando el domingo como apoderado y ayer lunes con reuniones en el barrio para valorar un poco todo. 

Aun así, habiendo estado con la candidatura ganadora de Barcelona en Comú (BComú) debería estar eufórico, y no, contento sí, pero no eufórico. Personalmente me pesan los resultados de Izquierda Unida, sobre todo los de Esquerra Unida del País Valencià, es injusto y ahí me quedo. También pesan otras cosas, cierta responsabilidad de la oportunidad que se presenta. Me viene a la cabeza algún estudio sobre cómo se alegra más uno si con la medalla de bronce que con la de plata. Si fuese deporte esto de la política como a veces parece, los de la CUP con 3 entrando en Barcelona deben estar más contentos que los que hemos ganado (minoría mayoritaria). También es cada uno es como es. 

Ahora nos toca a BComú pensar que queremos priorizar en los pactos con las otras fuerzas, se apunta a negociar con PSC, ERC y CUP. Pensar cómo queremos decidirlo y pensar hasta dónde queremos llegar en los pactos: lo inmovible, lo acordable y lo renunciable. Para mi todo nuevo si soy sincero en mi pequeño papel militante en el distrito.

Como nuevas fueron un montón de sensaciones en la jornada electoral. Eso de tener suficientes apoderados para poder salir y entrar en el local y no estar sólo pendiente de varias mesas, la sensación de estar jugando para ganar las elecciones. El viernes, en el acto de fin de campaña en Sants-Montjuïc, un compañero de AEP primero en la universidad y luego en la recién nacida EUiA nos echábamos unas sonrisas pensando que podíamos apelar al voto útil de la izquierda y que incluso Collboni se había quejado de la bipolarización de la campaña. Qué tumbos da todo últimamente.

Eso sí, en la jornada hay cosas que no cambian. Presidentes de mesa que no son conscientes de la envergadura de su función y pasan de leerse el manual. Esas cosas que luego hacen que no se cuelguen a la entrada del local la lista de calles vinculadas a la mesa. Estuve en 2 colegios, además de aquel en que voté. En el primero les iba sugiriendo al mediodía a los presidentes que echasen un ojo a lo que tendrían que hacer en el recuento. En el último iba a apoyar al recuento y coprotagonizé una escena que no me gustó nada y además, de entrada. La gente tiene prisa por irse a su casa, lo entiendo, pero hay que joderse y la democracia exige un esfuerzo. En el cole había 6 mesas. En una, cuando todavía hay votantes en las otras, tiene ya la urna abierta y cuentan sobres y tienen el fajo de voto por correo con una goma. Al intentar preguntar, uno me dice que está contando  y que no le moleste, que le deje hacer su trabajo. Otra, que cada mesa va a su ritmo. ¿Se imaginan que algún votante fuese a otra mesa confundido como pasó varias veces? Y otra cosa fundamental, que tu voto no quede identificado como lo iba a ser si aquellos votos no iban con el resto vulnerado. Insisto educadamente, y el del recuento  le dice al presidente que me eche. Ahí reconozco que me equivoque, subí también mi volumen y eso tiene mal recorrido. Le digo que estoy haciendo mi trabajo. La señora de la mesa, que hay un señor que les ha dicho que no los metieran. Le pregunto qué señor. Y que no lo saben, que un señor. Le digo que yo también soy señor y blando mi acreditación. El remate, un chaval de ERC que me dice que lo están haciendo bien y requeteremate, una chica pizpierreta de la CUP que me dice que estoy alzando la voz y que los deje hacer. Esto también es nuevo siendo moderado por una persona de la CUP.

Sí, lo tenía que haber afrontado de otra forma. Seguro. Luego, con mediación de algún compañero de BComú con buen criterio, hicimos las paces el contador presidencial y yo. Pero sin duda me sorprende. Insisto, tenía que haberlo hecho mejor, pero sólo puedo decir que si tengo que esperar a que acaben, voy listo y que cada vez que tengo determinado amigo de Madrid cerca, me meto en líos dialécticos grandes. Esta vez él no había dicho nada, pero no le hace falta para que se lie.

En otra mesa, otro presidente con prisas. La mujer lo llamaba y no parecía entender que el estado es más importante que el amor, el deseo y la cosas domésticas, descubrió que el papel de calca oficial se calca aunque escribas en lápiz, no por ser oficial sino por ser de cala. Esto después de decirle que hiciera los cálculos y borradores en un folio aparte. Ahora bien, jódete que le salió bien a la primera.

Y mi amigo de Madrid, mientras ayudo en un recuento, ahí muy tranquilo y educado. Dice que a él le gustan mucho más las elecciones a rey. Una chica joven de como mucho 19, duda y pregunta por esas elecciones. Alguien le comenta que no hay, y jódete dice estar de acuerdo con mi amigo, que ella también quiere república. ¿Cómo no se va a liar yendo con este tipo?

Otro día les cuento otras cosas del estilo de otras jornadas, tengo ganas, sobre todo para que explicarles cómo se movían en l’Hospitalet los del PSC, como Pedro por su casa es poco. 

Y después de eso, esperar a la última mesa; no quise saber del todo el porqué pero se les lió la cosa. Y llegué tarde a uno de los 3 puntos en el distrito dónde ir con las actas. Fabra i Coats me quedaba lejos y había que trabajar el lunes. Abrazos, alegrías, besos, hambre de ganar. Sí éramos una coalición de perdedores, no sé si alguno de los que nos encontramos el domingo en el Ateneu Rebel de Poble Sec había ni siquiera votado a una candidatura ganadora alguna vez. Pero míranos allí junto animados, habiendo suplido nuestros defectos con las virtudes de los demás; hemos ganado en menos de un año lo que no hubiésemos hecho por separado. Ahora nos toca seguir haciendo política como hemos dicho que la haríamos.