Una Gran Coalición en España, ¿por qué sí?

 Ariamsita

 ‘‘¿En caso de tener que decidir con quién hacer un pacto de gobierno, se inclinaría usted hacia el PP o hacia Podemos?’’ es, probablemente, una de las preguntas que más veces ha debido contestar Pedro Sánchez desde su llegada a la Secretaría General del PSOE. Su respuesta, la más sensata desde un punto de vista electoral: echar balones fuera, hablar de pactos puntuales, no atarse ni con unos ni con otros. Parece claro, sin embargo, que en un contexto en que las tres principales fuerzas del país (asumiendo como ciertos, al menos parcialmente, los datos proporcionados por las últimas encuestas) sacarían resultados igualados en unas elecciones, será el partido socialista quien deba decidir hacia qué lado se inclinará el próximo gobierno. ¿Un Frente Popular formado por las principales fuerzas de izquierdas, o una Gran Coalición a la alemana?

 La primera reacción que tiende a provocar el hablar de una posible gran coalición en España es un estado de agitación general, hipótesis sobre la desaparición definitiva del PSOE del panorama político nacional y, sobre todo, una frase: “España no es Alemania”.

 “España no es Alemania”, te dicen, como si España y Alemania fuesen realidades inmutables, inalterables, ajenas a externalidades, a la influencia de sus entornos, a la posibilidad de introducir cambios en su cultura política. España no es Alemania. Y sin embargo, a algunos nos gustaría que se pareciesen un poco más, mientras vemos un panorama con reformas que se aplazan indefinidamente, un problema de desigualdad que no deja de aumentar, unas instituciones politizadas de las que no paran de salir casos de corrupción  y un sistema de partidos que deriva hacia una nueva identidad que recuerda cada vez más a Grecia o Italia (no sé cuáles serán las preferencias en cuanto a sistemas de partidos de los lectores, pero entre las de quien escribe.no se encuentran estos dos países).

 Puede que una Gran Coalición sea utópica por improbable a día de hoy en nuestro país, pero en un momento como este en que el bipartidismo parece decidido a convertirse en tripartidismo, no puede negarse que lo improbable se ha adueñado ya del escenario actual, y que forma parte de las reglas del juego. Así, no puedo evitar preguntarme: en una situación en la que el PSOE se convertirá probablemente en la llave del gobierno para la próxima legislatura, ¿por qué sería más correcto ceder a las presiones populistas de Podemos en vez de buscar un acuerdo con la otra gran fuerza política de España, en el que dejen de posponerse las reformas que el PP ha dejado correr, incluso con mayoría absoluta, mientras el PSOE aprovecha su posición para afianzar el Estado del Bienestasr y evitar su desmantelamiento?¿Por qué sería esto menos lógico que ceder esta llave para que Podemos abra las puertas del poder?

 Echemos un vistazo, aunque no se trate de situaciones comparables, a las condiciones que el Partido Socialista alemán ha puesto al partido de Merkel para apoyar su gobierno, como habían hecho ya en la primera legislatura de la canciller alemana. Establecer un salario mínimo a partir de 2015, aceptar la doble nacionalidad para los hijos de padres extranjeros nacidos en Alemania, aumentar el paquete de inversiones en educación e infraestructuras o renunciar a subir impuestos con el fin de incentivar la demanda interna han sido algunas de las condiciones clave del acuerdo. Resulta especialmente curioso, al menos para mi, el ver cómo frente a las voces que aseguran que en España un acuerdo de este tipo sería un suicidio para el PSOE, los militantes del SPD apoyaron masivamente en referéndum que se siguiese adelante. No sé si es que los ciudadanos alemanes son más patriotas que los españoles, si sus partidos más capaces de poner el interés nacional por delante de las próximas elecciones, lo cierto es que no lo creo. Lo que sí creo es que una Gran Coalición que busca, en palabras de Merkel, ‘‘sanear, invertir y reformar’’ es lo que creo que necesita España a día de hoy. 

Más allá de los intereses partidistas (si es que es posible mirar más allá), en la situación de crisis actual un gobierno en minoría podría ser, más que sinónimo de negociación y búsqueda de acuerdos, sinónimo de debilidad, y de dificultad para llevar a cabo medidas estructurales. ¿Puede España arriesgarse a esta situación? Algunos creemos que no, pero la pelota, esta vez, está en el tejado del PSOE.