Una derecha muy rara

Lobisón

Es un lugar común que la derecha española, tras haber superado su escisión inicial entre franquistas y centristas, ha logrado la rara proeza de unir en un solo partido todas las opciones ideológicas, y que ésta es una de sus principales bazas electorales. La izquierda, en cambio, no ha conseguido superar la tradicional división entre PSOE y PC (ahora IU), y ha pagado en algunos momentos un alto precio por ella: la pinza entre PP e IU en tiempos de Anguita, la pérdida del gobierno en Extremadura por la negativa de IU a apoyar al candidato socialista.

El PP no sólo ha logrado aglutinar opciones ideológicas muy distintas, sino que ha logrado evitar tener competidores en la derecha a nivel nacional. La leyenda urbana que corre al respecto es que, al comprobar que el éxito de Ruiz Mateos en su aventura electoral había perjudicado al PP, la prensa conservadora adoptó la estrategia de no dar cancha a aventuras similares, supeditando la diversión a la eficacia. Cierta o no esta explicación, el hecho es que el PP no sufre hoy la competencia de partidos de derecha populista como el Frente Nacional francés o el partido de Wilders en Holanda.

A simple vista se diría que no tiene esa competencia porque tiene dentro o detrás a quienes comparten esa ideología. Pero esto no es del todo exacto: el PP aglutina a los integristas católicos, a los neoliberales económicos y al populismo xenófobo, amén de una mayorí­a de centroderecha con posiciones moderadas. Pero Le Pen y Wilders no sólo culpan a los inmigrantes de los males nacionales, sino que su discurso contra el status quo tiene una fuerte componente nacionalista, antiglobalización y contra la UE (contra “los burócratas de Bruselas”), y eso se echa de menos aquí.

¿Resistirá la actual coalición ideológica del PP la prueba del poder? No es seguro que  Ruiz Gallardón, al convertirse en adalid del integrismo como ministro de Justicia, vaya a convencer al ala más conservadora del PP, y en cambio puede hipotecar el respaldo que tenía en los sectores menos ideologizados. Tampoco es evidente que el discurso antinacionalista paranoico (el de Mayor Oreja y la AVT) pueda aceptar el pragmatismo del ministro del Interior para separar a los presos de ETA.

Pero la cuestión que puede ser central es lo que las bases más populares del PP van a hacer ante las “reformas” de Rajoy (¿por qué dirán reformas cuando quieren decir recortes? Es una pregunta retórica: creo que sé por qué lo hacen).  ¿Se van a contentar con que los inmigrantes irregulares no tengan acceso a la sanidad?  ¿Van a seguir considerando graciosa y campechana a Esperanza Aguirre?  ¿O van a buscar una opción nueva de derecha populista?

Merkel, la que estás liando.