Un vistazo a las exportaciones

José D. Roselló

Exportar implica impacto, influencia y riqueza. A un país exportador se le suponen buenas cualidades como especialización, innovación o ese evanescente término, tan usado por especialistas y profanos, de la competitividad. Por tanto, es bastante lógico que una de las cosas que más tendemos a asociar al concepto de país importante, o país poderoso en el mundo, sea su capacidad exportadora.

Si echamos un vistazo a lo que ha pasado en los últimos diez años en las exportaciones mundiales encontraremos, como siempre que se miran los datos en lugar de hablar de oídas, contrastes para nuestras ideas preconcebidas, alguna pequeña sorpresa o incluso elementos para la reflexión. Además, por qué no admitirlo, del morbillo en sí que tiene el comparar.

La información que se presenta se ha elaborado basándose en los datos originales de la Organización Mundial de Comercio y de AMECO, la base de indicadores macroeconómicos de la Comisión Europea. El periodo de referencia es del año 2000 a 2011 y aunque se han examinado treinta países, al final la información se presenta agrupada para que sea manejable y representable.

En la tabla a continuación se muestran las cuotas de mercado en el total de las exportaciones mundiales de los países, o agrupaciones de países, detallados a la izquierda.

BRIC es el acrónimo con el que se conoce al agregado que forman Brasil, Rusia, China y la India. Países que por su tamaño, peso demográfico e importancia geopolítica, incluso militar, están llamados a ser nuevas grandes potencias a medio plazo. Efectivamente se observa que su peso se ha más que duplicado colectivamente en el comercio internacional. No obstante,  esta contribución no ha sido uniforme. China por sí sola es el mayor exportador mundial, con una cuota de mercado del 10%. Rusia es el otro principal actor por su peso y crecimiento; sin embargo, la India y Brasil, en no tienen tanta fuerza este sentido. Han incrementado su peso internacional, pero su cuota es inferior por ejemplo, a la española en este momento. De BRIC pasaríamos a RC.

Estados Unidos y Alemania cuentan dos historias diferentes. Mientras que los primeros han visto evaporarse el 30% de su cuota de mercado, Alemania mantiene prácticamente intacta su capacidad exportadora nacional. Antes de enterrar a los estadounidenses, hay que ponderar la importancia de los procesos de deslocalización, dónde se trasladan las plantas y los empleos, pero no tanto los centros de decisión. Junto a ello, Norteamérica sigue teniendo la segunda plaza en el comercio mundial. Pierden posiblemente más peso que influencia.

Bajo el grupo BENE se encuentra Bélgica y Holanda. Estos dos pequeños países del núcleo europeo no solo se mantienen, sino que han logrado ganar cuota en estos diez años. Como siempre, se lo reparten casi a partes iguales. Tradicionalmente poco relevantes en la faceta política. Son la foto en negativo de los BRICs, valga a metáfora.

Agrupados bajo el término Vieja Europa se encuentran Reino Unido, Francia e Italia, países que tradicionalmente son muy relevantes en el contexto geopolítico mundial, siempre a tener en cuenta, pero que han sufrido y están sufriendo una acusada pérdida de importancia económica. Como siempre, conviene matizar ya que la deslocalización también existe aquí, pero es cierto que junto a Estados Unidos, son los grandes perjudicados por el tremendo empuje de China.

La Nueva Europa es quizás la mayor sorpresa negativa de la evolución reflejada. República Checa, Eslovaquia, Polonia y las tres repúblicas bálticas no han ganado la importancia que parecía preverse de su incorporación a la Unión Europea. Aunque en un primer momento parecieron beneficiarse de algunos procesos de deslocalización industrial, el hecho es que en el momento presente parecen jugadores muy poco relevantes a escala mundial, habiendo perdido la mitad de su cuota exportadora conjunta en los últimos diez años.

Pasando al otro lado del mundo, son diferentes los casos de Japón y los Cuatro Tigres asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwan y Singapur). Japón sufre a nivel local posiblemente el empuje de China y otros contendientes en su área económica.

Los tigres, en cambio, aguantan aparentemente bien el embate de su vecino, o más correctamente lo aguanta Corea del Sur, ya que el resto pierde cuota acusadamente. Hecho aparte de las peculiares situaciones experimentadas por Hong-Kong (que ha dejado de existir) y Taiwan, al que la apertura de China ha restado importancia.

Queda para el último lugar el análisis de la trayectoria española. En lo negativo, destacar el relativamente poco peso exportador de la economía nacional. Poco si se compara con las cuotas en el entorno del 3% o superiores del resto de las economías potentes de Europa. En lo positivo, la capacidad de mantener dicha cuota cuando prácticamente todo el mundo está perdiéndola muy palpablemente. (Qué no se leería y se oiría aquí si se hubiera perdido una tercera parte de cuota de mercado exportador)

Quizás por el relativo poco tamaño y por la especialización en determinados productos, el papel español en el comercio mundial podrá calificarse de escaso (según con quien nos comparemos), pero difícilmente de malo. Esto permite reflexionar un poco sobre lo que tendemos a incluir en el concepto “competitividad”. ¿Es más competitivo un país que pierde un 30% de su cuota de mercado internacional que otro que la mantiene? Es la típica pregunta que se puede responder o en una palabra o en dos horas, y que tiene la virtud de tensar teorías,  incluso de redefinir un par de veces el concepto “competitivo” en el transcurso de la respuesta. ¿Es verdad que España ha perdido tanta competitividad en el último decenio? No es lo que nos dice este dato.  Pendiente está para un próximo artículo examinar, aunque sea someramente, qué entendemos y cómo medimos la competitividad.