Un tiempo nuevo en el Partido Popular

Javier Gómez de Agüero

Ayer se conocieron las nuevas caras del Partido Popular en el Congreso de los Diputados y el lugar en que se celebrará el próximo congreso del PP. Soraya Sáenz de Santamaría será la portavoz del Grupo Parlamentario Popular y Valencia acogerá el XVI congreso del PP.

Las implicaciones de estas decisiones, tanto por el fondo como por la forma, dejan clara la intención de Mariano Rajoy de trasladar a la opinión pública la idea de que en el PP empieza un tiempo nuevo.

En primer lugar hay un mensaje hacia el exterior del partido, a la ciudadanía. Sáenz de Santamaría es una persona joven, con formación, y sin fuertes vínculos con la primera línea de la última etapa de gobierno del PP. No tiene hipotecas. El contraste con Zaplana es evidente. Y además es mujer.

El mensaje hacia al interior, hacia el partido, lo ha marcado la elección de Valencia como sede del Congreso y del presidente de la Región de Murcia como su organizador. Es un premio a quienes han estado apoyando a Rajoy – o al menos no le han hecho la cama – y un palo a quienes desde Madrid han buscado la caída del líder para hacerse con el partido.

Ojo de aquí a junio a la actitud del PP de Madrid y de Esperanza Aguirre y medios afines.

Además, Rajoy ha demostrado su posición de fuerza en el partido, su capacidad de decisión, y la certeza de que el grupo de personas que lideren el partido son sus personas, su equipo.

Hasta aquí lo sabido. La duda es hasta dónde llegará el impacto de estos cambios en la estrategia del PP.

El PP arranca esta legislatura en la oposición pero con una situación de partida única para un partido en esa circunstancia. Con más de diez millones de votos y 154 diputados – mejor que hace 4 años –, está claro que no es un partido que precise de una refundación, de un cambio radical. Parecería que sus mensajes han calado en una amplia base electoral y que en adelante precisa, sobre todo, dar credibilidad a sus propuestas y eliminar los indudables rechazos que genera en mucha gente.

Y para eso nada mejor que cambiar a los protagonistas. La escena semanal de Rajoy secundado por Zaplana y Acebes en sus escaños hacía imposible no vincular la imagen del PP con lo peor y más rechazado de la historia reciente del partido.

Además, este cambio permite abrir distancias con los hasta ahora guías mediáticos del PP. Veremos un menor seguimiento de los “consejos” de la COPE y El Mundo y, probablemente, el PP acudirá a muchas menos manifestaciones organizadas por lo más rancio del catolicismo oficial español y similares.

Ahora bien, esto no quiere decir que vaya a cambiar el discurso del PP. Lo ha repetido Rajoy hasta la saciedad, el PP no va a cambiar sus posiciones políticas. La política del PP en materia económica va a tomar protagonismo, como lo hizo – entonces de forma poco creíble – al final de la pasada legislatura. El PP tiene en este ámbito la ventaja de que conserva un gran crédito como gestor económico entre la ciudadanía – a pesar de Pizarro -. También mantendrá el PP, punto por punto, sus posiciones respecto a la política antiterrorista.

La política territorial volverá a ser uno de los focos fundamentales de la atención de la oposición. Aunque el grueso de la reforma estatutaria ha pasado, el PP es consciente de que con la propuesta del Lehendakari a la vista, el desarrollo del Estatuto de Cataluña por hacer (previo nihil obstat del Tribunal Constitucional), y una reforma de la financiación en ciernes, tiene campo para hacer oposición.

Un detalle: Soraya Sáenz de Santamaría es la secretaria ejecutiva del PP para política autonómica. Nada casual.

Con todo, en esta materia sí espero que el PP mejore las formas para no enemistarse con territorios imprescindibles si quiere volver a ganar unas elecciones generales. No meter la pata en Andalucía – como cuando una diputada del PP insultó a los niños andaluces – y ser constructivos en Cataluña desde sus posturas actuales – puede defenderse otra política lingüística sin promover el boicot al cava – permitirían al PP avanzar electoralmente en dichos territorios.

Será una oposición con mejores formas, con menos lastres del pasado, pero con las mismas políticas ¿Bastarán los cambios alrededor de Rajoy para mejorar su imagen y que los votantes le consideren en 2012 una alternativa creíble?

Una cosa parece segura: el Gobierno lo va a tener más difícil ahora. Esta legislatura habrá que ganársela a pulso.