Un par de gurús de los que nos hacen buena falta

Padre de familia

 

Tras dos semanas dedicando mi columna a Barack “Messiah” Obama, al que todavía no encuentro pega alguna, creo llegado el momento de descender un peldaño y ocuparme de los gurús, cuya visión del futuro tampoco nos vendrá nada mal.

 

Tres gurús me vienen a la cabeza. El primero es Warren Buffet, también conocido como el mago de Omaha. Ignoro cuánto dinero habrá perdido el dueño de Berkshire Hathaway con la bajada global de la bolsa pero seguro que mucho porque desde hace años viene invariablemente ocupando el primer o segundo puesto de la lista de los más ricos del mundo, en directa competencia con Bill Gates (hasta que decidió donar gran parte de su fortuna a favor de la Fundación Melisa Gates) y más recientemente con el magnate mexicano de las telecomunicaciones Carlos Slim.

 

De hecho, Slim comparte en buena medida la filosofía de Buffet, que cabe resumir en dos principios fundamentales. El primero suena obvio, y lo es, lo difícil es respetarlo: compra barato y no vendas, y si tienes que vender, vende caro. El segundo debería ser todavía más obvio y, sin embargo, ha sido todavía menos respetado: no inviertas en algo que no entiendes bien como funciona. De ahí que Buffet no invirtiera nunca en derivados financieros, a los que calificó como armas de destrucción masiva. Los centenares de miles de propietarios que ahora poseen inmuebles que valen menos que las hipotecas que sirvieron para costear su compra, obviamente no siguieron sus principios. Como tampoco los inversores en bolsa que, no escaldados por el pinchazo de la burbuja dot.com, hace poco más de un año seguían comprando valores a precios record, que eran obviamente insostenibles en el largo plazo.

 

El segundo gurú, George Soros, me resulta mucho más admirable. Pese a ser un maestro en la especulación pura y dura, se ha distinguido por denunciar los excesos del sistema cuyas debilidades ha venido explotando. Fue él solito quien puso el Sistema Monetario Europeo en un brete a principios de los noventa, forzando la salida de la libra y forrándose con ella. Ha sido él también quien más fondos ha dado para la promoción de la democracia en Europa del Este a través de Open Democracy y quien más donó contra Bush en las elecciones de 2004. Y también ha sido Soros quien desde varias tribunas ha venido abogando desde hace ya unos cuantos años por mejorar la regulación y el buen gobierno del sistema financiero. No parecen haberle hecho mucho caso tampoco.

 

El pasado jueves 29 George Soros publicó una página entera en el Financial Times (http://www.ft.com/cms/s/0/09b68a14-eda7-11dd-bd60-0000779fd2ac.html) en la que analizaba las causas de la debacle financiera y hacía una serie de recomendaciones para salir del entuerto. A su juicio, la Reserva Federal y el Tesoro tienen gran parte de la culpa por haber dejado que Lehman Brothers quebrara el 15 de septiembre del año pasado: la tensión era excesiva para el sistema financiero mundial y debían haberlo evitado. Por supuesto, incidía en la incoherencia de que el tráfico de valores esté regulado mientras que el de CDS y otros derivados financieros escape al control de las autoridades supervisoras. Y volvía a abogar por una reforma integral del sistema financiero internacional, que se rige por reglas injustas y parciales. A modo de ilustración sobre la urgencia de actuar drástica y urgentemente, Soros recordaba que al principio de la Gran Depresión del 29, la deuda total norteamericana suponía un 160% del PIB llegando hasta un 260% en 1932. En cambio, el desplome financiero del año pasado comenzó con una deuda total del 365% del PIB y se estima que llegará al menos al 500%.

 

¿La receta para salir de este desastre? Una combinación de creación de dinero, recapitalización – si es necesario, forzosa – de los bancos, reforma del sistema hipotecario para parar los desahucios por impago, y destrucción o conversión ordenada de deuda. Más o menos lo que está proponiendo Obama, por cierto, que ya anunciaba este fin de semana su determinación de actuar sobre el mercado hipotecario.

 

Por cierto, que en una separata del mismo artículo, Soros contaba cómo le había ido con sus inversiones en 2008, admitiendo graves errores – apostó a que China e India se mantendrían inmunes a la crisis y a que el dólar se hundiría – que le habían puesto contra las cuerdas gran parte del año, pudiéndose recuperar sólo a última hora para cerrar casi alcanzando su objetivo de un 10% de beneficio anual. A mi entender, no hay ninguna contradicción entre la doble función de Soros como patrocinador de medidas “socialdemócratas radicales”, por llamarlas de alguna manera, y su ejercicio ordinario de “tiburón especulativo”.

 

Pero sin duda el gurú más valioso ha de ser, como el mismo Soros afirma, el preclaro Nouriel Roubini. De ascendencia persa-judía (mezcla creativa donde las haya), el ex Profesor de Harvard empieza ahora a ser conocido, pero llevaba más de un par de años advirtiendo de la catástrofe que se nos echaba encima. Lo más interesante es que en modo alguno Roubini es un agorero de esos que acaban por acertar porque siempre están prediciendo lo peor, al estilo de los relojes averiados que son sin embargo precisos dos veces al día. No, Roubini no tenía una bola de cristal, pero fue capaz de predecir que el caos iba a estallar precisamente por las razones por las que luego estalló.

 

Seguro que Obama tendrá en cuenta los principios básicos de Buffet y las recomendaciones de Soros y, desde luego, Roubini tiene muchas opciones de ser tenido en cuenta. Durante dos años fue Consejero Jefe del nuevo Secretario del Tesoro del Mesías, Tim Geithner, a la sazón número 2 del entonces Secretario del Tesoro Lawrence Summers, que ahora va a dirigir el Consejo Nacional Económico de Obama. Los dos harían bien en prestar todavía más atención ahora a sus análisis. Lo malo es que Roubini predice que no hemos tocado fondo y que durante el año en curso explotarán las burbujas del crédito al consumo…

 

En todo caso, el propósito de esta columna no es sólo apuntar a voces preclaras que han sido capaces de mantener los principios y el sentido común sino, especialmente, denunciar la incompetencia de la inmensa mayoría de los políticos y economistas – especialmente estos últimos, a los que se les suponía cierto conocimiento docto en la materia – a la hora de analizar la situación económica de estos últimos años y predecir lo que iba a pasar. No era tan difícil, como demuestran los artículos de Roubini o de Soros.

 

Sin ir tan lejos, también aquí mismo, en DC, se dieron algunas señales de alarma. Por ejemplo, el fenecido Mimo Titos escribía el 31 de julio de 2007 (¡¡julio de 2007!!) un artículo titulado “Retos” (http://www.debatecallejero.com/?p=339) que comenzaba así: “Empiezan a soplar vientos de crisis global a no muy largo plazo, pero incluso si se confirman, no afectarán a la ciudadanía española antes de las elecciones.” Y luego, en marzo de 2008, recién pasadas las elecciones generales, el tal Mimo volvió a la carga en “La que se nos viene encima” (http://www.debatecallejero.com/?p=583) donde decía: “Terminada la campaña electoral ya es posible abordar la gravedad de las turbulencias financieras internacionales y sus indudables consecuencias negativas para España sin miedo a que el PP le eche la culpa de todo a Zapatero. […] De lo que no disponemos es de mucho tiempo para tomar conciencia de que afrontamos la crisis económica más grave desde la segunda guerra mundial, en palabras de Alan Greenspan, que sabe bien de lo que habla al haber sido en gran medida el responsable de haber creado la burbuja inmobiliaria cuyo estallido estamos empezando a sufrir.”

 

No, no es cierto que no se pudiera prever el alcance de la crisis. Bastaba con prestar atención a los análisis de las personas apropiadas, aquí y en Lima, en Bruselas y en Washington. Esto es lo más aterrador de la crisis, que los mismos que pudieron atajarla a tiempo y no fueron capaces de hacerlo, son los encargados de combatirla. ¡Menos mal que ahora tenemos al Mesías!