Un oasis para Pedro

 Jon Salaberría

Ocurrió no hace ni mes y medio, pero en este agitado mar de la política en el que los acontecimientos cambian el rumbo de las cosas en apenas minutos, la sensación es que hubiese sido hace un año: Susana Díaz Pacheco conseguía por fin la investidura como Presidenta de la Junta de Andalucía. Tuvieron que pasar 82 días de impasse, de giros tácticos, de espera electoral, de pactos municipales y, finalmente, la llegada del acuerdo de los 72 puntos con Ciudadanos, para que se concretase el mandato, bastante claro, de las urnas. Para que se materializase la única opción posible de gobierno en la Comunidad ante la ausencia de otra alternativa aritmética y políticamente posible. El desenlace cantado, sin embargo, ha tenido consecuencias importantes e imprevistas debido a la prolongada espera. Consecuencias que, en la antesala de unas Elecciones Generales, se hacen visibles especialmente en el interior de su formación a nivel federal, justo cuando además se acaba de cumplir el primer aniversario del nombramiento, tras consulta a la militancia y Congreso Extraordinario, de Pedro Sánchez Pérez-Castejón como secretario general. La Presidenta, sin lugar a dudas, ha salvado los muebles en su Comunidad tras un importante órdago, que incluía la ruptura del Acuerdo por Andalucía con IU y la convocatoria anticipada de elecciones, en las que se jugaba el todo por el todo. Pero, sin embargo, como dolorosa contrapartida personal, ha perdido, de forma al menos momentánea, su papel de referente y de opción ganadora interna frente a un Pedro Sánchez al que el aparato andaluz, el más poderoso dentro de la organización, apoyó sin ningún tipo de condicionamientos, sin rubor y sin complejos, en la citada consulta y al que, sin embargo, se ha visto enfrentado desde el minuto uno del mandato que inauguró hace un año.

 Un año durante el que Pedro Sánchez, el perfil más lineal y menos carismático de cuantos se presentaban a la consulta, ha hecho despliegue de sus virtudes políticas, que las tiene, y ha sabido construir su propio perfil y delimitar su propio espacio. Un año en el que se ha sabido zafar de tutelas y marcar con autonomía su propia línea estratégica. Susana Díaz era, ante esta vuelta de tuerca inesperada del secretario general que deja de ser dócil y ante las dudas que presentaba (y que venían confirmando una tras otra las diferentes encuestas hasta tiempo reciente), la opción carismática. Y la opción del aparato, también. La cita en el horizonte tenía nombre propio: primarias abiertas para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno. Como bien sabemos, cita que no ha llegado a celebrarse por incomparecencia de opciones alternativas.

 La autoridad moral que se le reconocía a la Presidenta andaluza, situada al frente de la mayor federación socialista, se ha acabado diluyendo, y con ella la tutela subjetiva a la que tenía sometido al secretario general, Pedro Sánchez. Y, por descontado, gracias a la interminable crisis de investidura ya se había descartado la posibilidad de que, en un golpe de efecto, Susana terminara optando por presentarse a las primarias de julio en las que se decidía la candidatura a la Presidencia del Gobierno por parte de los socialistas.

 Desde entonces, los desencuentros han ido a más y las partes no se han molestado en disimularlos. Principalmente, con la excusa de la política de pactos postelectorales y el complejo panorama que se plasmó tras la cita de mayo en Ayuntamientos y Comunidades. También aquí Pedro Sánchez se ha impuesto y ha sabido fortalecer su propia posición política. Frente a la decidida opción de Díaz de optar por la prevalencia de la lista más votada, la geometría variable y el posibilismo de Sánchez, que ha permitido el desalojo del Partido Popular en Comunidades y corporaciones locales en las que se había instalado durante más de dos décadas en algún caso, a través (eso sí) de acuerdos complejos y muy trabajados. Frente a la decidida opción de Díaz de prescindir de acuerdo alguno con Podemos, el acercamiento y el diálogo entre ambas formaciones alentado desde Ferraz y desde el sanedrín que rodea a Iglesias Turrión, su líder, y que ha normalizado, al menos, la convivencia entre ambos partidos en unos días en que, como sabemos, los podemitas tienen puesto el punto de mira en lo que se mueve en el mundo de la unidad popular y de las estrategias de convergencia; pendientes, esto es, de los movimientos de Izquierda Unida para salvaguardar su propia existencia.

 El pasado día 13 de julio, Susana Díaz dejaba bien claro que acepta el papel que toda esta concatenación de acontecimientos le ha otorgado. El PSOE tiene un gran candidato, Pedro Sánchez, y vamos a ganar, declaraba de forma solemne. Coincidiendo con su declaración expresa de apoyo al candidato designado, el nuevo ejecutivo andaluz aprovecha para lanzar una intensa campaña, Treinta días, treinta medidas, para dar impulso público a sus esfuerzos de gestión en sólo un mes de mandato. Medidas algunas de ellas ambiciosas y con buena carga de profundidad política, superando incluso a las que formaban parte en la anterior legislatura del acuerdo programático con IU. Son un mensaje claro a la sociedad, pero también un reto a los referidos ex socios de IU y a los debutantes parlamentarios de Podemos; una muestra de que, frente a las políticas del Partido Popular, el Partido Socialista sigue haciendo en Andalucía bandera de políticas de progreso. Un mensaje, por supuesto, a los socios de investidura de Ciudadanos, invitándoles a seguir en el apoyo parlamentario. No en vano, el catálogo de las treinta recoge puntos acordados con la formación naranja.

 La definitiva tramitación del Anteproyecto de la Ley de Retracto en Desahucios de la Junta de Andalucía, que permitirá obtener viviendas en alquiler social para familias desalojadas por impagos de hipoteca, la mejora de la Ley de Protección de Derechos de Consumidores y Usuarios en la Contratación de Hipotecas de Vivienda, la Ley de Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público de Andalucía (que elimina copagos, protege frente a copagos impuestos por el Gobierno central y garantiza la inversión anual de un 6,5% del PIB regional en salud), la reducción a 80 días máximo de la lista de espera en cirugía cardíaca, la Ley del Deporte de Andalucía, la constitución de sendos grupos de trabajo con plataformas y colectivos antidesahucios y con hasta once entidades financieras, las becas para obtener certificados B1 o nivel superior en idiomas, la bajada de precios de másteres universitarios en un 16.5% y el fraccionamiento en ocho pagos de las matrículas… Así, hasta treinta medidas, completadas además con un acuerdo con las centrales sindicales más representativas en la función pública (CSIF, UGT y CC.OO) para la devolución de la parte proporcional de la paga extra de 2012 y la recuperación del 100% de las retribuciones y de la jornada del personal interino y del personal temporal que garantiza la paz social en el ámbito de la Administración andaluza. Los fundamentos de un oasis andaluz en el que se sigan visualizando las alternativas a las políticas de recorte del Partido Popular en el resto de España. En el que, como en los malos tiempos, pervive la luz de una aldea gala resistiendo a los elementos. Un oasis que, en esta ocasión, opera fundamentalmente, pro intereses de Pedro Sánchez. 

Un secretario general y recién proclamado candidato que, desde los tiempos convulsos de su elección y tras pasar meses de zozobra y dudas, remonta hasta convertirse en una seria opción de gobierno. Metroscopia determinaba este fin de semana que el líder de los socialistas es percibido entre los encuestados  como el más capacitado para concitar el consenso entre diferentes, justo en un momento en el que no sólo va a estar en cuestión la formación, previsiblemente difícil, de alianzas de gobierno, sino la reforma del marco de convivencia, algo en lo que Sánchez se ha adelantado en trabajo y en equipo. La neutralización de los adversarios de dentro coincide con el marasmo de los competidores de fuera. Podemos cae en intención de voto y empieza a verse afectado por los efectos de la arrogancia de su líder, mientras los movimientos de IU tras Ahora en Común amenazan con lastrar las hasta hace poco opíparas opciones de los de Iglesias. Pedro Sánchez se acerca así al escenario de centralidad deseado y del que los socialistas han tratado de ser desalojados con la amenazante sombra del PASOK detrás.

Por fin, un respiro para la vieja organización creada por el auténtico Pablo Iglesias, y en vísperas de un encrucijada política tan importante como la que a finales de los setenta y primeros ochenta afrontó un país en transición. Serán los resultados los que determinen si, de nuevo, las miradas volverán al sur en busca de una alternativa o si, definitivamente, la estrella política de la referente se asienta en su tierra, sin más pretensiones.

Posdata 1: Off topic, no me resisto a traer aquí la pregunta de alguien tan cualificado como políticamente poco sospechoso, el Profesor Torres López, en relación al (momentáneo) desenlace de la crisis griega y su comparación con lo ocurrido en 2010 en España: Me pregunto si es coherente apoyar lo que ha hecho Tsipras en Grecia y criticar las decisiones de Zapatero a partir de mayo de 2010.

Posdata 2: Off topic, pero sobre lo mismo, no me resisto a traer este fragmento del editorial de El Periódico de Extremadura sobre el particular: Fíjense en la terrible paradoja: José Luis Rodríguez Zapatero introduce en España un plan de austeridad para evitar la intervención del país, lo que provoca una crisis política que hace posible la aparición de Podemos; cinco años después, el secretario general de Podemos avala la decisión de Tsipras en Grecia, equivalente a la de Zapatero con el agravante de suponer una dura pérdida de soberanía, y de llegar tarde y mal.  

Posdata 3: Off topic mirando a los ojillos de Romeva (ex Iniciativa, neopujolista): la izquierda nacionalista no existe, hijo. Es nacionalismo de frontera e insolidario, sin asomo alguno de ideas de progreso, si es que las tuviste. Ahora, eres Mas de lo mismo.