Un nuevo país

Manuel Lobo

Este mes de octubre, pasará a la historia de España… Es un vaticinio que, al final del pasado día 1 de octubre les decía a mis hijos, quizá aún pequeños para entender todo lo que estaba pasando. Seguramente sus hijos lo estudiarán ya con la perspectiva suficiente y con el resultado que todo esto nos depare…

Las consecuencias son, a día de hoy  inciertas

Tras el intento de referéndum, el intento de suspensión del mismo por parte del Gobierno, incluyendo la controvertida actuación de Policía, Guardia Civil y Mossos,  han vuelto a poner encima de la mesa que, aproximadamente un 40% de los ciudadanos catalanes están completamente convencidos de que su única salida es desvincularse de España. Nos han dejado una Cataluña completamente dividida, dónde además la parte independentista está muy motivada y movilizada para conseguir su objetivo.

La amplia movilización del martes consiguió mantener motivados y en tensión a la ciudadanía independentista, con una “Huelga General”, “Paro País” como lo han llamado, siendo la patronal y la propia Generalitat los que la han convocado y provocado.

A partir de ahí, cada día hemos visto cómo se suceden diferentes actos, el primero el discurso de Felipe de Borbón…

Estos días había escuchado y leído de todo acerca del rol que tenía que asumir el Jefe del Estado… algunos echaban en cara su silencio y otros precisamente preferían que no entrase directamente en este peliagudo asunto. Yo no tenía claro qué podía ser lo adecuado, pero lo que tengo claro es que el discurso amenazante que hizo no fue elmás acertado.

La dureza hacia los independentistas, las amenazas veladas de aplicar el orden constitucional (¿art. 155 de la Constitucional con suspensión de autonomía?), no creo que hayan provocado el efecto deseado, más bien todo lo contrario.

Mis equivocadas expectativas cuando me enteré de su intervención, pensando en que teníamos como Jefe de Estado al Borbón más preparado de siempre, eran de que podía liderar un proceso de reforma profunda de la Constitución que pudiera renovar el pacto de todos los ciudadanos con nuestro país. No ha sido capaz, ya veremos si no tiene más consecuencias en desafección a la monarquía y si no es el primer paso de una transición de una monarquía a una república.

Así hemos llegado hasta hoy, donde ya hay fecha para el pleno del Parlament donde se tomarán las acciones para cumplir el resultado del referéndum y en el que se prevé que la mayoría de diputados independentistas aprobarán una Declaración Unilateral de Independencia.

Donde Puigdemont ha preparado su respuesta, a la misma hora que Borbón ayer, poniéndose al nivel de Jefe de Estado, tratando de tú a tú al Gobierno de España, como dos iguales, en lugar de dirigente territorial de un estado más amplio, todo un simbolismo de sus intenciones.

En su discurso llama a sus seguidores a la calma, a esperar al lunes con paciencia, a no cometer errores. Mantiene su irrenunciable deseo de independencia y anticipa la necesidad de un mediador para negociar con España las condiciones de la salida.

Mientras, Podemos, que no sabe cómo ganar protagonismo, tras unas semanas entre la realidad del deseo del resto de españoles respecto a la unidad nacional y la indefinición, le hace el juego a Esquerra y PDCAT, solicitando mediación externa.

A mi juicio, quizá escaso para estos temas tan complejos, el asunto del mediador externo, implica seguir en el marco independentista. Nuevamente nos llevarían la delantera en la comunicación y desde el minuto uno de esa negociación, el gobierno central estaría en desventaja.

Pero no creo que todo esté perdido sino que hay margen para negociar e intentar buscar una salida al problema.

Lo primero debería pasar por evitar la DUI y la aplicación del 155, como un primer gesto par iniciar la negociación. Las fatales consecuencias de suceder una o ambas, serían catastróficas y deberían ser motivo suficiente para que ambas partes desistan de estas intenciones.

Después, y enmarcado en una reforma constitucional que avance en un estado federal, dónde se dejen cerradas ya las competencias de cada uno de los niveles de gobierno, con financiación autosuficiente, que sea aprobado por todos los Españoles.

Además, deberían establecerse las condiciones y los plazos para un Referéndum, esta vez legal, que permita de una vez por todas poder cerrar las heridas que tenemos abiertas.

De todo esto, sólo hay una cosa cierta y es lo que indico en el título. Ocurra lo que ocurra estos días, para bien o para mal, marcarán el cambio más brusco en nuestra historia de los últimos 40 años.

Sólo deseo que, finalmente, HABLEMOS y que este cambio sea para bien.