Un mínimo de justicia

Millán Gómez

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de tres años de cárcel por un delito de falsedad documental contra el general Navarro y de 18 meses a sus dos subordinados José Ramírez y Miguel Sáez por su responsabilidad en el accidente del Yak-42. Navarro tendrá asimismo que abonar una multa de 1.800 euros y el pago de una indemnización de 10.000 euros para cada una de las familias de las víctimas.

La noticia es positiva pero insuficiente. Positiva porque supone que uno de los responsables de una de las mayores catástrofes de los últimos años en España no se va de rositas. Pero también es insuficiente porque el principal responsable, el ex – Ministro de Defensa, Federico Trillo, sigue saliendo indemne de semejante tragedia. Es más, es el portavoz de Justicia del Partido Popular (PP). No puede ser portavoz de Justicia alguien tan injusto. Este cargo es una ofensa a las víctimas que tuvieron que enterrar dos veces a sus familiares, con nocturnidad y alevosía, recibiendo acusaciones durísimas por parte de las autoridades y, sobre todo, recibiendo cadáveres que no eran los de sus seres queridos. Les dijeron de todo, desde que estaban politizados hasta recibir la humillación de que les dieran una tarjeta de un psiquiatra cuando denunciaban, como así se ha demostrado posteriormente, que en esas cajas no estaban los cuerpos de sus familiares.

Aquellos días las autoridades turcas dieron un ejemplo y las víctimas así lo han agradecido. Las 32 víctimas identificadas por los turcos no tuvieron el más mínimo error, las otras 30 que fueron responsabilidad del Ministerio de Defensa no acertaron ni una. Que se dice pronto. Las víctimas han sufrido el dolor ya de por sí tremendo de perder a un ser querido y encima han tenido que pasar por el mal trago durante estos años de ver cómo no se hacía justicia, cómo eran insultadas y humilladas y cómo el principal responsable sigue sin reconocer su error y sigue actuando en política sin mayor problema.

Federico Trillo está éticamente incapacitado para ejercer la gestión pública y mucho menos para dar lecciones de Justicia. Es un hombre sin conciencia. Se ha demostrado. Es imposible que tenga un mínimo de autocrítica quien actúa con semejante prepotencia y no es capaz de ponerse en el lugar de las víctimas. También es vergonzosa la actitud de sus compañeros por entonces en el Ministerio de Defensa que tampoco ofrecieron la más mínima solidaridad a las víctimas. Tampoco sus compañeros del PP. Todo este cúmulo de despropósitos no hace sino aumentar el dolor inenarrable de las víctimas y les hace pensar que en este país no existe justicia.

Pero esto no va acabar aquí. Las víctimas seguirán defendiendo que no sólo cargos militares tienen que pagar su error, sino también civiles. Algo raro pasa en este país cuando alguien como Trillo acude al Congreso con total tranquilidad y sabe que no va a ser culpabilizado de absolutamente nada. La sensación ciudadana es que la justicia no existirá como tal mientras que quienes son responsables directos de semejantes humillaciones a las víctimas campean a sus anchas mientras las víctimas sufren a diario el dolor de perder a un familiar y la insolidaridad de la Justicia.