Un mes después

Gironés 

Pues ya ha pasado casi un mes desde las elecciones catalanas y el sol sigue saliendo cada mañana.

Me gustaría hacer un par de comentarios  ahora que disfrutamos de un poco de la distancia cronológica:

1)     Un mes después podemos ver como el triunfalismo unionista post elecciones se ha resfriado bastante. Como ya pasó en las elecciones de 2012, el hecho de que Mas se quedara más o menos lejos de sus expectativas electorales, evocaba a la caverna mediática y a todos los miembros del tifo españolista a ver una victoria del no independentismo que ni los números globales ni los escaños reflejan. Parece claro que los titulares ya estaban escritos antes de saberse los resultados.

 La victoria del independentismo es clara, aunque no lo suficiente como para seguir adelante sin contemplar la posibilidad de un referéndum o de algún tipo de legitimación democrática. Y sí, la broma de partido de Ciudadanos parece que va haciendo brecha en la política española. Apoyado claramente por un amplio sector mediático  que va de El Pais a El Mundo, cosa inédita hasta la fecha, Ciudadanos hace de la ambigüedad y del nacionalismo españolista modernizado una nueva marca, atractiva para amplios sectores de la sociedad. Aunque no se tiene que olvidar que el partido del nuevo mesías tiene menos de la mitad de votos que Junts Pel Sí y solo el doble de votos del partido con menos representación parlamentaria en la cambra catalana.

2)     Menuda papeleta le ha caído a la CUP y al independentismo en general. El destino, sin duda. Como poner de acuerdo el partido Felip Puig o Boi Ruiz con el anticapitalismo más radical que hay actualmente en Europa. Pocos partidos europeos con representación parlamentaria tienen un discurso tan contundente en contra del sistema y del establishment imperantes.

Pero, la papeleta es para la CUP y también para Mas. Porque la única persona en el ámbito independentista  que políticamente aún no ha renunciado a nada en los últimos años ha sido él. Demostrando que es un estratega de primer nivel, Mas se supo poner al delante del independentismo cuando poca gente en su partido se lo pedía. Llevó a cabo un simulacro de referéndum delante de las amenazas del gobierno español. Y se salió con la suya con la lista única que, claramente, sólo le beneficiaba a él y a su partido.

Lo que seguro que no contaba es que para ser elegido como nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya tuviera que llegar a un acuerdo con la CUP, partido que cuando eran tres diputados miraba con cierto paternalismo y que ahora tendrá que sufrir en todas sus consecuencias.

Ha llegado el momento de que Mas haga un paso al lado para permitir al movimiento independentista demostrar su fondo de armario y el volumen y convicción de sus exigencias. La renuncia de Mas supondría la desautorización a aquellos que aún dicen que el independentismo es solo una maniobra de un político loco y permitiría visualizar el proceso como un movimiento absolutamente popular amplio en matices políticos y ideológicos.