Un líder capaz para el PSOE

LBNL

Capaz de ilusionar y arrastrar a los militantes y simpatizantes detrás de un programa de gobierno que ofrezca soluciones a la gravísima crisis económica e institucional que sufrimos. Y también capaz en términos de aptitud profesional, es decir, que haya demostrado su aptitud en la vida civil generando valor para la sociedad.

En el último Congreso, Rubalcaba fue elegido Secretario General frente a Chacón. Tiene por tanto plena legitimidad legal y democrática para dirigir el partido. Pero ha perdido toda legitimidad de ejercicio. Primero, con la estrepitosa derrota en las elecciones generales de noviembre de 2011. Después, perdiendo todas y cada una de las elecciones autonómicas posteriores (NB: también Andalucía, donde sólo se mantuvo el Gobierno en coalición con IU). Y finalmente, con su incapacidad para derrotar política y dialécticamente a Rajoy en el debate del estado de la nación pese a la gravísima crisis económica y la deriva política continuada del PP. Por no hablar del caos interno del partido, incapaz de mantener la cohesión necesaria en Cataluña, Galicia y, más recientemente, también en Castilla-León.

A estas alturas, Rubalcaba tiene claro que él no debe aspirar a ser el candidato del PSOE en las próximas elecciones generales. Pero de la mano de la “vieja guardia”, sigue pensando que lo mejor para el partido es capear el temporal y, sobre todo, controlar su sucesión.

El principal obstáculo es que el Congreso de Sevilla también decidió que la elección del próximo candidato socialista a la Presidencia del Gobierno sería por elección directa de todos los militantes y, muy importante, también los simpatizantes socialistas no afiliados. Conviene recordar que la elección de Zapatero no fue en unas primarias sino que fue elegido Secretario General por los delegados del partido en un congreso extraordinario.

Para la “vieja guardia”, su victoria contra Bono, candidato del aparato, fue el principio del fin. No pudieron frustrarla, como unos años antes hicieron con la victoria en primarias de Borrell frente a Almunia, también candidato del aparato. No pudieron porque Zapatero ganó las elecciones, algo que muy posiblemente Bono no habría conseguido. Zapatero fue más que generoso con la “vieja guardia”. Nombró a Solbes vicepresidente económico, a Bono ministro de defensa, encargó a Rubalcaba dirigir el grupo parlamentario, respaldó a Almunia y a Solana en Bruselas y colocó a Marín como Presidente del Congreso y a Felipe González en el Consejo de Estado. Pero se atrevió a gobernar a su manera, escuchándoles pero sin obedecer el dictado de los “héroes de la transición”. Ahora que sus dos victorias electorales consecutivas quedan lejos, desprecian sus ocho años de gobierno, tan llenos de logros como los trece de Felipe, y se centran en sus errores, olvidando convenientemente la extensión de la corrupción y el escándalo de los GAL que también caracterizaron el “felipismo”, por poner sólo dos ejemplos.

Rubalcaba y la “vieja guardia” conocen bien los entresijos del partido y cómo conseguir que los órganos locales y territoriales propongan delegados mayoritariamente fieles, evitando así cualquier posibilidad de renovación sustancial. No pueden saltarse a la torera las primarias abiertas pero pretenden limitar al máximo su impacto.

Lo primero es postergarlas hasta el último momento. Así, arguyen que lo apropiado es que tengan lugar pocos meses antes de las elecciones que en principio deberían ser en noviembre de 2015. Su plan es que Rubalcaba lidere el partido hasta después de las elecciones europeas de junio de 2014 y las locales y autonómicas de mayo de 2015. Esperan que la crisis económica haga mella en los resultados del PP y que los buenos resultados del PSOE permitan señalar a un candidato “in pectore” que militantes y simpatizantes no tengan más remedio que refrendar en julio o septiembre de 2015. Cuentan, además, con la posibilidad de que Rajoy se vea compelido a adelantar las elecciones, lo que acortaría los plazos de cualquier candidato ajeno al aparato para reunir los varios miles de avales de militantes necesarios para concurrir a las primarias.

Por si acaso, están tratando de tergiversar el sentimiento generalizado en el partido a favor de una democratización profunda de las reglas de funcionamiento interno. Rubalcaba dice que es necesario abrir el partido, pero sobre todo que el partido debe abrirse a la sociedad. Es un matiz importante. El partido somos “nosotros”, viene a decir, y está bien así. Somos “nosotros” los que tenemos que salir al encuentro de la sociedad, no tanto dejar que la sociedad entre en el partido.

La plasmación es el proceso de renovación programático pilotado por Ramón Jauregui, en el que las propuestas para limitar los mandatos y la acumulación de cargos orgánicos y públicos son accesorias. Lo importante es el “programa”, para cuya cocina son por supuesto bienvenidas todas las propuestas, también de fuera del partido, dado que posteriormente el bueno de Ramón elaborará la ponencia definitiva que será convenientemente sacralizada por los fieles delegados que sean enviados a la conferencia política.

Es un plan perfecto. Las primarias abiertas muy al final y con un programa electoral ya fijado, para limitar aún más la capacidad de maniobra de cualquier candidato alternativo.

Es un plan perfecto para fracasar. Para fracasar en la muy necesaria tarea de oposición, para fracasar en las próximas citas electorales y para fracasar también, si es que el PSOE consiguiera ganar las elecciones generales de 2015, en la tarea de sacar al país de la gravísima crisis en la que, previsiblemente, seguiremos instalados todavía.

El PSOE tiene unos estatutos legales y una larga tradición política basada en la lucha por la libertad, la democracia y la igualdad de oportunidades. Dentro de esos parámetros muy bien establecidos, hay mucho margen para su adecuación a los desafíos actuales. Y ese margen lo debe definir el equipo del líder que vaya a dirigir el partido en los próximos años, no al revés. Porque lo dicta la lógica y porque el “aparato” no hace más que demostrar su completa incapacidad para formular ideas ilusionantes y viables.

Todas las aportaciones programáticas son válidas, pero no debe ser el “aparato” quien las filtre sino el líder que elijamos entre todos, junto a los simpatizantes. El orden de los factores altera el producto y debería ser interés común que el producto sea lo más atractivo posible para la sociedad.

El argumento de la estabilidad tampoco sirve. El PSOE está tan por los suelos que no es capaz de hacer una oposición mínimamente eficaz, pese a los múltiples flancos que ofrece el PP. No hay tampoco procesos electorales en ciernes. La única salida viable es abrir el proceso de primarias abiertas ya, con tiempo, con reglas claras y equitativas. Y después formular  un programa electoral que nos pueda llevar de nuevo al Gobierno para tratar de sacar a España del caos en el que se encuentra.