Un gran paso adelante

Padre de Familia

 

El mismo título vale tanto para calificar la detención de Txeroki ayer como para valorar la Cumbre del G-20 del pasado fin de semana. Por supuesto la neutralización del jefe “militar” de ETA es un gran paso hacia la descomposición de la banda, especialmente dado su historial de radicalidad máxima y violencia extrema, porque todo parece indicar que es el responsable de los dos fallecidos en la T-4 y -directamente- del asesinato de los dos guardia civiles de Capbreton. Ahora bien, sería prematuro lanzar las campanas al vuelo: inmediatamente ha empezado a circular el nombre de su posible sucesor y de seguro tendremos que lamentar otras acciones de ETA antes de podernos librar definitivamente de esta lacra.

 

Esperemos que, como marcan los cánones policiales, la detención haya tenido lugar después de que las fuerzas de seguridad le hayan tenido bajo control durante un tiempo, de tal forma que sean varios los “gudaris” que a estas horas se esconden en rincones oscuros convencidos de que están a punto de ser detenidos y de que sus escondites, antaño seguros, hoy ya no lo son. En todo caso, tiempo habrá para analizar y sopesar a la luz de los informes policiales que se vayan conociendo, las implicaciones que la detención de Txeroki vaya a tener sobre el devenir de la banda criminal que, quizás y sólo quizás, apuntalen la tendencia incipiente en la izquierda nacionalista de romper amarras de una vez con lo que es cada vez más, y ahora también a sus ojos, una mera amalgama de jóvenes marginales descerebrados.

 

Porque sólo se me aparecen tres formas posibles de acabar con ETA: que la izquierda nacionalista tome las riendas y someta a sus elementos más díscolos; por medio de una solución dialogada, es decir, una rendición con condiciones; o forzando su rendición incondicional a partir de una derrota policial total. Pero en este último supuesto será inevitable lidiar con los rescoldos humeantes, a lo peor todavía llameantes, algo que sería mejor evitar.

 

 

Centrémonos pues en algo bastante más importante por su impacto global, como es la todavía reciente reunión de los líderes del G-20, de España y Países Bajos y de las instituciones internacionales relevantes – Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y el Foro para la Estabilidad Financiera. La convocatoria de la Cumbre era en sí misma una buena noticia dada la magnitud de la crisis financiera mundial. Claro que no estaba claro que los asistentes fueran a estar a la altura de los retos, especialmente teniendo en cuenta el lamentable precedente de desunión que dieron los cuatro países europeos del G8 cuando se reunieron a principios de octubre.

 

Sería demagógico afirmar que la ausencia o presencia de España –ausente de aquélla pero presente en la del G20- tiene un impacto directo en el fracaso o éxito de estas reuniones pero lo cierto es que el resultado de la Cumbre de Washington ha sido francamente positivo, superando con creces al menos mis expectativas. Los líderes mundiales no han conseguido poner fin a la crisis ni acabar con el paro, como Montoro no cesa de exigirle a Zapatero. Pero seguramente todos menos Montoro éramos conscientes de que no se trataba de eso. Ni siquiera se planteaba una Cumbre maratón al estilo de la de Bretton Woods de la que saliera perfilado un nuevo sistema económico-financiero global. Al contrario, desde el principio se optó por un objetivo más realista, por encontrar un consenso político que diera luz verde a un proceso que siente las bases para la reforma del sistema.

 

La primera buena noticia es que los líderes mundiales, Zapatero incluido mal que le pese a Montoro y cia., fueron capaces de emitir un mensaje nítido de cohesión sobre las causas de la crisis y la necesidad de remar todos en la misma dirección antes que pisarse mutuamente la manguera tratando de mantener la cabeza fuera del agua aún a costa de hundírsela al vecino, como pasó durante la depresión del 29. (Comunicado de la Cumbre en inglés: http://www.whitehouse.gov/news/releases/2008/11/20081115-1.html).

 

Además, los líderes mundiales fueron capaces de acordar un conjunto de medidas a corto plazo, a poner en práctica antes del próximo 31 de marzo, y a medio plazo, a desarrollar en una segunda Cumbre ya bajo Presidencia británica a finales del próximo abril. Bien es cierto que las medidas a corto plazo las deben poner en práctica las autoridades de cada país de forma autónoma cuál es el mix correcto y el ritmo más adecuado para llegar al objetivo deseado. De alguna manera ello refleja que no hay una identidad total en los análisis pero también que la crisis afecta a cada país de forma diferente en función de su situación específica. Así, las situaciones de España e Italia no son comparables. Esta última parte de una deuda pública por encima del 100% de su PIB y un déficit público por encima del 3% mientras que España parte del superávit presupuestario mantenido durante toda la primera legislatura de Zapatero y de la reducción de 12 puntos porcentuales de la deuda pública, dejándola en un mucho más bajo 46% del PIB incluyendo a todas las administraciones públicas, lo que deja bastante margen incluso respetando el límite de la UE del 60% del PIB.

 

Lo cierto es que el comunicado y el plan de acción que emanaron de la Cumbre incluyen prácticamente todas las cuestiones conflictivas que se han venido denunciando en los últimos meses. Hay un compromiso inequívoco de que la supervisión de las autoridades financieras se extienda a todos los productos financieros así como sobre la necesidad de impedir que las entidades financieras puedan excluir riesgos de sus balances. Se menciona también la necesidad de abordar la mejor regulación del funcionamiento de las agencias de calificación de riesgos y de establecer mecanismos de compensación centrales para ordenar el tráfico de derivados complejos y opacos, lo que implicará necesariamente una más que deseable limitación del apalancamiento. ¡Incluso he contado hasta tres referencias a la necesidad de examinar los mecanismos de retribución a los directivos de las empresas para evitar que se vincule a objetivos a corto plazo y hasta una referencia a la necesidad de hincarle el diente a los “hedge funds”!

 

Por lo demás, los líderes tampoco se olvidaron de las necesarias reformas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, demandando al primero que siguiera apoyando a las economías emergentes y al segundo que siguiera apoyando a las economías en vías de desarrollo, además de admitir que es necesario que asuman un mayor peso dentro de ambas instituciones. Y aunque no llegaron a acordar cómo hacerlo, también hicieron un llamado al desbloqueo de la ronda de Doha de la OMC que, recordemos, ha estado dedicada desde el principio a la apertura comercial en aquellas áreas más beneficiosas para las economías en vías de desarrollo.

 

En suma, es posible que el desaguisado económico-financiero mundial sea de tal magnitud que ya sea demasiado tarde para mitigar sus daños pero como dice el dicho, más vale tarde que nunca, especialmente si el acuerdo es tan positivo y sensato como el alcanzado en Washington y más todavía si contamos con la garantía añadida de que serán Obama y su equipo los encargados de continuar impulsándolo en vez del aciago Bush que, sin duda, trataría de poner palos en las ruedas una vez capeado lo peor del temporal.

 

El mismo dicho es igualmente válido para la izquierda nacionalista vasca como también el de no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy: en algún momento tendrán que ser capaces de liberarse de ese zafio corsé violento y cuanto antes lo hagan antes podrán jugar sus bazas políticas en plenitud de condiciones.