Un drama a erradicar

Millán Gómez 

La inmigración ha provocado que los medios de comunicación se hayan teñido durante toda esta semana de imágenes desgarradoras, de relatos que ponen el vello de punta a cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad y humanidad. Ayer mismo llegaba a Canarias un cayuco con cuatro muertos y once heridos. El fenómeno migratorio es la crónica de la evolución de las sociedades. Es imposible entender la historia sin dedicar capítulos y capítulos a la inmigración.

Este fenómeno surge por las desigualdades existentes en el mundo. La gente busca trabajo fuera de sus casas para tener algo con qué comer cada día y mejorar, de este modo, su propia calidad de vida y la de su familia. Son gente que renuncia a lo que más quiere para que su entorno subsista. No existe mayor presión que saber que cada día tienes que trabajar (en muchas ocasiones en condiciones lamentables) para poder alimentar a tus hijos.

En una coyuntura económica como la actual, es más que evidente que si no fuera por el número de inmigrantes que conviven con nosotros en España la situación sería mucho más preocupante. El crecimiento económico que ha vivido este país durante estos últimos tiempos es debido, en gran medida, al número de extranjeros que vienen a trabajar y colaborar codo con codo con nosotros.

Frente a esta situación, existe un sector de nuestra sociedad que se muestra reticente a la llegada de inmigrantes. Escuchamos comentarios xenófobos cada día en la calle, incluso por profesionales del prestigio de María Escario. Esta periodista realizó una supuesta gracia sobre estos nuevos españoles que celebraban la victoria de la selección de fútbol en la pasada Eurocopa. Existe un sentimiento racista en nuestro país mayor de lo que se dice. Ocurre algo similar como con los documentales de La2, todo el mundo los ve pero los índices de audiencia son más bien pobres. España es un país maduro y tolerante pero que convive con un espectro social que no se ha amoldado a los nuevos tiempos y parece poco menos que imposible reconducirles.

Frente a lo que muchos califican como xenofobia o racismo, lo que existe en España y en muchos otros países respecto a los inmigrantes es aporofobia, sentir rechazo por todo aquello que denota pobreza. Por parte de algunos, los inmigrantes son seres que merecen la más absoluta de las marginaciones y no son tratados como los ciudadanos nativos. Estos trabajadores han creado riqueza en España y esta obviedad hay que repetirla hasta la saciedad y ni así algunos se enterarán.

Viviremos en una sociedad más justa e igualitaria el día que la llegada de inmigrantes en cayucos a las costas españolas sea producto del pasado, de una historia negra que ojalá erradiquemos. Los inmigrantes son seres humanos igual que el que esto escribe o que usted, querido lector. El problema económico ocupa amplios espacios en los debates políticos y mediáticos pero la inmigración merece tanta o más atención. Cualquiera de esos inmigrantes que se juegan la vida en las costas podríamos haber sido nosotros. Tenemos que recordar que no hay nada más arbitrario que el lugar donde uno nace. Podremos tener problemas en nuestro país y claro que los tenemos pero seguimos gozando de unas condiciones inalcanzables para muchos otros ciudadanos que no son menos que nosotros.