Un corrupto menos

Millán Gómez 

Tras la derrota del PP en las últimas elecciones generales, los más ilusos pensaron que la decisión de Eduardo Zaplana de abandonar la primera línea política para convertirse en “diputado raso” se debía a una reflexión personal. Fruto de este supuesto debate interior, el dirigente popular consideraría que su ciclo político había terminado. Pues no. Nada más lejos de la realidad. Cuando Zaplana se metió en política afirmó lo siguiente: “”Me tengo que hacer rico porque estoy arruinado…me hace falta mucho dinero para vivir”. Hombre, a estas alturas es evidente que los políticos se meten en este mundo porque, probablemente, posean unas ideales que les lleven a luchar por su cumplimiento pero no es menos lógico pensar que también es debido a que las remuneraciones son cuantiosas si actúas con responsabilidad y mucho más elevadas si te conviertes en un corrupto. Un ejemplo magnífico de esta segunda opción es un tal Eduardo Andrés Julio Zaplana Hernández-Soro.
  

En sus primeros años como político, se convirtió en alcalde de Benidorm tras una moción de censura con el apoyo decisivo de una concejala tránsfuga del PSOE, Maruja Sánchez. No me dirán que no es una forma cuanto menos peculiar de comenzar una carrera política. 

Su fulgurante trayectoria le llevó, en 1995, a presidir ni más ni menos que la Generalitat Valenciana (su mandato duró hasta 2002) tras un pacto con los regionalistas de Unió Valenciana. ¿Se rompía España por aquel entonces, señor Zaplana? Durante su mandato, puso en marcha el parque temático “Terra Mítica” que, como todo el mundo sabe ahora, se codea en visitantes con Eurodisney. Qué digo yo, con Disney World si me apuran. Cuando puso en marcha este proyecto dijo, con la prepotencia y la falta de escrúpulos que caracteriza a este tipo de personajes, que el presupuesto de este parque de atracciones no iba a costar un duro a los ciudadanos valencianos. Un duro no, unos cuantos.

Finalmente, este faraónico plan que iba a colocar a la Comunitat Valenciana en el mapa, cual España tras la guerra de Irak según el profesor-visitante de Georgetown, ya acumulaba en 2003 unas pérdidas de unos 200 millones de euros. Vamos, una nimiedad. Un año después, en 2004, tiene lugar la suspensión de pagos. El destino de parte del montante total de “Terra Mítica” se desconoce y mucho me temo que no se va a saber nunca. Es curiosa la facilidad y la tranquilidad que tienen algunos sujetos que deberían tener un miedo soberano a ser citados por la Justicia. Algo funciona mal en la Justicia de este país si personajes como Zaplana no han sido condenados por cuestiones tan baladíes como corrupción o malversación de fondos públicos.

Como premio a los servicios prestados, el presidente Aznar le nombra Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales para, posteriormente, ser también portavoz del Gobierno que mintió a los españoles. Fue un extraordinario Ministro de Trabajo a la hora de buscar trabajo…a amigos suyos. En la pasada legislatura, esta luminaria fue el portavoz del PP y uno de los principales acicates en la política de acoso y derribo de la derecha frente al PSOE.

Pues bien, como Zaplana ya se hizo un poco rico en política y no tiene demasiados problemas para llegar a fin de mes, en algo se diferencia de Esperanza Aguirre, ahora dice que deja el gremio porque “mi ciclo se ha acabado”, “es lo mejor para mi partido y para mí” y otras sandeces del estilo. Zaplana ocupará el cargo de delegado de Telefónica en Europa. Tampoco faltan unas declaraciones suyas donde dice que esta oferta ya la tuvo la pasada legislatura y la rechazó. Pobriño, qué sentido de la responsabilidad tan grande, qué ejemplo de cumplimiento del contrato social con los ciudadanos, qué político tan cumplidor. 

Si hubieses aceptado esa oferta, Edu, igual la opinión pública no hubiese tenido que soportar tus más de 500 preguntas sobre la supuesta teoría de la conspiración del 11-M  que ni tú mismo te creías y hubiésemos dedicado más tiempo a solucionar cuestiones más importantes como la economía, el empleo o la inmigración. Qué cara tan dura tienen algunos para no acatar un fallo judicial que revela que no hay vínculo alguno entre eta y los atentados que acabaron con la vida de 192 seres humanos. Qué afán investigador tenía Edu que fue capaz de decir disparates tales como vincular a eta con el atentado porque en la furgoneta de marras había una cinta de la Orquesta Mondragón o que los suicidas de Leganés eran poco menos que un invento de una policía que, por lo visto, colecciona cadáveres en frigoríficos.

Lo único que queda claro en este asunto es que su despedida de la política ayuda, sin ningún género de dudas, a limar la crispación del pasado cuatrienio, así como borra del mapa del PP a uno de los personajes más siniestros que han pasado por la vida política española. Pero, por encima de todo, revitaliza la higiene política de un país donde la ciudadanía demanda gestores responsables y no sujetos que públicamente dicen que van a luchar por el bienestar de todos y, en la práctica, sólo luchan por el suyo propio.