Turismo sostenible sí, en cinco minutos no

 Ariamsita

Pese al poco tiempo que han tenido los nuevos gobiernos municipales para llevar a cabo sus programas electorales, hay algunas medidas que no se han hecho esperar, trayendo con ellas no poco revuelo. Es el caso de la famosa suspensión de la concesión de licencias turísticas en Barcelona por parte de Ada Colau.  La medida, que estaba reflejada en el programa electoral de Barcelona en Común, no parece haber sido del agrado de aquellos que habían comenzado ya a trabajar en nuevos proyectos de alojamiento -el caso del Hyatt que estaba previsto abrir en la Torre Agbar, por ejemplo-. A su vez, el nuevo presidente de Canarias se ha pronunciado también en la línea de controlar el crecimiento del turismo, al decir en una entrevista que Canarias debía limitar el número de turistas. 

¿Cómo enfocar este giro en las políticas turísticas por parte de dos de los mayores focos receptores de visitantes de España? Por una parte, considero que es sin duda positivo que se pongan por fin sobre la mesa conceptos como el de turismo sostenible o el de capacidad de carga de un destino (yo misma hablaba aquí hace unos meses de la necesidad de buscar un nuevo modelo turístico en España). Comparto, aunque con matices, el miedo a que Barcelona se convierta en Venecia .La transformación de un destino turístico en una especie de parque temático es un riesgo innegable, así como uno de los mayores retos de la gestión del turismo urbano (entre otros muchos). No es fácil combinar la promoción de los recursos de una ciudad con mantener la calidad de vida de sus habitantes: la explotación de estos recursos por parte del turismo puede generar resentimiento, ya que las necesidades de turistas y de autóctonos no son necesariamente las mismas. A esto se suma la complejidad de elaborar una normativa turística sólida y global, debido al  laberinto de competencias que afectan al sector: por una parte, a nivel administrativo nos encontramos con la dificultad de establecer un plan turístico claro y efectivo mientras cuatro niveles de competencias se solapan entre sí. Por otra, la interrelación entre competencias urbanísticas, económicas, culturales, de transporte… cuando hablamos de sector turístico, hace que sean muchos los agentes implicados en la elaboración de políticas turísticas (tenéis esto mucho más desarrollado aquí o aquí). 

Con lo que me cuesta hallar un punto de encuentro es, sin embargo, con el modo en que Colau ha decidido llevar a cabo la medida de las licencias  y, en general, con el hecho de querer iniciar un camino tan largo e importante como lo es el de cambiar el modelo turístico de una ciudad entrando cual elefante en cacharrería. Siendo el turismo una parte fundamental del PIB de Barcelona -representa de forma directa  un 14% del mismo-  ¿es sensato implementar una medida de este estilo sin dialogar con nadie, sin que nada responda a un acuerdo entre los diversos agentes y, sobre todo, sin un plan alternativo sobre la mesa que tranquilice a los inversores? Resulta en cualquier caso chocante ver que mientras se habla de objetivos a largo plazo las medidas se toman con prisas, sembrando el desconcierto entre quienes habían comenzado un proyecto o se planteaban hacerlo en un futuro. 

Colau justifica esta actitud alegando  que se trata de una medida temporal, una especie de vamos a paralizar todo mientras pensamos qué hacemos. Tal vez alguien debería comentar a la alcaldesa que en el mundo real, los inversores no esperan un año sentados a la espera de nuestras decisiones: ante señales hostiles, el dinero se va a otro sitio. ¿Tiene Colau un verdadero plan de cómo convertir el actual modelo masificado de Barcelona en un modelo de calidad y mayor valor añadido que permita un menor flujo de visitantes? Porque en caso afirmativo, tal vez estaría bien que lo promocionase y lo vendiese a bobo y platillo de forma que los inversores no saliesen corriendo. En este sentido, parece más razonable  la postura del nuevo gobierno de Canarias cuando habla de analizar la situación y elaborar un nuevo plan primero y actuar en consecuencia después. 

El único modo de convertir Barcelona en un destino sostenible e iniciar el camino hacia un menor flujo de turistas y una mayor calidad pasa por hacer esto de forma progresiva, con el fin de evitar una caída brusca de la inversión, del empleo y de la riqueza generados por el sector en la ciudad. Dudo mucho en definitiva, de que ningún objetivo de sostenibilidad pueda implementarse de forma drástica. Como bien dice el título de este post: Turismo sostenible sí, pero no en cinco minutos.