Trump fiambre

LBNL

Escribo estas líneas unas horas antes del segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump, que espero sea una repetición del primero e implique el hundimiento definitivo del super capullo – si lo dice Robert de Niro también puedo decirlo yo – del tupé y labios ridículos. Lo peor, sin embargo, no es su absurda apariencia e arrogancia ilimitada. Lo peor, obviamente, es lo que piensa, de los latinos, los negros, los musulamanes, las mujeres y cualquiera que le critique. Como ya sabrán, el viernes pasado se filtró una cinta de mediados de la década pasada en la que Trump comenta con un primo del Presidente W. Bush – que le ríe las gracias – cómo las mujeres le dejan hacerles de todo porque es famoso. En concreto, viene a decir que en cuanto ve a una tia buena se siente inmediatamente atraído y las empieza a besar y, como es famoso, ellas le dejan meterles mano en el coño.

El revuelo generado en Estados Unidos ha sido mayúsculo, en gran parte porque se ha interpretado que Trump venía a avalar el acoso sexual: tocamientos sin consentimiento. Cuando escuché la cinta, no me sorprendió. Tampoco me pareció lo más grave que ha dicho después de haber acusado a los inmigrantes mexicanos de ser traficantes de droga y violadores, a los musulmanes de ser terroristas en potencia y haber dado a entender que considera que los negros son todos unos perdedores. Tampoco es la primera vez que denosta a las mujeres, habiendo dado a entender que una periodista crítica lo era porque “estaba sangrando, se me entiende, ¿no?”. Es decir, yo ya tenía claro que Trump es un misógino que cosifica a las mujeres. Se casa con modelos – la segunda mujer le acusó de violación aunque luego se retractó – alardea de pasearse por el backstage del concurso de Miss Universo que organizaba para ver a las concursantes desnudas – “me dejan porque soy el organizador” – y su misoginia es perfectamente coherente con su racismo – no rechaza el apoyo de líderes de la derecha supremacista blanca – y xenofobia.

Lo positivo del último escándalo es que son legión los líderes republicanos que han reaccionado escandalizados y le han retirado su apoyo. Supongo que las deserciones habrían sido muchas menos si Trump hubiera ido por delante en las encuestas – según el super experto Nate Silver, las probabilidades de que Clinton gane la presidencia son de un 82% – y las perspectivas electorales para los republicanos en el Senado fueran mejores – de momento empate técnico con ligera ventaja demócrata. O si Trump se hubiera mostrado sólido en el primer debate con Hillary. Pero no, fracasó estrepitósamente tanto en cuestiones de fondo como, sobre todo, en modales y estilo. Y las expectativas para el debate del domingo por la noche no eran muy halagüeñas, entre otras cosas por el formato, que incluye preguntas directas del público.

En suma, los líderes republicanos han empezado a abandonar el barco para intentar salvar sus propias campañas al Senado y al Congreso, conscientes de que alienar al 50% del electorado es tremendamente perjudicial, y más hacerlo con lenguaje chabacano intolerable para la base conservadora evangélica y puritana.

Inasequible al desaliento, Trump ha declarado que no hay ninguna posibilidad de que renuncie a su candidatura, como le piden los críticos que haga a favor de su candidato a Vice-Presidente. Un chulo no se rinde, especialmente si sabe que al menos un 30% de la poblacion le va a votar sí o sí, precisamente por las mismas razones por las que un porcentaje mucho mayor no le votará jamás, por más que Hillary no entusiasme a la izquierda y sea tremendamente odiada por la derecha.

Como dice Robert De Niro, lo increíble es que hayamos llegado hasta aquí, que Trump haya conseguido la nominación republicana y tenga la posibilidad de convertirse en Presidente de Estados Unidos. Su arrogancia y chulería serían un peligro extremo si llegara a serlo. Pero no nos equivoquemos. Trump no es en absoluto tonto. Ha sabido conectar con los “red necks” (clase media baja blanca) apelando a todos sus miedos y abanderando la lucha contra el libre comercio, que tanto daño ha hecho a los trabajadores de la industria norteamericana de no punta. Dice que se opuso a la invasión de Irak y de hecho criticó en su momento lo mal que se estaba dirigiendo la guerra y cuando alardea de su éxito con las mujeres o de la mano dura que exhibiría contra los terroristas o el Gobierno chino, se posiciona como el macho alfa triunfador que muchos blancos mediocres querrían ser. Y les da igual que entre medias deslice frases admirativas para con Putin, porque el gran atractivo de Trump es que dice las cosas como son, sin tapujos, no como los políticos del establishment de Washington.

De otro lado, cuenta con el apoyo de la élite financiera, interesada en que ponga en práctica su plan de reducir aún más los impuestos, que no tiene empacho en admitir que él no paga porque es listo y aprovecha eficazmente triquiñuelas legales.

Pero esperemos que el último escándalo y su previsible mal desempeño durante el segundo debate le conviertan en un fiambre político que garantice su derrota dentro de un mes por un márgen espectacular. No estaría mal que la lógica se impusiera tras los reveses del plebiscito de Colombia y el referendum del Brexit…