Tres batallas, pronóstico doble, una clave y un deseo

MCEC

Al menos tres son las batallas electorales que se dilucidarán el próximo 27 de mayo. Por un lado, la contienda por ganar las alcaldías de la mayor cantidad de ciudades y pueblos de España, con especial atención a las más grandes, las únicas de relevancia política dadas las escasas competencias y recursos presupuestarios reservados a los municipios en nuestro ordenamiento político. De otro, la pelea por hacerse con el gobierno de la mayor cantidad de Comunidades Autónomas, fuentes de poder creciente en áreas trascendentales para la ciudadanía tales como educación, sanidad, el planeamiento urbanístico, medio ambiente, infraestructuras, etc, como demuestra la efectiva labor de zapa contra el Gobierno socialista realizada por el PP desde las Comunidades en las que gobierna, señaladamente desde la de Madrid.

Y finalmente, la pugna entre los dos principales partidos para ver cual consigue el mayor número de votos a escala nacional constituirá la mejor encuesta con vistas a las elecciones generales que tendrán lugar sólo diez meses después.Los sondeos son especialmente poco fiables en este tipo de elecciones porque la multiplicidad de carreras electorales restringe el volumen de los muestreos. Aun así, a partir de los publicados hasta la fecha cabe pronosticar que no habrá vuelco y que la noche del 27M todos podrán proclamarse victoriosos.Es probable que el PSOE alcance el gobierno autonómico en dos o tres comunidades adicionales (Navarra, Canarias y Baleares) mediante pactos con las fuerzas locales, conservando las que ya gobierna. Aun si no consigue anotarse ninguna comunidad adicional (lo que no es descartable especialmente si las fuerzas regionales de centro derecha citadas se dejan tentar, también en Cantabria) el PP podría alcanzar alguna alcaldía de suficiente entidad (por ejemplo Sevilla), esgrimirá que sigue siendo la fuerza más votada allá si es desalojado del poder en Navarra y Baleares y, sobre todo, centrará su “victoria��? en la reducción de a diferencia de votos cosechada por el PSOE en las generales de 2004.La ausencia de vuelco electoral será también interpretada a gusto de cada cual. Para el PSOE, demostrará que la estrategia de acoso y derribo desplegada por el PP en los últimos tres años ha fracasado. La ciudadanía habrá hecho caso omiso a los augurios catastrofistas del PP y habrá sabido premiar al PSOE por su exitosa labor de gobierno, trufada de resultados tangibles como el crecimiento económico, la extensión de derechos civiles, el cuarto pilar del Estado del bienestar, la reforma del Estado autonómico y una política exterior de paz.En cambio y como ya hizo tras las elecciones europeas, el PP venderá el virtual empate a escala nacional como la reacción popular a los desmanes socialistas, despertada ya la opinión pública de la pesadilla del 11-M, única razón por la que no renovó la confianza que el PP merecía en 2004. Estos pronósticos son fiables en la medida en la que se materialice el dato que más sólidamente reflejan todos los sondeos electorales: un aumento muy significativo de la abstención. Desaparecidas las circunstancias extraordinarias que presidieron las generales de 2004 y que empujaron a la ciudadanía a votar en una meritoria reacción cívica al terror y a su manipulación política, la estrategia de demolición del PP sí parece haber tenido éxito en hastiar a la opinión pública, que se muestra tan satisfecha con la situación económica como insatisfecha respecto a la situación política de enfrentamiento, crispación y falta de entendimiento entre los dos principales partidos políticos.Para frustración de los estrategas socialistas, el PP ha conseguido dinamitar el “talante��? positivo de ZP. Los estrategas “peperos��? no han conseguido provocar un trasvase pero sí un aumento de la desafección política, del todos los políticos son iguales, ninguno cumple sus promesas, etc. Y como sabemos, España es un país mayoritariamente de centro izquierda en el que las elecciones se deciden en función del porcentaje de votantes de centro izquierda que decide quedarse en casa tras haber sometido a sus representantes naturales a un exigente filtro mientras los “peperos��? acuden fielmente a las urnas para defender su credo y sus intereses.Lamentablemente no puedo ofrecer una receta mágica para, en los sólo diez días de campaña que quedan, movilizar al electorado de izquierda para que se deje de remilgos y pare los pies convincentemente al Partido Popular, cuyo retorno al Gobierno nacional sin duda lamentarían. Entrar al trapo del PP moviliza a los más militantes pero echa para atrás a los más centristas sin cuyo apoyo no se puede ganar. Pero esos mismos centristas pueden dejarse llevar por el quién calla otorga si no se responde a las injurias repetidas desde las atalayas populares.

En todo caso, si mis pronósticos se materializan y el 27M llueve lamentablemente a gusto de todos por la elevada abstención, sería urgente y prioritario que el Gobierno y el PSOE pongan su confusa, caótica y penosa política de comunicación patas arriba y encuentren de una vez la manera de hacer llegar a la opinión pública los considerables logros acumulados en esta legislatura.

Por último, un deseo, tan poco probable como intensamente deseado. Un batacazo electoral del PP sería bueno no sólo para el PSOE sino para el país entero porque precipitaría un cambio de rumbo en el PP ante la falta de resultados de su crispación forzada y la sucesión de mentiras tremendistas (ocultamiento de la verdad del 11-M, pacto secreto ETA-PSOE, balcanización de España, destrucción de la familia, guerra a la Iglesia Católica, etc) con la que la han sustentado.

Pero lamentablemente me temo que habrá que esperar a marzo de 2008. Eso sí, con mucha confianza porque incluso sin cambios en la política de comunicación socialista es casi seguro que los resultados del 27M garantizarán que la próxima legislatura volverá a estar presidida por Zapatero, aunque sólo sea por la imposibilidad del PP para encontrar socios de gobierno en el estrecho y oscuro cajón en el que se ha metido.