Treinta años no es nada

 Frans van den Broek

Hace poco leí en una revista peruana sobre un incidente en los Andes que espero preocupe a cuanto peruano lo lea, no solo por el hecho en sí, que ya es bastante deprimente, sino por lo que significa en el Perú democrático y económicamente en crecimiento de hoy en día, y por los recuerdos que  evoca. Una pareja de americanos decidió hacer uno de aquellos viajes épicos que siempre me he preguntado cómo son posibles, no tanto físicamente, sino en términos financieros: de dónde demonios sacan el dinero algunas gentes para pasarse meses o años recorriendo el mundo sin tener que trabajar. Los americanos en cuestión se compraron una camioneta y se fueron a recorrer el continente americano de norte a sur. Al llegar a Perú se unieron con la hermana de uno de ellos y, como no podía ser menos, visitaron también los alrededores del valle sagrado de los Incas, cerca a Cuzco. Un malhadado día les cogió la noche en medio de las montañas y aparcaron al lado de la carretera para descansar y dormir. No pasó mucho tiempo antes que una partida de campesinos de lugar se apersonara junto a la camioneta y les conminara a salir del coche e identificarse. Al parecer querían que los americanos les dieran sus pasaportes, pero éstos se negaron, para su mal, pues no eran policías y no tenían derecho a pedirles identificación. Los campesinos entonces les maltrataron, los americanos huyeron y estuvieron corriendo por una hora a campo traviesa hasta que los atraparon, bien apedreados, y llevaron a una casa, donde les maltrataron aún más por once horas, a chicotazos y golpazos, mientras algunos gritaban que los mataran, tortura que no concluyó sino con la llegada de la policía a la mañana siguiente.

 Al parecer, explicó la policía, no era inhabitual que en dicha región aparecieran de cuando en cuando abigeos que se robaban ganado, por lo que podrían haberles confundido como tales, aunque el hecho de ser extranjeros contradice un poco dicha hipótesis. Otra teoría es que activistas del medio ambiente han estado indoctrinando a la población del lugar en contra de las minas, y personas como los americanos podrían ser ingenieros en busca de lugares adecuados para la explotación. Como fuera, lo más resaltante es que el artículo no mencionara haberles preguntado a los campesinos mismos la razón de su comportamiento, como si se tratara solo de extras de una película americana sin rostro ni identidad propia. Tal vez no hablaran el español, pero sospecho que no hubo demasiado interés en averiguar sus motivos, como no lo ha habido desde ya cientos de años.

 ¿Es este un caso de mera confusión de identidades, un malentendido grotesco y lamentable? Francamente, lo dudo, si por ello se entiende un hecho fortuito, desligado de sus actores y sus circunstancias. En ciertas regiones del Perú, todavía demasiadas en el siglo veintiuno, esta es la norma, una distancia cultural y económica abismal, en la que  ciertas comunidades obran según los dictados de sabe Dios qué costumbres ancestrales o mestizas. Los demás, a quienes solemos llamar, no siempre con razón, civilizados, se guían, mal que bien, por las normas de las sociedades occidentales y el estado de derecho. Como era de esperarse, este episodio hizo recordar aquel otro, no muy lejano, en el que un alcalde fue linchado, al más puro estilo Fuenteovejuna, por la airada población de alguna ciudad o pueblo andino de Puno, hecho que quedó grabado para la posteridad y se transmitió por televisión. Me parece que el pobre alcalde se había hecho con dineros del pueblo o algo así, lo que instigó a las masas a ministrar justicia con las propias manos, y pies sobre todo, porque el susodicho fue pateado con gusto mientras yacía caído e indefenso. Creo recordar que hubo juicio y condenados, pero cuál fuera su destino final, no lo podría decir.

 Pero a lo que más recuerda el evento de los americanos, con las debidas distancias, es un episodio que ocurriera a principios de los ochenta y que conmocionó a la nación, llegándose a formar una comisión especial para investigarlo, presidida por el mismísimo Vargas Llosa, algo que fue criticado en su momento. A fin de cuentas, ¿qué lo cualificaba para dicha labor, ignorante del quechua de los indios y de educación occidental, aparte de su honestidad intelectual? Me imagino que a los lectores de España el nombre de Uchuraccay no les dirá nada, salvo que sean peruanistas o muy enterados de la historia reciente de Perú, pero en Perú la tragedia ha alcanzado cotas simbólicas trascendentales. ¿Qué pasó en Uchuraccay? A decir verdad, todavía no se sabe con exactitud y hay varias versiones, pero en pocas palabras ocurrió lo siguiente: como se sabe, los Andes fueron asolados por la actividad terrorista (o guerrillera, si se quiere, sobre todo en dicha zona) de Sendero Luminoso durante los años ochenta y principios de los noventa, hasta la captura de Abimael Guzmán. El año de marras, el 83, llegaron noticias vagas de que habían ocurrido enfrentamientos en la zona de Uchuraccay, un lugar alejado e inhóspito habitado sobre todo por indios quechuahablantes -solo quechuahablantes, para más señas- y se organizó entonces una partida de periodistas de diversos medios desde Ayacucho, la ciudad capital del departamento, para ir a investigar en el terreno qué había pasado, acompañados por un guía. A dicho lugar no llegaba la carretera, por lo que desde cierto punto en la misma había que caminar. Así lo hicieron y partieron con ánimo casi excursionista. Pero no volvieron jamás. Fueron entonces a buscarlos y al final los hallaron, pero muertos a palos y piedras por los indios de la comunidad de Uchuraccay, y enterrados a la diabla en los terrenos de la misma comunidad. No hizo falta mucha presión para que los indios confesaran la masacre, la que habrían llevado a cabo varios de ellos. Meses más tarde se descubrió también la cámara de uno de los reporteros, quien había seguido tomando fotos hasta el último segundo de su vida, y que había soportado el entierro y la humedad lo suficiente como para que se pudieran revelar las fotos y recuperar así una secuencia trágica en la que se veía a varios comuneros, mujeres incluidas, con rostros agresivos imprecando cosas a los periodistas, a los periodistas de rodillas, quizá rogando por sus vidas, y otras escenas confusas que al final no aclararon quiénes habían sido los culpables, pero demostraron que no se trataba de militares o senderistas, como sugerían algunas teorías. Tratándose de periodistas, la prensa reaccionó con comprensible solidaridad y el hecho se difundió a toda la nación, se formó la comisión investigadora, y se llegó a la conclusión de que los indios habían confundido las cámaras con armas y percibido a los forasteros como amenaza. Ya desde antes que la comisión emitiera su veredicto, las voces divergentes se dejaron oír, las más vociferantes aquellas que querían endilgarle el hecho a los militares, de muchas maneras, como incitadores de los indios, como militares disfrazados de indios, como lo que sea, con tal de que fueran culpables. No faltaron quienes acusaron a los senderistas, por supuesto. El caso es que pocos se mostraron contentos con el reporte y las teorías conspiratorias no han desaparecido jamás. El día de su muerte, si no me equivoco, se ha convertido en el día del periodista, y hay quienes siguen exigiendo respuestas a un hecho que reveló, una vez más, la existencia de otro Perú, atávico, empobrecido, estancado en el pasado y heredero de otra cultura muy distinta que la que impera en las ciudades y pueblos con acceso a aquello que llamamos civilización occidental. Un Perú del que siempre hemos sabido poco los blanquiñosos de la costa y de la urbe, y del que sabemos poco aún ahora, treinta años después de la tragedia, y que se rige por otras leyes y otros patrones, ajenos a la normatividad constitucional y legal del resto del país.

 Sería un error, sin embargo, pensar que dicha cultura es heredera directa del afamado y romantizado Imperio de los Incas, pues de aquella cultura queda poco o nada, como no sean el idioma, ciertos hábitos, algunas leyendas, el recuerdo vago de otro universo que se quebró con la llegada de la conquista española. Ésta desestabilizó y desguazó de tal modo la cultura ancestral de los nativos, que lo que resultó después fue una mezcla nueva, hecha con elementos de las antiguas culturas locales e incas y con los elementos que se pudieran asimilar de la cultura vencedora y dominante. Los indios fueron marginados y obligados a una transformación más humillante que innovadora, condenados en general a la pobreza y la discriminación, situación que no se alivió ni siquiera con la llegada de la independencia y que en muchos sentidos continúa hasta hoy. El propio Arguedas, antropólogo de profesión, escritor indigenista y conocedor íntimo del mundo indígena, pudo comprobar que ciertas formas de organización comunal que había estudiado no provenían, como podría suponerse, de las sociedades comunitarias indias, sino de prácticas comunales de la península, traducidas a la realidad peruana y asimiladas tal vez por su similitud o afinidad con las prácticas tradicionales o por simple imposición. Lo que resultó fue una mezcla en estado de carencia desde el inicio, y tendiente al aislamiento y la inestabilidad. No siempre, claro está, pues la capacidad humana para generar culturas complejas y sutiles con elementos poco promisorios es una de esas maravillas que debiéramos agradecer más, pero en general surgieron varias formas de ser peruano, muchas de ellas, como la de los indios de los Andes, condenadas a la marginalidad. El mundo ha cambiado, no obstante, y el acceso de los peruanos a los beneficios de la modernidad se ha extendido mucho, pero como prueba el caso de los americanos chicoteados y golpeados, mal haríamos en pensar que estos cambios se han arraigado ya en toda la nación. No es que pruebe mucho tampoco, porque casos de transgresión o ignorancia de las normas ocurren en toda sociedad, pero al menos debería alertar sobre la persistencia de la marginalidad cultural en un país embarcado en un crecimiento explosivo que no se sabe muy bien adónde lleva. Si en una de las zonas turísticas más importantes de América todavía puede uno encontrarse prisionero de campesinos airados que desdeñan o ignoran la ley y le zurran una paliza, es de preguntarse si el desarrollo económico no debiera orientarse precisamente a evitar cada vez más esta posibilidad. Lo que sospecho, empero, es que pase lo de siempre: se enriquezca el que más tiene y se le den migajas a quien por temor a perderlas te da de chicotazos sin remilgos. O te da de palos hasta la muerte, como en Uchuraccay.

7 pensamientos en “Treinta años no es nada

  1. Joder con el Perú. La historia me ha recordado a aquella película tremenda de Holocausto Canibal, en la que unos occidentales son engullidos, después de horribles torturas, por unos indios amazónicos. La película fue muy controvertida porque, además de contener escenas repugnantes, se sospechó que algunas de las muertes que aparecían eran reales.

    Hablando de bestialidades, me impresionó mucho un documental sobre la matanza cometida por Sendero en Lucanamarca. Las entrevistas con los testigos y supervivientes me permitieron formarme una idea sobre cómo son aquellas gentes y en qué estado de desolación viven.

  2. Hola Frans, muchas gracias por el artículo, un poco macabro pero real, eso es lo malo. Si te descuidas en España puede ocurrir algo parecido, ya ha muerto gente linchada en alguna ocasión. Lo siento por Perú……… Pero hay algo que no entiendo. ¿A qué se puede echar la culpa de estas bestialidades? ¿a la falta de educación? ¿sólo? Yo considero que ser ignorante no tiene por qué conllevar ser asesino, maltratador, etc. Eso ocurrirá si eres gilipollas y más……….. Estas bestialidades suelen ser influencia de las masas, y el anonimato, las masas no tienen cerebro.

    Saludos!

  3. Gracias Frans. Otro artículo estupendo. Da igual que escribas sobre cosas bonitas que sobre cosas terribles, como hoy. Tus artículos se leen como quien bebe un vaso de agua, cuando se tiene sed. Por lo menos, eso me pasa a mí.
    Yo recuerdo dos películas sobre Perú, ni idea del título ni de nada, por el horror que me produjeron. De una sólo recuerdo que dos o más familias, en la más absoluta de las miserias, luchaban de forma bestial por un cerdo. La otra era sobre Sendero Luminoso, y tu artículo me la ha recordado.
    Comparto totalmente tu reflexión: “al menos debería alertar sobre la persistencia de la marginalidad cultural en un país embarcado en un crecimiento explosivo que no se sabe muy bien adónde lleva”.

  4. Después de leer lo de que en India es frecuentísimo violar a mujeres. El último relato es de una pareja de novios que van en un autobus donde había una panda de hombres. Tiraron al novio a la calle, violaron todos ellos a la novia, la dejaron medio muerta de golpes y la tiraron a la calle. Como consecuencia de las protestas públicas, se han retirado los cristales oscuros de los autobuses de policias, pues era frecuente que violaran a mujeres detenidas en esa penumbra. Bueno, pues India es uno de los BRIC. Mucho crecimiento económico, pero poco crecimiento educativo y legal.
    Recuerdo, ya en otra latitud, el famoso crimen de Francia en que una familia inglesa que dormian en una caravana por un camino rural fueron salvajemente asesinados por el propietario del terreno donde se quedaron a dormir.
    El caso de Perú me parece que tiene un componente de venganza de una población olvidada por el gobierno, sin escuela, subsistiendo de lo que consiguen sacar de la tierra y animales. Todo es de un gran aburrimiento. Como me han dicho es muy frecuente no solo en Perú sino en el resto de la suramerica profunda, encerrarse muchas personas en una casa y pasar todo el fin de semana enborrachandose sin mas. No me cabe la menor duda que el alcohol es un componente importante para que una serie de personas se pasen la noche pegando patadas y demás salvajadas a unos forasteros. De hecho, el que tengan escasos visitantes ya les hace sospechar que quieren quitarles algo. Si estos forasteros son de un mundo desconocido para ellos, en su vestimenta, en sus medios cinemáticos y en su habla, tanto mas fácil que ocurra esta salvajada.
    Pero no olvidemos que mucho peor es el caso de Mexico donde, aparte de las matanzas de bandas rivales de narcotraficantes,muchos emigrantes que quieren atravezar el pais son asesinados y en ciudad Juarez aparecen periódicamente jovenes violadas y desfiguradas, también se asesinan músicos y periodistas. Enfin, que arroje la primera piedra el que crea que en su pais no pueden ocurrir cosas tan crueles.

  5. Arias Cañete se queda encerrado en un ascensor con dos sindicalistas
    Con el consejero andaluz del ramo, Luis Planas, y otros políticos en Torremolinos
    ::::
    Bueno gracias a Dios ,esto no ha acabado en una masacre…..Cañete no se ha comido a nadie…..jeje.
    ….
    Gracias Frans por tu magnifico articulo,comparto el comentario de PMQNQ.

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