Trabajos de fin de máster y novelas de detectives

Carlos Hidalgo

 Me encantan las novelas de Raymond Chandler y de Dashiell Hammett. Especialmente las de Hammett, que fue detective de verdad, en la Agencia Pinkerton (aún existe) y que trasladó a la literatura sus experiencias y el estilo descarnado y ágil de sus propios informes. 

Hammett supo reflejar como nadie la naturaleza humana en sus novelas y relatos, especialmente las mil maneras en las cuales le mienten a uno. Sus detectives saben que la primera versión de algo suele ser falsa y escarban en las contradicciones de todas las versiones hasta dar con algo que sea lo más parecido a la verdad posible. 

Los personajes de Hammett mienten casi por costumbre. Muchas veces, ni siquiera porque sepan algo de los hechos investigados, puede ser sólo para intentar sacar ventaja del río revuelto causado por la investigación. 

En el caso del sospechoso máster de Cristina Cifuentes me he acordado de esas novelas y relatos. La Presidenta de la Comunidad de Madrid se contradice a sí misma. También dice cosas que se contradicen con los hechos probados y los documentos publicados por El Diario. La Universidad, a su vez, contradice a Cifuentes, contradice a sus propios reglamentos y hasta contradice a su programa informático, que es exactamente el mismo que usan otras universidades donde no pasan esas cosas. 

Hay cosas que no se pueden desmentir. No se puede desmentir que Cifuentes aparece como no presentada, no se puede desmentir que quien cambió las notas fue una funcionaria, amiga de la presidenta en sus tiempos de la universidad, que estaba en un campus diferente al del máster, que realizó el cambio años después y que tenía en su perfil de WhatsApp una foto donde aparecía posando junto a Cifuentes. 

No se puede desmentir que el día en el que Cifuentes se examinaba era el día en el que se supone que estaba en Delegación del Gobierno, al frente del operativo dispuesto para recibir a la Selección Española. Tampoco que el que compareció como director del máster no lo era cuando se suponía que Cifuentes lo cursaba. No se puede desmentir que uno de los documentos presentados por Cifuentes para probar su inocencia es un documento que se supone que ella no puede tener (es un documento interno de la Universidad que no se entrega a los alumnos). Y es un hecho que ese documento, tal y como Cifuentes se lo ha proporcionado a los medios, está manuscrito y no tiene ningún sello de entrada del registro, ni de validación mecánica. Tampoco se puede discutir que el tribunal ante el que se supone que defendió su proyecto de fin de máster no cumplía los reglamentos de la universidad y que, además, ese día se supone que al menos uno de sus miembros estaba inaugurando los cursos de verano de la Rey Juan Carlos en Aranjuez. 

Ninguna de las versiones que se nos ha dado puede explicar todos estos hechos. Ni la de Cifuentes, ni (lo que es más lamentable) la de la propia Universidad Juan Carlos I. 

Para hacer esto más parecido a un relato detectivesco nos falta una prueba clave: el trabajo de fin de máster. Y ese trabajo, misteriosamente, sigue desaparecido. Por lo que sólo queda esperar una aparición milagrosa y dramática o que siga perdido. 

También es muy extraño que en este caso, donde es posible que se puedan haber cometido dos delitos: prevaricación y falsedad en documento público, no se haya puesto en manos de los tribunales, sino que la Universidad dice querer resolverlo con una investigación interna y “reservada”, a cargo de la Jefa de Inspección de Servicios. 

Uno de los detectives de Hammett leía un cartel en uno de los relatos y, para matar el tiempo, se dedicaba a contar las mentiras que encerraba ese cartel. ¿Qué vería ese detective en el caso de Cifuentes?

4 pensamientos en “Trabajos de fin de máster y novelas de detectives

  1. ¿Qui prodest ? ¿A quién beneficia ? A la Universidad Pública , no. A Cifuentes , tampoco. A una oposición chismosa que como un castellet de gordos se apoyan unos en otros sudando impotencia, tal vez.

    « En el King’s College, para aprobar el máster te exigen que el trabajo sea publicado en una revista de reconocido prestigio» , se quejaba amargamente el otro día un académico, y probablemente también el detective de Hammett, más que nada por matar el tiempo.

  2. También es curioso este nadie haya pensado en que si estos hechos empañan el buen nombre del rey Juan Carlos I o todo lo contrario, a una persona-instiución tan sensible a las personas rubias.

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